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España: los políticos ''contra las cuerdas''
El país ibérico enfrenta una triple crisis: económica, política e institucional. La moción de censura contra Mariano Rajoy difícilmente tendrá efectos más allá de lo simbólico, sin embargo es reflejo de la inestabilidad que acecha a la clase política española
GUADALAJARA, JALISCO (21/jul/2013).- En España, se juega Europa”, comentó un alto dirigente de la Unión Europea hace algunos años. España representa hoy un cóctel que mezcla ingredientes que ponen a prueba cualquier arreglo político: crisis económica, nacionalismos regionales, indignación social, crisis institucional y una clase política sin credibilidad. Todo aquello que pudo sostener con equilibrios muy endebles la Constitución pos-franquista de 1978, se mantiene con hilos muy delgados tras la crisis económica que comienza en 2008. Si bien, España fue para muchos el ícono de una transición exitosa, que sin una revisión histórica de lo sucedido tras las cuatro décadas de incontestable régimen de Francisco Franco, logró poner de acuerdo a esas dos Españas, o mejor dicho, a esas múltiples Españas que coexisten como hermanos que nunca se han identificado con una bandera común ni con símbolos compartidos. Monarquía constitucional o república; centralismo o federalismo; la Constitución del 78 o un nuevo pacto constitutivo, todos estos son debates decimonónicos aún abiertos en la España de hoy.
Es cierto que la crisis que vive España no necesariamente borra los grandes pasos del “milagro español”. Aunque dejó abiertas algunas heridas, los principales centros de poder del Estado lograron ponerse de acuerdo. Como sugiere el economista y politólogo Josep Colomer, la transición española fue un exitoso arreglo entre élites, que ha gozado de alta legitimidad en los últimos 30 años. Sin embargo, tras la severa crisis económica, y los efectos que aún se perciben con intensidad (desempleo, alto déficit, prima de riesgo por las nubes, poco acceso a crédito y afectaciones severas a los servicios públicos), la política resultó la más castigada. Paradójicamente, y por muchos motivos, la crisis financiera o especulativa española terminó arrastrando y “poniendo contra las cuerdas” a los políticos, a una clase política desgastada y con cuotas muy bajas de representatividad. Para el español promedio, la crisis que provocaron los bancos en un contexto de burbuja inmobiliaria, se pudo dar en gran medida por las complicidades de la clase política. Ni siquiera el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el partido de izquierdas en España, fue severo en materia de regulación y control del sistema financiero para impedir que la catástrofe se sintiera en toda su magnitud. Uno a uno, fueron saliendo a la luz pública todas esas tramas de corrupción entre banqueros y políticos que desgastaron aún más la débil imagen de los políticos españoles, también desafiada con los movimientos del llamado “15-M” en las protestas de 2011.
El consenso bipartidista (PSOE-Partido Popular-PP-), que sirvió como escudo del sistema político en la transición de los setentas, ahora luce agotado, sin crédito y sin respuestas para salir de la crisis económica tan profunda que vive España. Las mediciones y las encuestas, marcan una tendencia innegable desde 2010: los partidos nacionalistas y las opciones más radicales en el espectro político encuentran mejor eco entre los electores españoles. Tanto socialistas como populares son percibidos como gobiernos que se han dejado imponer decisiones desde Berlín o Bruselas, que no han sido congruentes entre sus promesas y sus políticas públicas. Por el contrario, a nivel regional, los partidos políticos nacionalistas han logrado capitalizar el descontento de por lo menos dos comunidades autonómicas con históricas reivindicaciones identitarias y ahora se encuentran en espacios de poder inimaginables hace algunos años. En Cataluña, las elecciones de noviembre pasado arrojaron resultados que fortalecieron aún más a las opciones independentistas (Esquerra Republicana, Candidatura de Unidad Popular). Y aunque Convergencia i Unió (partido nacionalista), partido que encabeza la coalición de Gobierno, se debilitó y no obtuvo la mayoría absoluta que Artur Mas pidió al electorado catalán para impulsar un referéndum para convertir a Cataluña en un nuevo Estado de Europa, lo cierto es que los números dejan muy en claro el fortalecimiento del voto nacionalista e independentista. En el País Vasco, algo similar sucede con el Partido Nacionalista Vasco al frente del Gobierno, y Bildu, la opción política de la izquierda nacionalista (abertzale), con fuerte presencia en el Congreso y en decenas de municipios.
Y aunque en el caso del País Vasco, con la pacificación de ETA y algunas señales sobre su posible desarme, la “cuestión nacionalista” no representa problemas para Mariano Rajoy, en Cataluña la polarización no cede terreno. La coalición Convergencia i Unió-Esquerra Republica, han planteado la posibilidad de un referéndum soberanista en 2014. Ante las negaciones constantes de la Moncloa de negociar un nuevo estatuto que permita que Cataluña goce de mayores atribuciones en distintas materias, el camino hacia una posible consulta sigue cimentándose día con día.
La moción de censura
En este marco de incertidumbre, surge la propuesta de la bancada socialista de promover una moción de censura contra Mariano Rajoy. “La moción de censura” en los sistemas parlamentarios de Gobierno, significa forzar la sustitución del primer ministro o jefe de Gobierno, por responsabilidad política. Es un mecanismo ideado en el parlamentarismo para impulsar la rendición de cuentas constante del encargado del Gobierno. Sin embargo, aunque en España se puede promover una moción con la décima parte de los diputados del Congreso, para hacerla efectiva es necesaria una mayoría calificada, y el PP goza actualmente de una mayoría absoluta innegable. La razón detrás de este amago de censura tiene que ver con el Caso Bárcenas y la posible implicación de Rajoy en la trama. El Caso Bárcenas es la entrega de sobrepagos, y la construcción de una contabilidad paralela al interior del PP. Según las investigaciones que tienen al ex tesorero del partido de Rajoy privado de su libertad, Bárcenas ejecutó una nómina de sobresueldos, canonjías y privilegios a hombres de peso al interior del partido de la derecha española. Y aunque Mariano Rajoy había negado cualquier contacto con el inculpado, el hallazgo de algunos mensajes de texto, confirman que el Presidente del Gobierno español estuvo al tanto de ciertos detalles de la trama durante algún tiempo. En este sentido, para la oposición, unida firmemente en este tema, Rajoy debe dar explicaciones a las que se ha negado tras sendos bloqueos para llamarlo a comparar por parte de la bancada de su partido.
Difícilmente la moción de censura tendrá alguna consecuencia institucional, ya sea sustitución o nuevas elecciones. Dentro de los peticionarios, se encuentra desde partidos nacionalistas hasta la izquierda plural encabezada por Izquierda Unida (IU), el centrista UP y D de Rosa Díez, hasta la tampoco muy compacta fracción parlamentaria del PSOE. En este abanico de ideologías y colores partidistas, están desde aquellos que quieren una sustitución, hasta los que quieren nuevas elecciones o incluso los que admiten que sólo quieren obligar a que Rajoy comparezca por el Caso Bárcenas, una trama de la cual ha pasado sin explicar a profundidad. La estrategia de comunicación ha sido clara en ese tema: ni su nombre se menciona. Ninguna de las opciones de sustitución o nuevas elecciones tienen viabilidad en el contexto político e institucional de España. Sin embargo, si hoy hubiera elecciones, el PSOE no ha logrado una recomposición creíble como para ser una alternativa política capaz de ganar unos comicios tras su profunda derrota en 2011 y su debacle en los comicios autonómicos del año pasado. Lo que demuestran estudios como el de Metroscopía, es que nacionalistas y la izquierda más radical, serían los grandes ganadores de las circunstancias políticas de corrupción, desconfianza e indignación que sufre España hoy en día.
Hace tiempo, el geopolitólogo George Friedman, publicó un texto muy controversial donde sostenía que la gran recesión de 2009-2010, tenía consecuencias políticas, aún más graves que las económicas. El crecimiento del radicalismo a nivel europeo es un hecho innegable: el lepenismo en Francia; los Auténticos Finlandeses en Escandinavia; el movimiento de las Cinco Estrellas de Beppe Grillo en Italia o el partido Amanecer Dorado en Grecia. En España, la crisis política no ha llevado a la consolidación de un partido revisionista o radicalidades que pongan en entredicho el papel de España en Europa o un retorno al autoritarismo del pasado. Ha habido una escalada del tono de los nacionalismos, que siempre han estado ahí, producto de la pluralidad de nacionalidades que integran la España de hoy, y de algunos partidos de izquierda más radical como IU, sin embargo no se escuchan las narrativas de xenofobia y demagogia de otras latitudes.
En España se juega mucha de la credibilidad europea. Una España en crisis económica, política e institucional, representa un reto abierto para la construcción de la institucionalidad europea del siglo XXI. Las medidas impuestas desde Bruselas en su encaprichamiento con la reducción del déficit y los recortes a la política social, han tenido como corolario una crisis de credibilidad muy profunda del sistema de partidos y de las instituciones de la transición española. Tomando la cita de Bill Clinton en 1992 durante su debate en la elección presidencial con George W. Bush, “es la economía, estúpido”. En el caso español, bien podríamos decir, sin temor a equivocarnos: “Es la política, estúpido”.
Para saber
Sin explicaciones
v El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, se dirigirá al país y tranquilizará a la opinión pública sobre el caso de presunta corrupción del ex tesorero de su partido, Luis Bárcernas, según dijo ayer el jefe de la diplomacia de España, José Manuel García-Margallo.
vCuestionado en una conferencia de prensa por el conocido como caso Bárcenas y sobre las presiones de la oposición para que Rajoy de explicaciones en el Congreso, García-Margallo aseguró que no hay que tener la menor duda de que el jefe del Gobierno “comparecerá cuando lo considere oportuno y en la forma que crea oportuna para dirigirse a la nación y tranquilizar a la opinión pública”.
Es cierto que la crisis que vive España no necesariamente borra los grandes pasos del “milagro español”. Aunque dejó abiertas algunas heridas, los principales centros de poder del Estado lograron ponerse de acuerdo. Como sugiere el economista y politólogo Josep Colomer, la transición española fue un exitoso arreglo entre élites, que ha gozado de alta legitimidad en los últimos 30 años. Sin embargo, tras la severa crisis económica, y los efectos que aún se perciben con intensidad (desempleo, alto déficit, prima de riesgo por las nubes, poco acceso a crédito y afectaciones severas a los servicios públicos), la política resultó la más castigada. Paradójicamente, y por muchos motivos, la crisis financiera o especulativa española terminó arrastrando y “poniendo contra las cuerdas” a los políticos, a una clase política desgastada y con cuotas muy bajas de representatividad. Para el español promedio, la crisis que provocaron los bancos en un contexto de burbuja inmobiliaria, se pudo dar en gran medida por las complicidades de la clase política. Ni siquiera el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el partido de izquierdas en España, fue severo en materia de regulación y control del sistema financiero para impedir que la catástrofe se sintiera en toda su magnitud. Uno a uno, fueron saliendo a la luz pública todas esas tramas de corrupción entre banqueros y políticos que desgastaron aún más la débil imagen de los políticos españoles, también desafiada con los movimientos del llamado “15-M” en las protestas de 2011.
El consenso bipartidista (PSOE-Partido Popular-PP-), que sirvió como escudo del sistema político en la transición de los setentas, ahora luce agotado, sin crédito y sin respuestas para salir de la crisis económica tan profunda que vive España. Las mediciones y las encuestas, marcan una tendencia innegable desde 2010: los partidos nacionalistas y las opciones más radicales en el espectro político encuentran mejor eco entre los electores españoles. Tanto socialistas como populares son percibidos como gobiernos que se han dejado imponer decisiones desde Berlín o Bruselas, que no han sido congruentes entre sus promesas y sus políticas públicas. Por el contrario, a nivel regional, los partidos políticos nacionalistas han logrado capitalizar el descontento de por lo menos dos comunidades autonómicas con históricas reivindicaciones identitarias y ahora se encuentran en espacios de poder inimaginables hace algunos años. En Cataluña, las elecciones de noviembre pasado arrojaron resultados que fortalecieron aún más a las opciones independentistas (Esquerra Republicana, Candidatura de Unidad Popular). Y aunque Convergencia i Unió (partido nacionalista), partido que encabeza la coalición de Gobierno, se debilitó y no obtuvo la mayoría absoluta que Artur Mas pidió al electorado catalán para impulsar un referéndum para convertir a Cataluña en un nuevo Estado de Europa, lo cierto es que los números dejan muy en claro el fortalecimiento del voto nacionalista e independentista. En el País Vasco, algo similar sucede con el Partido Nacionalista Vasco al frente del Gobierno, y Bildu, la opción política de la izquierda nacionalista (abertzale), con fuerte presencia en el Congreso y en decenas de municipios.
Y aunque en el caso del País Vasco, con la pacificación de ETA y algunas señales sobre su posible desarme, la “cuestión nacionalista” no representa problemas para Mariano Rajoy, en Cataluña la polarización no cede terreno. La coalición Convergencia i Unió-Esquerra Republica, han planteado la posibilidad de un referéndum soberanista en 2014. Ante las negaciones constantes de la Moncloa de negociar un nuevo estatuto que permita que Cataluña goce de mayores atribuciones en distintas materias, el camino hacia una posible consulta sigue cimentándose día con día.
La moción de censura
En este marco de incertidumbre, surge la propuesta de la bancada socialista de promover una moción de censura contra Mariano Rajoy. “La moción de censura” en los sistemas parlamentarios de Gobierno, significa forzar la sustitución del primer ministro o jefe de Gobierno, por responsabilidad política. Es un mecanismo ideado en el parlamentarismo para impulsar la rendición de cuentas constante del encargado del Gobierno. Sin embargo, aunque en España se puede promover una moción con la décima parte de los diputados del Congreso, para hacerla efectiva es necesaria una mayoría calificada, y el PP goza actualmente de una mayoría absoluta innegable. La razón detrás de este amago de censura tiene que ver con el Caso Bárcenas y la posible implicación de Rajoy en la trama. El Caso Bárcenas es la entrega de sobrepagos, y la construcción de una contabilidad paralela al interior del PP. Según las investigaciones que tienen al ex tesorero del partido de Rajoy privado de su libertad, Bárcenas ejecutó una nómina de sobresueldos, canonjías y privilegios a hombres de peso al interior del partido de la derecha española. Y aunque Mariano Rajoy había negado cualquier contacto con el inculpado, el hallazgo de algunos mensajes de texto, confirman que el Presidente del Gobierno español estuvo al tanto de ciertos detalles de la trama durante algún tiempo. En este sentido, para la oposición, unida firmemente en este tema, Rajoy debe dar explicaciones a las que se ha negado tras sendos bloqueos para llamarlo a comparar por parte de la bancada de su partido.
Difícilmente la moción de censura tendrá alguna consecuencia institucional, ya sea sustitución o nuevas elecciones. Dentro de los peticionarios, se encuentra desde partidos nacionalistas hasta la izquierda plural encabezada por Izquierda Unida (IU), el centrista UP y D de Rosa Díez, hasta la tampoco muy compacta fracción parlamentaria del PSOE. En este abanico de ideologías y colores partidistas, están desde aquellos que quieren una sustitución, hasta los que quieren nuevas elecciones o incluso los que admiten que sólo quieren obligar a que Rajoy comparezca por el Caso Bárcenas, una trama de la cual ha pasado sin explicar a profundidad. La estrategia de comunicación ha sido clara en ese tema: ni su nombre se menciona. Ninguna de las opciones de sustitución o nuevas elecciones tienen viabilidad en el contexto político e institucional de España. Sin embargo, si hoy hubiera elecciones, el PSOE no ha logrado una recomposición creíble como para ser una alternativa política capaz de ganar unos comicios tras su profunda derrota en 2011 y su debacle en los comicios autonómicos del año pasado. Lo que demuestran estudios como el de Metroscopía, es que nacionalistas y la izquierda más radical, serían los grandes ganadores de las circunstancias políticas de corrupción, desconfianza e indignación que sufre España hoy en día.
Hace tiempo, el geopolitólogo George Friedman, publicó un texto muy controversial donde sostenía que la gran recesión de 2009-2010, tenía consecuencias políticas, aún más graves que las económicas. El crecimiento del radicalismo a nivel europeo es un hecho innegable: el lepenismo en Francia; los Auténticos Finlandeses en Escandinavia; el movimiento de las Cinco Estrellas de Beppe Grillo en Italia o el partido Amanecer Dorado en Grecia. En España, la crisis política no ha llevado a la consolidación de un partido revisionista o radicalidades que pongan en entredicho el papel de España en Europa o un retorno al autoritarismo del pasado. Ha habido una escalada del tono de los nacionalismos, que siempre han estado ahí, producto de la pluralidad de nacionalidades que integran la España de hoy, y de algunos partidos de izquierda más radical como IU, sin embargo no se escuchan las narrativas de xenofobia y demagogia de otras latitudes.
En España se juega mucha de la credibilidad europea. Una España en crisis económica, política e institucional, representa un reto abierto para la construcción de la institucionalidad europea del siglo XXI. Las medidas impuestas desde Bruselas en su encaprichamiento con la reducción del déficit y los recortes a la política social, han tenido como corolario una crisis de credibilidad muy profunda del sistema de partidos y de las instituciones de la transición española. Tomando la cita de Bill Clinton en 1992 durante su debate en la elección presidencial con George W. Bush, “es la economía, estúpido”. En el caso español, bien podríamos decir, sin temor a equivocarnos: “Es la política, estúpido”.
Para saber
Sin explicaciones
v El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, se dirigirá al país y tranquilizará a la opinión pública sobre el caso de presunta corrupción del ex tesorero de su partido, Luis Bárcernas, según dijo ayer el jefe de la diplomacia de España, José Manuel García-Margallo.
vCuestionado en una conferencia de prensa por el conocido como caso Bárcenas y sobre las presiones de la oposición para que Rajoy de explicaciones en el Congreso, García-Margallo aseguró que no hay que tener la menor duda de que el jefe del Gobierno “comparecerá cuando lo considere oportuno y en la forma que crea oportuna para dirigirse a la nación y tranquilizar a la opinión pública”.