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Entre gigantes de piedra

Paisajes de ensueño se pueden disfrutar en el vasto territorio de Chihuahua

BOCOYNA, CHIHUAHUA (08/ENE/2012).- Un camino de terracería desde Creel nos conduce a un lugar extraño. Me imagino que estoy en alguno de los paisajes de La historia sin fin, entre un ejército de gigantes de piedra emerge del valle. Pero alejados de la ficción esto es real. Bisabirachi o el Valle de los Monjes está habitado por caprichosas formaciones.

A siete kilómetros de Creel, pinos y encinos conviven con enormes monolitos de entre 20 y 30 metros de alto, obra de la erosión de miles de años.

El terreno por el que caminamos tiene forma de nubes, lo que permite nuestro ascenso rápidamente sin importar nuestra condición física. Desde lo alto observo la rareza del paisaje y disfruto de su silencio. Unos dicen que parecen monjes, otros que son dioses, los más ocurrentes aseguran que son falos, lo que sí es verdad es que son impactantes.

Tras la caminata, el encanto del cielo azul y el frío de la mañana nos invita a sentarnos entre las afiladas figuras y admirar su belleza desde otro punto.

Sobre las paredes de roca también se puede practicar el rappel, aunque aún no hay excursiones dedicadas a este tipo de deportes, los aventureros extremos ya lo han realizado.

Espejo de agua en el valle

A unos 10 minutos de Bisabirachi se encuentra el apacible lago Arareko. Este tranquilo lugar rodeado de pinos es refugio de pescadores y mujeres rarámuris que aprovechan su calma para trabajar en las artesanías.

Una caminata sobre la rivera nos conduce hasta una choza equipada con un pequeño muelle, ahí se ofrecen paseos por 50 pesos por persona, en pequeños botes. El recorrido incluye una caminata en el bosque y avistamiento de pájaros carpinteros y pájaros azules. También se puede acampar en un área exclusiva con todos los servicios.

Cascada en la sierra

Llegamos a unas cabañitas llamadas Copper Canyon Sierra Lodge, a casi una hora desde el lago de Arareko. Ahí tres mujeres tarahumaras saciaron nuestro apetito con pollo al horno, chilacas capeadas rellenas de queso y pastel de chocolate.

Ya con la barriga llena, comenzamos la búsqueda de la cascada de Cusárare.

Para llegar a este rinconcito tarahumara, ubicado a cinco kilómetros de la comunidad de Cusárare, caminamos por una vereda panorámica alrededor de la sierra. En la travesía veo mujeres sentadas tejiendo cinturones y pulseritas con las que se ganan la vida.

Luego de 20 minutos de una caminata lenta, escucho el rugir de la cascada, que cada vez se hace más fuerte. Una enorme cortina de agua de 30 metros de ancho y 30 de altura me refresca con su brisa. No nos podíamos quedar con las ganas de llegar al fondo de la cascada y bajar los 420 escalones de concreto. El descenso es sencillo, lo pesado es la subida. La noche está por caer y es hora de despedirnos.

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