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Jesús, como guía y ejemplo de nosotros, enfrentó la tentación con el fin de vencerla

     Jesús, como guía y ejemplo de nosotros, enfrentó la tentación con el fin de vencerla, pero al mismo tiempo para comprendernos cuando somos tentados. Él tenía que caminar la misma senda que nosotros enfrentamos cuando la tentación toca a la puerta, para que pudiéramos sentirnos identificados con un Sumo Sacerdote que nos conoce y se compadece de nuestra condición débil ante la prueba.

     Es por eso que nos relata San Mateo en 4, 1-11, que “Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo”. Las tentaciones que Jesús enfrentó no fueron producto de la casualidad o del descuido, sino del propósito del Padre tanto para su Hijo, como para los que creeríamos en su nombre tiempo después.

     Aunque el relato nos describe tres tentaciones que el diablo presentó a Jesús, es evidente que en realidad fueron muchas más y de muy diferentes tipos; el asunto es que quizá las tres más relevantes fueron descritas por el evangelista. En cada una de estas tentaciones hay diferentes necesidades de Jesús, que son puestas a prueba con las propuestas del diablo, ofreciéndole un camino independiente, obteniendo una solución a ellas pero sin el sometimiento al Padre.

     El tema es muy vasto para analizarse, pero nos concentraremos en las respuestas de Jesús; de hecho nos concentraremos en una parte de las respuestas que el Maestro dio al diablo cuando éste le tentó. Esa parte son las palabras que Jesús repitió por lo menos en tres ocasiones: “Escrito está”.

     Esta manera de responder a Jesús demuestra varias cosas, todas ellas relacionadas con la Palabra de Dios. Veamos tres de ellas a continuación.

     -- Su amor por la Palabra.- Jesús aprendió a amar la Palabra que Dios entrregó a los hombres para que conocieran el corazón del Padre. Desde mucho tiempo atrás Dios se encargó de transmitir a los hombres sus mandamientos, con el fin de vivir de una manera correcta ante Él, para que a través de la obediencia pudieran relacionarse fructíferamente con Dios. En la historia de la humanidad, aquellos que han amado la Palabra de Dios han podido entender los caminos de Dios, y han podido caminar de la mano del Señor cada día de sus vidas. Uno de los pasajes de la Biblia más apropiados para entender esto es Deuteronomio 6, 6-7: “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”. O sea que una manera de mostrar amor a Dios, es amando la Palabra que Él nos entregó.

     -- Su meditación.- Evidentemente leer la Palabra de Dios es el primer paso, pero no el único, ya que se trata de algo en lo que debemos pensar profundamente. Jesús no sólo aprendió la Palabra, sino que pensó en ella detenidamente, paladeando los tesoros escondidos en ella. Esto es similar al proceso de alimentación de una oveja, que no solamente traga, sino que rumia su comida, con el fin de aprovecharla lo mejor posible. En aquellos tiempos existieron personas expertas en la Palabra, pero sin amor a ella, ni al Padre que la había dado; de hecho eran conocidos como fariseos y saduceos, expertos en la Palabra, que podían recitar grandes porciones de memoria, pero sin interés en obedecerla conforme al corazón de Dios.

-- Su aplicación en la vida diaria.- La única manera de que la Palabra nos pueda servir para las decisiones diarias en la vida, es a través de haberla leído y meditado profundamente en ella. Entonces nos podemos dar cuenta de que la Biblia no es un “libro religioso”, sino un “Manual del Fabricante” que nos ayuda a entender quiénes somos, cuál es nuestra razón de estar en esta vida, y la manera de aprender a caminar tomados de la mano de Dios cada día de nuestra vida. Esto fue una realidad en la vida de Jesús, y por eso pudo enfrentar, y vencer, cada tentación, tomando como fundamento la Palabra de Dios, diciendo “Escrito está”. Lo maravilloso es que nosotros podemmos hacer lo mismo.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

 

 

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