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En la Sierra Madre Oriental

Formaciones majestuosas esculpidas naturalmente en el mar y la tierra ahora son ilustradas con toda su belleza y esplendor

GUADALAJARA, JALISCO (22/NOV/2015).- En esta impresionante acuarela, el expresivo pincel de Jorge Monroy nos relata con avidez —y casi con pasión— los sentimientos encontrados que estas montañas hicieron surgir del fondo del alma del espíritu sensible del artista.

Habiendo tenido la suerte de atisbar desde las alturas y con su mirada sutil, las cortantes rocas y los caprichos rotundos de las cumbres de la Sierra Madre Oriental… colores, luces y pinceladas de agua han salido —con expresión y maestría— de su paleta, para contagiarnos en esta página de los sentimientos íntimos de gozo y alegría que suelen suceder al estar frente a la belleza de estas montañas del Norte mexicano.

 Igualmente impresionante es el realizar que hace millones y millones de años, en medio de grandes cataclismos, estas empinadas serranías fueron empujadas desde el fondo del mar, plegándose y cabalgándose unas contra las otras hasta tomar la posición y las alturas en que hoy en día las vemos en caprichosas formaciones.

Estudios concienzudos realizados por los científicos acreditados en la materia, nos hacen saber que, cuando se estaban formando los continentes, todo esto era parte de un impreciso subcontinente llamado Laurasia, en el que los mares penetraban hasta los Grandes Lagos del Norte continental, y las montañas de esta sierra eran apenas unas incipientes “islas” situadas frente a la “península” de Coahuila. Los mares de entonces penetraban hasta los territorios de lo que hoy es el Estado de Chihuahua, y todavía más allá; por eso es que en estos lugares no es difícil encontrar fósiles de plantas y animales marinos que existieron en aquellos tiempos. Los caracoles petrificados que aquí aparecen, fueron encontrados ¡en la cima del cerro de la eme…! (Si alguien pudiera hacernos el favor clasificarlos y comentarlo, se lo agradeceríamos sinceramente).  

Puesto que los movimientos de la Tierra siguieron (y siguen) sucediendo… una gran veta llamada Orogenia Laramide, provocó que se formaran las grandes cordilleras que, comenzando en las Montañas Rocallosas van a terminar en el Eje Volcánico que cruza nuestro país desde Jalisco hasta Veracruz, formando en consecuencia esta gran cadena de montañas llamada Sierra Madre Oriental.

Curiosamente en este sitio, cercano a Monterrey, las montañas tuercen hacia el poniente en una serie de crestas y valles que parecieran haber sido deliberadamente acomodadas una al lado de la otra. Los famosos cerros de La Silla, Las Mitras, Santa Catarina y La Eme (donde fue pintada la acuarela) forman parte de este conjunto.
Las montañas que rodean a la ciudad, son tan firmes como sus habitantes: no dejan dudas que ahí están. Bien plantadas, hirsutas, ásperas, sinceras, verticales, encumbradas, profundas, resecas, sedientas, llamativas, pulcras, impresionantes y amables...

Basta con mirar el cerro de Las Mitras, con sus picos deslavados y orgullosos de su desnudez, que alzan sus crestas tan altivamente que la gente los compara con los ornamentos religiosos.

El cerro de La Silla, emblema indiscutible de estos territorios, nos habla de la “buena monta” que todas estas gentes presumen hacer sobre sus montañas.

Las cumbres en el Sur, parecen venirse encima con las paredes casi verticales de las sierras. Una bien delineada “m” en la cumbre, es el emblema de esta sierra que abandera a las otras siete que vienen más atrás. En su pared Norte, que es la más florida, y pulmón vegetal de Monterrey, encontramos al bien cuidado parque de Chipinque, que vale la pena su visita de todo un día. Buenos hoteles, lugares de descanso y caminatas de primera en la montaña es lo principal. A su lado, el fraccionamiento privado de Olinalá es un paraíso para quienes tienen la fortuna de disfrutarlo.

Detrás de todas estas sierras está el Cañón de la Huasteca, de afiladas y verticales rocas que además de tener unos impresionantes paisajes de lo más extraños y hacer una delicia para los caminantes, algunas de sus rocas son un reto mayor para los escaladores avezados.

La Cortina Rompe Picos, además de la extraña belleza de  su entorno por demás sui géneris, es otro punto de interés metido entre las serranías que vale la pena conocer. Esta cortina es un enorme muro de piedra y concreto dotado de estratégicos orificios, que tiene la finalidad de atenuar los impetuosos caudales que algunos ciclones y tormentas pudieran provocar, aumentando de tal manera el —aparentemente inocente— Río de Santa Catarina, para evitar que llegue a ser un grave peligro para la ciudad.

La Sierra Madre Oriental: una serie de bellezas muy dignas de admirar.

Pedro Fernández Somellera
vya@informador.com.mx

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