Suplementos
En el ombligo de la Tierra
Sótanos profundos y formaciones geológicas para descender a rapel o simplemente para contemplar desde la superficie
GUADALAJARA, JALISCO (14/NOV/2010).- Las cavernas son entradas al inframundo, creían las culturas prehispánicas. Por eso debemos pedir permiso a la Madre Tierra para explorar sus oquedades, como el bello sótano del Popocatl, camino de magia hacia el inframundo.
En medio de la selva se enciende un sahumerio; el humo del copal baña el cuerpo y purifica el alma; cada quien en silencio eleva una oración de agradecimiento (y como remedio para ahuyentar el miedo). Cuando la ceremonia termina y uno se ha armado de valor, espera su turno, el arnés se sujeta bien y, ahora sí, a deslizarse por una cuerda hasta las entrañas de la tierra.
El sótano del Popocatl, en la comunidad de Totomoxapa, en la sierra veracruzana de Zongolica, es un agujero natural, una formación geológica con una profundidad de 90 metros y un diámetro en su boca de 50. Para los expertos en espeleísmo tal vez el descenso no constituya un reto abismal, pero al mirar la cascada que se desborda dentro de este sumidero, saben que ha valido la pena venir.
El descenso se hace a rapel: 30 metros de apoyo en pared, sobre una pendiente de 75 grados, aproximadamente y, luego una caída vertical de 50 metros.
La brisa de la cascada hace de las suyas y antes de tocar fondo no queda una sola parte seca del cuerpo (a los muy friolentos se les sugiere llevar un traje de neopreno). La entrada al inframundo es un repertorio de claroscuros, de luces que se filtran y juegan con el agua a formar arco iris. El equipo se comunica por medio de silbatazos porque el estruendo del agua se impone como la voz cantante.
Sorpresas bajo tierra
Allá abajo se ha formado una poza que en tiempos de lluvias se convierte en un lago. Un río corre a través de una caverna de 800 metros, mismos que se caminan con la ayuda de una linterna y mismos en los que uno puede ver peces ciegos y descoloridos, golondrinas, arañas y hasta serpientes.
El ascenso se hace por el mismo lugar donde se entró. Los guías previamente dan un pequeño curso de ascensión; si la persona no puede hacerlo, lo suben por medio de poleas.
La primera vez que se descendió el sótano del Popocatl fue en los años 70. Los exploradores fueron de origen tejano.
Siglos antes los totonacas veneraban a sus dioses y dejaban ofrendas en estas cavernas (Popocatl es una de ellas) para agradecer y pedir por la buena cosecha. Actualmente, la ceremonia se repite cada primer viernes de marzo en la cueva de Totomoxapa, a muy corta distancia del sótano. La velada, que transcurre entre cantos indígenas y sahumaciones, ha sumado ritos católicos a sus raíces.
¿Cómo llegar?
En auto o en autobús hasta Córdoba u Orizaba, y de ahí hasta la comunidad de Totomoxapa. El tiempo de recorrido es de cuatro horas y media, aproximadamente.
Grado de dificultad
Se camina un kilómetro desde Totomoxapa hasta el sótano. Dentro del Popocatl se camina casi el doble.
El ascenso a rapel lo puede hacer incluso un niño de nueve años.
Se recomienda a personas con una condición física adecuada para poder realizar estas actividades.
¿Cuándo ir?
La mejor temporada es de febrero a mayo cuando no hay lluvias.
Paquete
Dos días que pueden incluir campamento, equipo completo, guía especializado, comida rural, bebidas hidratantes durante la excursión, temascal, sahumación y gastos médicos. La transportación desde Córdoba u Orizaba cuesta 250 pesos. Precio: mil 800 pesos por persona.
Más información:
www.msmexpediciones.com
En medio de la selva se enciende un sahumerio; el humo del copal baña el cuerpo y purifica el alma; cada quien en silencio eleva una oración de agradecimiento (y como remedio para ahuyentar el miedo). Cuando la ceremonia termina y uno se ha armado de valor, espera su turno, el arnés se sujeta bien y, ahora sí, a deslizarse por una cuerda hasta las entrañas de la tierra.
El sótano del Popocatl, en la comunidad de Totomoxapa, en la sierra veracruzana de Zongolica, es un agujero natural, una formación geológica con una profundidad de 90 metros y un diámetro en su boca de 50. Para los expertos en espeleísmo tal vez el descenso no constituya un reto abismal, pero al mirar la cascada que se desborda dentro de este sumidero, saben que ha valido la pena venir.
El descenso se hace a rapel: 30 metros de apoyo en pared, sobre una pendiente de 75 grados, aproximadamente y, luego una caída vertical de 50 metros.
La brisa de la cascada hace de las suyas y antes de tocar fondo no queda una sola parte seca del cuerpo (a los muy friolentos se les sugiere llevar un traje de neopreno). La entrada al inframundo es un repertorio de claroscuros, de luces que se filtran y juegan con el agua a formar arco iris. El equipo se comunica por medio de silbatazos porque el estruendo del agua se impone como la voz cantante.
Sorpresas bajo tierra
Allá abajo se ha formado una poza que en tiempos de lluvias se convierte en un lago. Un río corre a través de una caverna de 800 metros, mismos que se caminan con la ayuda de una linterna y mismos en los que uno puede ver peces ciegos y descoloridos, golondrinas, arañas y hasta serpientes.
El ascenso se hace por el mismo lugar donde se entró. Los guías previamente dan un pequeño curso de ascensión; si la persona no puede hacerlo, lo suben por medio de poleas.
La primera vez que se descendió el sótano del Popocatl fue en los años 70. Los exploradores fueron de origen tejano.
Siglos antes los totonacas veneraban a sus dioses y dejaban ofrendas en estas cavernas (Popocatl es una de ellas) para agradecer y pedir por la buena cosecha. Actualmente, la ceremonia se repite cada primer viernes de marzo en la cueva de Totomoxapa, a muy corta distancia del sótano. La velada, que transcurre entre cantos indígenas y sahumaciones, ha sumado ritos católicos a sus raíces.
¿Cómo llegar?
En auto o en autobús hasta Córdoba u Orizaba, y de ahí hasta la comunidad de Totomoxapa. El tiempo de recorrido es de cuatro horas y media, aproximadamente.
Grado de dificultad
Se camina un kilómetro desde Totomoxapa hasta el sótano. Dentro del Popocatl se camina casi el doble.
El ascenso a rapel lo puede hacer incluso un niño de nueve años.
Se recomienda a personas con una condición física adecuada para poder realizar estas actividades.
¿Cuándo ir?
La mejor temporada es de febrero a mayo cuando no hay lluvias.
Paquete
Dos días que pueden incluir campamento, equipo completo, guía especializado, comida rural, bebidas hidratantes durante la excursión, temascal, sahumación y gastos médicos. La transportación desde Córdoba u Orizaba cuesta 250 pesos. Precio: mil 800 pesos por persona.
Más información:
www.msmexpediciones.com