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En el Valle Sagrado

Rodeado de las altas montañas de los Andes peruanos, el rico y caudaloso Urubamba irriga sus tierras planas y fértiles

GUADALAJARA, JALISCO (20/SEP/2015).- Dada la belleza de este valle, es de comprender que se le reconozca como sagrado… ¡Es la naturaleza viva en todo su esplendor…!  “Dios es la Naturaleza”… ya decía el célebre filósofo Baruch Spinoza (1632-1677) desde hace muchos años.

 Rodeado de las altas montañas de los Andes peruanos, algunas de ellas engalanadas con nieves eternas. El rico y caudaloso Urubamba irrigando sus tierras planas y fértiles. Rodeado por el suave lomerío de las faldas de las montañas, ideales para la siembra de maíz y vegetales en sus ingeniosas terrazas de cultivo escalonadas. Favorecido además por un clima suave y bondadoso que recibe a un sol brillante y esplendoroso, hicieron que los pueblos incas decidieran convertir este valle en su residencia; y al Cuzco en el ombligo del mundo y capital del Tahuantisulllo (su gran imperio dividido en cuatro sullos: distritos).

Del glorioso “Qosqo” (Cuzco) original, solo quedan algunos trozos de los muros de la Qoricancha (palacio) ahora resguardados por cristales en un pequeño museo del sitio, y algunas crónicas relatadas por los monjes, en donde ellos mismos se maravillan de las riquezas y magníficas arquitecturas que ahí existían. Todo lo demás fue vandalizado —hasta su casi total destrucción— por los españoles conquistadores, y por los curas que construyeron sus iglesias sobre los templos de los incas para mostrar su superioridad ante los conquistados. El convento de Santo Domingo (cuya belleza no la  discuto) fue construido sobre el templo de Inti, el dios del sol. La espada y la cruz fueron sus armas de destrucción. (Me viene a la mente la bella Palmira, recientemente destruida en la eterna guerra por los dioses).

Ahora el Cuzco actual es una bonita ciudad de tiempos coloniales, con sus viejas construcciones, de las que en ocasiones sobresale de entre sus muros alguna enorme piedra inca. Sus techos de teja a dos aguas y la bonhomía de su gente, le dan un aire provinciano sumamente agradable. Hay un pequeño hotelito llamado “El Mercado” que es por demás recomendable, típico pero moderno, que está en el centro de la acción.

De aquí de Cuzco es de donde salen los trenes que van hasta el famoso Machu Picchu escondido entre las selváticas montañas escarpadas. El viaje en tren es formidable; sobre todo cuando va corriendo a la orilla del impetuoso río Urubamba, rodeado de impresionantes y verticales picos montañosos que parecen explotar de verdor entre la selva virgen, hasta llegar a la población de Aguascalientes, ya cerca del sitio arqueológico, a donde habrá que llegar en un autobús especializado.

Tres compañías hacen el recorrido en tren: Vistadome muy bueno; Expedition bueno; y el lujoso Hiram Binghman —sensacional y de alto precio— nombrado así en honor al explorador que redescubrió y dio a conocer al mundo los vestigios de aquella impresionante ciudad perdida en la selva.

Al pasar por el Km. 82, el tren hace una breve parada para dejar ahí a los excursionistas que, después de hacer una caminata y acampada de cuatro días por el famoso Camino del Inca, llegarán a la recóndita ciudadela. La caminata es realmente extraordinaria; solo habrá que ir con provisiones de tiempo y energías para gozar del trayecto montañoso por aquel antiquísimo camino.

Después de visitar las pequeñas y singulares poblaciones de “Chinchero” con sus bellos tejidos tan típicos; “Maras” de terrazas circulares de cultivo, admirablemente construidas en los inclinadísimos terrenos; y “Moray”, con sus añejos estanques salineros que colectan el agua impresionantemente salada que escurre desde un delgado río, y desciende de uno a otro estanque, formando un inspirador paisaje en tonos de ocre y blanco (ojo fotógrafos)… La siguiente ciudad incaica que podemos disfrutar es la bella Ollantaytambo.

Ollanta fue un importante jefe; y Tambo se le dice a un lugar de descanso, o sea: el lugar de descanso de Ollanta. Es el único pueblo del Perú que aún conserva en uso y casi intactas sus calles de piedra y sus construcciones incas; buen ejemplo de cómo dividían sus ciudades en qanchas (manzanas), con una sola entrada y un patio principal. El ingreso a la elevada fortaleza se hace por unas empinadas escaleras de piedra hasta llegar al templo de Inti (dios del Sol) con su fachada construida con seis impresionantes monolitos rectangulares de más de 50 toneladas cada uno, bellamente tallados y ajustados entre si. Cabe señalar que todas las piedras de la fortaleza, fueron traídas desde las montañas de Cachicata, ¡ubicadas a 6 Km. y al otro lado del río! ¿Cómo lo hicieron? Habrá que preguntárselo a las cenizas de los documentos quemados por los españoles.
Valle Sagrado es otra valiosa joya de los andes…

                         pfs@telmexmail.com

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