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En busca del flamenco

Una travesía que concluye en el lugar donde habita esta especie, justo donde el río parece adquirir una nueva tonalidad

RÍO LAGARTOS, YUCATÁN (07/AGO/2011).- Al escuchar el motor de la lancha los cangrejos negros se escapan, se refugian entre los mangles. El recorrido es a la orilla de Río Lagartos, Reserva de la Biósfera de Yucatán. La travesía consiste en encontrar un flamenco, aquel que con sólo aletear, pinta el paisaje de rosa.
Todo tiene un por qué y el secreto de su coloración será revelado en este lugar, situado a dos horas y media de Mérida. Los mejores observadores de aves se encuentran en el muelle del pueblo Río Lagartos, ellos son los lancheros, los mejores guías.

Es importante ir, siempre, con los ojos bien abiertos porque en cualquier momento sale de entre los humedales un águila o un cormorán, tan típicos de la zona. Pero hay uno que no se reconoce fácilmente, y su aspecto llama la atención. Se postra en medio de la laguna, sacude el cuerpo delgado y abre sus alas pintas y grisáceas. Su cabeza apenas tiene una que otra plumilla roja. Es el tapacaminos y el guía está por contarnos la leyenda.

Según la historia, él quería ser el rey de las aves, pero el pavo real lo despojó de su plumaje. Mientras concluye la leyenda de aves, la lancha llega a Las Coloradas, ahí donde viven los flamencos.

De junio a agosto se encuentran en periodo de anidación, así que sólo se puede ver a los machos caminando en medio del agua. Es verdad, el paisaje se torna rosado. En grupos de diez flamencos, se van desplazando en busca de artemia, crustáceo que vive en aguas saladas y en Río Lagartos, el mineral abunda hasta formar montículos.

La lancha arranca el motor y las aves levantan el vuelo. Se quedan volando sobre la embarcación, unas siguen el trayecto hasta la salina, donde el agua es también de color rosa y el piso de pura sal, tanta que hasta se recomienda descender descalzos, así es posible recibir una exfoliación natural.

Quienes deciden aceptar la recomendación, podrán pisar un suelo esponjoso y suave. Vuela espuma, en ella van miles de cristalitos de sal. El guía invita a probarlos. Se disuelven enseguida. También hay quienes aprovechan para untar un poco de estos en la cara y limpiarla de toda impureza. Dicen que aquí es como el Mar Muerto, todo aquel que intente nadar, sólo flotará.

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