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Emoción sobre las olas
No es necesario comprar un velero para iniciarse y dominar al mar, basta con tomar clases en algún hotel
GUADALAJARA, JALISCO (27/JUN/2010).- Los chorros de agua de mar se estrellan a presión contra el cuerpo de un instructor que se esfuerza para mantener tranquilo al velero que se mueve como una especie de potro salvaje por el fuerte viento y un mar más picado de lo que normalmente se encuentra en la zona de la Riviera Maya.
Esta es la novatada de un turista que decidió probar suerte por primera vez a bordo de un velero en una de las tantas marinas de hotel que abundan en los principales destinos del país.
El viaje es más emocionante de lo normal, explica el instructor mientras el novato se esfuerza para entender cada uno de los pasos que realiza el que ahora le abre un nuevo mundo a la navegación.
Y es que para utilizar el viento a su favor, la persona o personas que viajan en velero deben estar atentas a su velocidad y fuerza, si hay rachas y qué tan prolongadas, pero sobre todo deberá usar timón y posición de vela con sincronía perfecta, de lo contrario no se podrá sacarle provecho a la situación.
En esta ocasión el velero que se usó es una de los más comunes a nivel mundial para iniciarse (hobie cat 14) porque se trata de un equipo sencillo de manejar, pero muy complejo en su comportamiento, así que no hay excusa para decir que se está perdiendo el tiempo en una de estás típicas atracciones.
La cubierta, por así decir al espacio de tela donde se instalan los pasajeros, puede ser una especie de trampolín o una red. Ambos casos se vuelven incómodos la primera vez que se sube a ellos ya que el cuerpo no se acostumbra a rebotar en un sitio mojado, que vibra y que sólo está separado 40 centímetros del mástil, el espacio disponible para maniobrar sin que la vela te golpee.
Después de 30 minutos los pasos son más controlados, para ese momento el bloqueador se ha ido y la quemada por el sol es inminente, pero la olas ya no provocan temor, mejor aún, se trata de placenteros momentos de saltos.
Cuerdas, estribos, poleas y guías de mando se vuelven familiares, ya no son extraños objetos que pueblan toda la embarcación, ahora se entiende la importancia de ellas y su función.
Una hora de charla teórico-práctica termina con el arribo a la playa, ahora el veloz transporte se vuelve un pesado juguete que descansa en la arena.
Si ya te animaste y quieres encontrar información para iniciarte y convertirte en un profesional, consulta la página: www.hobie-cat.net.
Esta es la novatada de un turista que decidió probar suerte por primera vez a bordo de un velero en una de las tantas marinas de hotel que abundan en los principales destinos del país.
El viaje es más emocionante de lo normal, explica el instructor mientras el novato se esfuerza para entender cada uno de los pasos que realiza el que ahora le abre un nuevo mundo a la navegación.
Y es que para utilizar el viento a su favor, la persona o personas que viajan en velero deben estar atentas a su velocidad y fuerza, si hay rachas y qué tan prolongadas, pero sobre todo deberá usar timón y posición de vela con sincronía perfecta, de lo contrario no se podrá sacarle provecho a la situación.
En esta ocasión el velero que se usó es una de los más comunes a nivel mundial para iniciarse (hobie cat 14) porque se trata de un equipo sencillo de manejar, pero muy complejo en su comportamiento, así que no hay excusa para decir que se está perdiendo el tiempo en una de estás típicas atracciones.
La cubierta, por así decir al espacio de tela donde se instalan los pasajeros, puede ser una especie de trampolín o una red. Ambos casos se vuelven incómodos la primera vez que se sube a ellos ya que el cuerpo no se acostumbra a rebotar en un sitio mojado, que vibra y que sólo está separado 40 centímetros del mástil, el espacio disponible para maniobrar sin que la vela te golpee.
Después de 30 minutos los pasos son más controlados, para ese momento el bloqueador se ha ido y la quemada por el sol es inminente, pero la olas ya no provocan temor, mejor aún, se trata de placenteros momentos de saltos.
Cuerdas, estribos, poleas y guías de mando se vuelven familiares, ya no son extraños objetos que pueblan toda la embarcación, ahora se entiende la importancia de ellas y su función.
Una hora de charla teórico-práctica termina con el arribo a la playa, ahora el veloz transporte se vuelve un pesado juguete que descansa en la arena.
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