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El personaje: Talento de exportación, un compositor tapatío
¿Hay desequilibrio o frustración aunque sea por momentos?
El piano es un instrumento que no tiene vida propia, sin embrago con las manos de José Luis Altamirano se logra una conexión con la que él es capaz de llegar a lo más profundo del ser humano. Su música acaricia el sentido del oído para dar rienda suelta a las emociones más sublimes, incluyendo el amor.
Romántico. Así es como José Luis –el músico- se presenta en una sala de conciertos, en un auditorio, ya sea aquí, en España o en Japón, pero también ante sus amigos, a quienes profesa cariño y lealtad.
Nació en Guadalajara, el 2 de junio de 1974, tapatío 100%, hijo de Luis César e Imelda, que a su vez son originarios de esta ciudad.
Su historia no es larga, pues aún es muy joven, sin embargo, su tiempo en la música lo va consolidando poco a poco como uno de los grandes maestros de la época.
Sus sueños constituyen la base de la visión profesional. De niño ¿soñabas con llegar a donde estás?
“Cuando dices ‘soñabas con llegar a donde estás’, digo, he hecho algunas cosas pero ¿en dónde estoy? Realmente he trabajado y le he apostado a desarrollar el don que Dios me dio para poderlo transmitir con sentimientos hechos música, pero falta tanto por hacer... y qué bueno que falte porque eso me motiva y me prende a seguir queriendo más; queriendo luchar, queriendo trabajar y pasar por crisis, a veces de decir ‘lo que tengo en mi corazón y lo que tengo en mi mente no se está realizando a la misma velocidad de lo que yo quisiera’, sin embargo, trato de dar siempre mi mejor esfuerzo”.
Las intenciones se quedan en eso si no se les pone un poco de acción, José Luis ha sabido inyectarle acción a sus intenciones, y con su deseo le ha puesto la fuerza necesaria para desarrollarse y seguir adelante. “Aquí hay una realidad, la frase que me dijo mi madre me ha ayudado a desarrollarme: ‘Todo lo que pienses que te puede resultar en la vida, házlo’, porque es completamente cierta. Cuando al final del día dices: hice lo correcto, no tiré el tiempo, aproveché cada minuto, me relacioné con las personas correctas”.
El maestro y el ser humano que es, trata siempre de mantener el equilibrio y la armonía, se rodea de “gente buena con la que se puede tener una amistad, procuro tener armonía, vivir tranquilo, estar en paz. Procuro tener conciencia, estar relajado pero al mismo tiempo muy intenso en el hecho de querer ser alguien, para que cuando la gente escuche mi música, conozca no nada más al pianista, sino al ser humano. Todos esos ingredientes los vas recopilando en esencia y se convierten en la energía que se transmite en cada concierto”.
Él es un tapatío que ha crecido y que se coloca en un plano bastante interesante en el panorama mundial y llega a Guadalajara, para volver a la sencillez y a ser uno más, que aunque goza del reconocimiento en otros países en su ciudad natal apenas comienza a sentirse su presencia, lo que le produce ganas de ser más grande: “Escuchar estas frases son cosas que me abren los poros al escucharlas, porque es cierto, el cariño y el reconocimiento te los ganas, esas son las vitaminas que me ayudan a empatar los deseos de mi mente y de mi corazón con los hechos.
Pienso que las cosas se van dando a otro ritmo que mis deseos, pero igual continúo haciendo música, tocando y sintiéndome vivo. Sé que estoy haciendo y dando lo mejor de mí, por estar y hacer lo mejor en cada cosa, esto es lo que me ayuda a tener un equilibrio”.
¿Hay desequilibrio o frustración aunque sea por momentos?
“Sí, llega a haber desesperación, porque quisiera musicalizar varias cosas, tocar en otros lados. El piano juega aquí un papel muy importante porque es un instrumento con el que puedo expresar y transmitir emociones y situaciones a las personas, pero para mí mismo funciona; al estar en el piano con tus dedos puedes sacar toda tu fuerza, toda esa pasión que existe en tu interior y que la misma música te ayuda a equilibrar; en estos momentos los sentimientos se ponen muy intensos, está a veces la desesperación por alcanzar algo, a veces se hace presente el amor, otras el desamor, pero es ahí en donde puedes fluir. En esos momentos pueden salir unas lindas notas para desarrollar un tema”.
Sentarse y disfrutar
La intensidad de su mirada alcanza niveles profundos de contacto, de uno que va más allá de lo físico, pero al mismo tiempo su transparencia se transforma en el reflejo de sus sentimientos, en donde aparecen la nobleza, de ahí sigue la honestidad, con la que él mismo se proyecta en cada una de sus composiciones, pues se confiesa romántico.
“Soy muy romántico. A mí la música romántica me fascina y si yo – en cada interpretación- me estoy llenando de ese romanticismo, de esa pasión, seguro te va a llegar a ti. Yo en ese momento estoy sintiendo esa fuerza que espero siempre sea compartida.
Es como si te digo ¡salud! y te miro a los ojos, el mensaje es directo pues es a ti a quien le hablo; es una fuerza, una energía que estoy mandando al hacer una conexión mucho más espiritual”.
Se dice que la música es el alimento del espíritu y entonces José Luis lo asegura al hablar de esa conexión que da inicio con el contacto visual, de ahí se suman los diferentes sentidos del cuerpo para generar esa conexión con el espíritu y entonces más que disfrutar de un concierto, el espectador forma parte de una experiencia sensorial única.
El diálogo con Dios
La fe es otro de los ingredientes esenciales de su personalidad, reconoce que puede sonar muchas veces más como cristiano que como católico, pero eso es algo a lo que no le da mayor importancia. “Dios es mi equilibrio, especialmente cuando puedo tener alguna desesperación. Tengo muy buena comunicación con él y me gusta sentir su presencia en mi vida. Hablo mucho de Dios porque me encanta, me gusta ir a misa pero también me puedo tomar una botella de tinto o dos, creo que está bien siempre y cuando mantengas una línea de respeto hacia las personas, yo creo que caer en los excesos de cualquier cosa puede ser malo”.
El descubrimiento
La historia del maestro comienza como un juego: “Yo desde chico descubro mi don en un piano de juguete que Dios me había regalado, primero toqué un tema que ya existía, pero ese piano fue la motivación para continuar hasta descubrir mi verdadera vocación”.
Cuenta que desde que era niño ya tenía el espíritu de artista puesto que le gustaba centrar la atención de los demás en él, por ejemplo, si alguien llegaba a casa sacaba sus juguetes nuevos o corría a disfrazarse, hasta que descubrió el piano, instrumento que empata con su personalidad: “Es a través del piano que puedo transmitir las necesidades de mi alma artística”.
Primero el piano de juguete, después la idea era encontrar al maestro y que éste (Edgar Couttolenc) le aceptase como alumno. Para lo cual José Luis tuvo que pasar varias pruebas, y después de conocerlo y aprobarlo, el maestro tenía el tiempo completamente ocupado, sin embargo creyendo en el don de aquel pequeño accedió a darle clases, comenzando con clases a la hora de la comida.
Este maestro se convertiría en una pieza clave en la carrera de Altamirano, pues varios años más tarde sería quien lo motivase a aplicar para tomar el Master de Piano en Budapest, siendo uno de los diez alumnos seleccionados, el único de Latino américa.
Hace 10 años...
Como en la historias de los grandes, podemos contar la de este talento tapatío, en décadas. Está última colmada de sorpresas y emociones.
En diez años ha crecido, ha tenido una evolución notable en sus procesos personales y profesionales, siempre con una visión en su mente y hacia el futuro, de ser mejor.
“Tengo 34 años. A los 24 ya estaba componiendo mi primer tema, antes solamente era intérprete y después vino el segundo y luego el tercero, en esa época la gente me empezó a contratar para sus fiestas y sus eventos, hasta un poquito antes ya pasaba esto- nunca fui de la idea de que si alguien me quería escuchar tuviese que ser únicamente en un concierto, sino yo mismo me iba a encasillar desde un principio, entonces yo casi casi pagaba porque me alquilaran, obviamente cobraba.
A los 17 años decidí que yo quería dedicarme a la música, al piano, y a transmitir las emociones. Entonces ni siquiera sabía que era compositor. Una vez escuché que un joven pianista tenía un tema, lo escuché aquí en Guadalajara, y dije: ‘oye qué bonito ¿por qué yo no?’. Lo que ya había descubierto era la capacidad de improvisar, es decir, estás en un tema y a la mitad juegas con el ritmo, cambias de tono y muchas veces en esas improvisaciones salen notas hermosas que al rato se convierten en un tema. Así descubrí mi esencia como compositor.
Tuve una infancia súper linda, muy armónica con mis hermanos (Andrés e Imelda) y mis papás. Fue muy padre porque me acuerdo de todo desde que tenía tres años de edad: mi primer día de escuela en el kinder, de la primaria”.
Y es precisamente la retención de su memoria lo que le da la capacidad de conservar las notas especiales de sus improvisaciones, materializarlas, como fue en primer lugar en el tema Brisa. “El motivo del tema salió en una tarde, lloviendo, no es sencillo, para escribir un tema tienes que componer primero el motivo; el motivo es lo que te mueve a darle un desarrollo, después viene una introducción, una primera parte, una segunda, regresas a la primera, luego segunda, y cierras.
Yo he compuesto temas en una hora, pero hay otros que en un año o dos no me han quedado, es bien raro, depende en parte de la inspiración.
Entonces de hace 10 años para acá, musicalmente yo creo que he evolucionado porque he practicado más, he compuesto más, he dado más conciertos, he tenido más público, más gente que me conoce”.
Su trabajo de años ha dado frutos, al grado de que sus presentaciones cuentan con un buen nivel de asistencia, aunque al mismo tiempo en la ciudad se realicen partidos de futbol, incluso en los partidos Chivas-América.
“Yo creo que a la gente le gusta ir a las presentaciones porque cuando me ven en el escenario, me desbarato por mi público. Lo valoro mucho, por lo que hago que esa hora y media que ellos se tomaron para ir a escuchar a José Luis Altamirano, valga la pena. Creo que la gente percibe esa entrega de mi parte, porque a la hora que se va desarrollando mi concierto, la gente va captando las emociones de las piezas, pero también dejo que conozcan algo de mí. No solo tocas y agradeces, y vuelves a tocar, en cada presentación pongo algo adicional”.
Alrededor del mundo
José Luis Altamirano es el único pianista mexicano que en 17 días ha tocado en tres diferentes continentes. “Este año ha estado súper movido, he estado muy contento por la forma en que se han dado las cosas. He cosechado algunas cosas que ya había sembrado desde antes, hay que cosechar pero no hay que dejar de sembrar.
Este año rompí un récord en mi carrera -nunca lo había hecho- toqué en tres continentes en 17 días. Toqué en España, México y Japón.
En España hice un tour de promoción y presenté mi libro en Madrid y luego fui a dar un concierto en Salamanca, después otro concierto en León; al día siguiente que regresé, di un concierto aquí. Estos tres conciertos fueron organizados con publicidad y boletos, nada fue improvisado, fueron conciertos bien planeados.
Tengo el concierto aquí en Guadalajara y a la semana siguiente me fui a Japón y toqué para la familia real ¡fue increíble! nunca le había dicho a nadie ‘su alteza’. Dos conciertos para la familia real de Japón, uno para el hermano de El Emperador y para el príncipe heredero. Era un evento muy pequeño del que no se puede tener idea. Allá los saludos son caravanas y si acaso te extienden la mano, pero siempre respetando el protocolo.
Algo inesperado fue el hecho de que el príncipe Hitachi al final de mi presentación hizo el honor de decir unas palabras en español, ¡fue un momento muy emocionante!.
Di seis conciertos en Japón, los dos primeros para la familia real y después di otros en un auditorio, para lo cual me aprendí un pequeño discurso en japonés y en ese momento saqué la bandera de Japón y la puse sobre el piano. Esto trato de hacerlo a cualquier lugar en el que toco, a manera de agradecimiento, y el rito es comprar la bandera en la capital del país que visito, aunque a veces me meto en unos rollos tremendos para conseguirla, pero vale la pena. Estas banderas son los trofeos que me traigo a casa.
Recibí apoyo de la Embajada de México y de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Entre los conciertos, di cuatro para la Embajada de México. Todo esto se dio tras dos giras de promoción que hice a China, en la segunda ocasión que estuve allá fui a Japón a sembrar, me empecé a contactar desde aquí con la Embajada de México en Japón para que me recibieran y aún así pasó más de un año para que esto se lograra.
El 5 de septiembre se hace el lanzamiento del disco con la disquera de Japón, el 2 de octubre me mandan un correo de Japón para informarme que la revista Elle considera a José Luis Altamirano en el top ten de Japón, estoy en el quinto lugar.
En México no tengo disquera, yo soy todo, la empresa el compositor y el promotor, mercadólogo, publicista, de todo”.
Su conexión con el mundo depende de internet y eso funciona a cualquier hora del día por la diferencia horaria que existe en otros países, en donde aplica los pasos de promoción de la siguiente manera: Uno. Cuando pagas por que te escuchen. Dos. Cuando no te pagan, pero no te cuesta. Tres. Cuando la gente ya paga por escucharte.
¿A dónde quisieras llevar tu música? “Quisiera explorar: Egipto, India, un poco más por Europa. El año que entra me voy a la Convención Mundial de Música en Francia, en enero, para lo que ya mandé a hacer la versión de promoción de ‘Historias’ con cuatro tracks promocionales y una portada especial que tiene un marco con una frase que dice ‘Piano para el alma’ en diferentes idiomas: italiano, francés, inglés, alemán, portugués, chino, japonés, hindú, árabe y ruso. Voy a inundar la convención de Altamirano a ver qué tal”.
Por lo pronto vale la pena hacer la invitación para escuchar a este prodigio tapatío el próximo 27 de noviembre en el Ex Convento del Carmen. Y si quiere saber más consulte: www.joseluisaltamirano.com
Frase: “El piano juega aquí un papel muy importante porque es un instrumento con el que puedo expresar y transmitir emociones y situaciones a las personas”.
Destacado: José Luis estudió piano bajo la dirección de Edgar Couttolenc, quien fue – y sigue siendo- una pieza importante en su carrera, fue él quien lo impulsó para tomar la iniciativa y hacer el Master de Piano en Budapest, siendo seleccionado entre cientos de músicos y uno de los diez que fueron aceptados para cursar el master.
Recuadro:
Sus producciones
Inspiración, disco grabado en un concierto en Budapest en 2001.
Historias, grabado y producido en 2004 por él mismo en el estudio The Hit Factory en Nueva York. De este material ya se cuenta con la edición especial del libro, en el que se incluyen las partituras del disco.
por: karelia alba
fotos: alonso Camacho
Romántico. Así es como José Luis –el músico- se presenta en una sala de conciertos, en un auditorio, ya sea aquí, en España o en Japón, pero también ante sus amigos, a quienes profesa cariño y lealtad.
Nació en Guadalajara, el 2 de junio de 1974, tapatío 100%, hijo de Luis César e Imelda, que a su vez son originarios de esta ciudad.
Su historia no es larga, pues aún es muy joven, sin embargo, su tiempo en la música lo va consolidando poco a poco como uno de los grandes maestros de la época.
Sus sueños constituyen la base de la visión profesional. De niño ¿soñabas con llegar a donde estás?
“Cuando dices ‘soñabas con llegar a donde estás’, digo, he hecho algunas cosas pero ¿en dónde estoy? Realmente he trabajado y le he apostado a desarrollar el don que Dios me dio para poderlo transmitir con sentimientos hechos música, pero falta tanto por hacer... y qué bueno que falte porque eso me motiva y me prende a seguir queriendo más; queriendo luchar, queriendo trabajar y pasar por crisis, a veces de decir ‘lo que tengo en mi corazón y lo que tengo en mi mente no se está realizando a la misma velocidad de lo que yo quisiera’, sin embargo, trato de dar siempre mi mejor esfuerzo”.
Las intenciones se quedan en eso si no se les pone un poco de acción, José Luis ha sabido inyectarle acción a sus intenciones, y con su deseo le ha puesto la fuerza necesaria para desarrollarse y seguir adelante. “Aquí hay una realidad, la frase que me dijo mi madre me ha ayudado a desarrollarme: ‘Todo lo que pienses que te puede resultar en la vida, házlo’, porque es completamente cierta. Cuando al final del día dices: hice lo correcto, no tiré el tiempo, aproveché cada minuto, me relacioné con las personas correctas”.
El maestro y el ser humano que es, trata siempre de mantener el equilibrio y la armonía, se rodea de “gente buena con la que se puede tener una amistad, procuro tener armonía, vivir tranquilo, estar en paz. Procuro tener conciencia, estar relajado pero al mismo tiempo muy intenso en el hecho de querer ser alguien, para que cuando la gente escuche mi música, conozca no nada más al pianista, sino al ser humano. Todos esos ingredientes los vas recopilando en esencia y se convierten en la energía que se transmite en cada concierto”.
Él es un tapatío que ha crecido y que se coloca en un plano bastante interesante en el panorama mundial y llega a Guadalajara, para volver a la sencillez y a ser uno más, que aunque goza del reconocimiento en otros países en su ciudad natal apenas comienza a sentirse su presencia, lo que le produce ganas de ser más grande: “Escuchar estas frases son cosas que me abren los poros al escucharlas, porque es cierto, el cariño y el reconocimiento te los ganas, esas son las vitaminas que me ayudan a empatar los deseos de mi mente y de mi corazón con los hechos.
Pienso que las cosas se van dando a otro ritmo que mis deseos, pero igual continúo haciendo música, tocando y sintiéndome vivo. Sé que estoy haciendo y dando lo mejor de mí, por estar y hacer lo mejor en cada cosa, esto es lo que me ayuda a tener un equilibrio”.
¿Hay desequilibrio o frustración aunque sea por momentos?
“Sí, llega a haber desesperación, porque quisiera musicalizar varias cosas, tocar en otros lados. El piano juega aquí un papel muy importante porque es un instrumento con el que puedo expresar y transmitir emociones y situaciones a las personas, pero para mí mismo funciona; al estar en el piano con tus dedos puedes sacar toda tu fuerza, toda esa pasión que existe en tu interior y que la misma música te ayuda a equilibrar; en estos momentos los sentimientos se ponen muy intensos, está a veces la desesperación por alcanzar algo, a veces se hace presente el amor, otras el desamor, pero es ahí en donde puedes fluir. En esos momentos pueden salir unas lindas notas para desarrollar un tema”.
Sentarse y disfrutar
La intensidad de su mirada alcanza niveles profundos de contacto, de uno que va más allá de lo físico, pero al mismo tiempo su transparencia se transforma en el reflejo de sus sentimientos, en donde aparecen la nobleza, de ahí sigue la honestidad, con la que él mismo se proyecta en cada una de sus composiciones, pues se confiesa romántico.
“Soy muy romántico. A mí la música romántica me fascina y si yo – en cada interpretación- me estoy llenando de ese romanticismo, de esa pasión, seguro te va a llegar a ti. Yo en ese momento estoy sintiendo esa fuerza que espero siempre sea compartida.
Es como si te digo ¡salud! y te miro a los ojos, el mensaje es directo pues es a ti a quien le hablo; es una fuerza, una energía que estoy mandando al hacer una conexión mucho más espiritual”.
Se dice que la música es el alimento del espíritu y entonces José Luis lo asegura al hablar de esa conexión que da inicio con el contacto visual, de ahí se suman los diferentes sentidos del cuerpo para generar esa conexión con el espíritu y entonces más que disfrutar de un concierto, el espectador forma parte de una experiencia sensorial única.
El diálogo con Dios
La fe es otro de los ingredientes esenciales de su personalidad, reconoce que puede sonar muchas veces más como cristiano que como católico, pero eso es algo a lo que no le da mayor importancia. “Dios es mi equilibrio, especialmente cuando puedo tener alguna desesperación. Tengo muy buena comunicación con él y me gusta sentir su presencia en mi vida. Hablo mucho de Dios porque me encanta, me gusta ir a misa pero también me puedo tomar una botella de tinto o dos, creo que está bien siempre y cuando mantengas una línea de respeto hacia las personas, yo creo que caer en los excesos de cualquier cosa puede ser malo”.
El descubrimiento
La historia del maestro comienza como un juego: “Yo desde chico descubro mi don en un piano de juguete que Dios me había regalado, primero toqué un tema que ya existía, pero ese piano fue la motivación para continuar hasta descubrir mi verdadera vocación”.
Cuenta que desde que era niño ya tenía el espíritu de artista puesto que le gustaba centrar la atención de los demás en él, por ejemplo, si alguien llegaba a casa sacaba sus juguetes nuevos o corría a disfrazarse, hasta que descubrió el piano, instrumento que empata con su personalidad: “Es a través del piano que puedo transmitir las necesidades de mi alma artística”.
Primero el piano de juguete, después la idea era encontrar al maestro y que éste (Edgar Couttolenc) le aceptase como alumno. Para lo cual José Luis tuvo que pasar varias pruebas, y después de conocerlo y aprobarlo, el maestro tenía el tiempo completamente ocupado, sin embargo creyendo en el don de aquel pequeño accedió a darle clases, comenzando con clases a la hora de la comida.
Este maestro se convertiría en una pieza clave en la carrera de Altamirano, pues varios años más tarde sería quien lo motivase a aplicar para tomar el Master de Piano en Budapest, siendo uno de los diez alumnos seleccionados, el único de Latino américa.
Hace 10 años...
Como en la historias de los grandes, podemos contar la de este talento tapatío, en décadas. Está última colmada de sorpresas y emociones.
En diez años ha crecido, ha tenido una evolución notable en sus procesos personales y profesionales, siempre con una visión en su mente y hacia el futuro, de ser mejor.
“Tengo 34 años. A los 24 ya estaba componiendo mi primer tema, antes solamente era intérprete y después vino el segundo y luego el tercero, en esa época la gente me empezó a contratar para sus fiestas y sus eventos, hasta un poquito antes ya pasaba esto- nunca fui de la idea de que si alguien me quería escuchar tuviese que ser únicamente en un concierto, sino yo mismo me iba a encasillar desde un principio, entonces yo casi casi pagaba porque me alquilaran, obviamente cobraba.
A los 17 años decidí que yo quería dedicarme a la música, al piano, y a transmitir las emociones. Entonces ni siquiera sabía que era compositor. Una vez escuché que un joven pianista tenía un tema, lo escuché aquí en Guadalajara, y dije: ‘oye qué bonito ¿por qué yo no?’. Lo que ya había descubierto era la capacidad de improvisar, es decir, estás en un tema y a la mitad juegas con el ritmo, cambias de tono y muchas veces en esas improvisaciones salen notas hermosas que al rato se convierten en un tema. Así descubrí mi esencia como compositor.
Tuve una infancia súper linda, muy armónica con mis hermanos (Andrés e Imelda) y mis papás. Fue muy padre porque me acuerdo de todo desde que tenía tres años de edad: mi primer día de escuela en el kinder, de la primaria”.
Y es precisamente la retención de su memoria lo que le da la capacidad de conservar las notas especiales de sus improvisaciones, materializarlas, como fue en primer lugar en el tema Brisa. “El motivo del tema salió en una tarde, lloviendo, no es sencillo, para escribir un tema tienes que componer primero el motivo; el motivo es lo que te mueve a darle un desarrollo, después viene una introducción, una primera parte, una segunda, regresas a la primera, luego segunda, y cierras.
Yo he compuesto temas en una hora, pero hay otros que en un año o dos no me han quedado, es bien raro, depende en parte de la inspiración.
Entonces de hace 10 años para acá, musicalmente yo creo que he evolucionado porque he practicado más, he compuesto más, he dado más conciertos, he tenido más público, más gente que me conoce”.
Su trabajo de años ha dado frutos, al grado de que sus presentaciones cuentan con un buen nivel de asistencia, aunque al mismo tiempo en la ciudad se realicen partidos de futbol, incluso en los partidos Chivas-América.
“Yo creo que a la gente le gusta ir a las presentaciones porque cuando me ven en el escenario, me desbarato por mi público. Lo valoro mucho, por lo que hago que esa hora y media que ellos se tomaron para ir a escuchar a José Luis Altamirano, valga la pena. Creo que la gente percibe esa entrega de mi parte, porque a la hora que se va desarrollando mi concierto, la gente va captando las emociones de las piezas, pero también dejo que conozcan algo de mí. No solo tocas y agradeces, y vuelves a tocar, en cada presentación pongo algo adicional”.
Alrededor del mundo
José Luis Altamirano es el único pianista mexicano que en 17 días ha tocado en tres diferentes continentes. “Este año ha estado súper movido, he estado muy contento por la forma en que se han dado las cosas. He cosechado algunas cosas que ya había sembrado desde antes, hay que cosechar pero no hay que dejar de sembrar.
Este año rompí un récord en mi carrera -nunca lo había hecho- toqué en tres continentes en 17 días. Toqué en España, México y Japón.
En España hice un tour de promoción y presenté mi libro en Madrid y luego fui a dar un concierto en Salamanca, después otro concierto en León; al día siguiente que regresé, di un concierto aquí. Estos tres conciertos fueron organizados con publicidad y boletos, nada fue improvisado, fueron conciertos bien planeados.
Tengo el concierto aquí en Guadalajara y a la semana siguiente me fui a Japón y toqué para la familia real ¡fue increíble! nunca le había dicho a nadie ‘su alteza’. Dos conciertos para la familia real de Japón, uno para el hermano de El Emperador y para el príncipe heredero. Era un evento muy pequeño del que no se puede tener idea. Allá los saludos son caravanas y si acaso te extienden la mano, pero siempre respetando el protocolo.
Algo inesperado fue el hecho de que el príncipe Hitachi al final de mi presentación hizo el honor de decir unas palabras en español, ¡fue un momento muy emocionante!.
Di seis conciertos en Japón, los dos primeros para la familia real y después di otros en un auditorio, para lo cual me aprendí un pequeño discurso en japonés y en ese momento saqué la bandera de Japón y la puse sobre el piano. Esto trato de hacerlo a cualquier lugar en el que toco, a manera de agradecimiento, y el rito es comprar la bandera en la capital del país que visito, aunque a veces me meto en unos rollos tremendos para conseguirla, pero vale la pena. Estas banderas son los trofeos que me traigo a casa.
Recibí apoyo de la Embajada de México y de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Entre los conciertos, di cuatro para la Embajada de México. Todo esto se dio tras dos giras de promoción que hice a China, en la segunda ocasión que estuve allá fui a Japón a sembrar, me empecé a contactar desde aquí con la Embajada de México en Japón para que me recibieran y aún así pasó más de un año para que esto se lograra.
El 5 de septiembre se hace el lanzamiento del disco con la disquera de Japón, el 2 de octubre me mandan un correo de Japón para informarme que la revista Elle considera a José Luis Altamirano en el top ten de Japón, estoy en el quinto lugar.
En México no tengo disquera, yo soy todo, la empresa el compositor y el promotor, mercadólogo, publicista, de todo”.
Su conexión con el mundo depende de internet y eso funciona a cualquier hora del día por la diferencia horaria que existe en otros países, en donde aplica los pasos de promoción de la siguiente manera: Uno. Cuando pagas por que te escuchen. Dos. Cuando no te pagan, pero no te cuesta. Tres. Cuando la gente ya paga por escucharte.
¿A dónde quisieras llevar tu música? “Quisiera explorar: Egipto, India, un poco más por Europa. El año que entra me voy a la Convención Mundial de Música en Francia, en enero, para lo que ya mandé a hacer la versión de promoción de ‘Historias’ con cuatro tracks promocionales y una portada especial que tiene un marco con una frase que dice ‘Piano para el alma’ en diferentes idiomas: italiano, francés, inglés, alemán, portugués, chino, japonés, hindú, árabe y ruso. Voy a inundar la convención de Altamirano a ver qué tal”.
Por lo pronto vale la pena hacer la invitación para escuchar a este prodigio tapatío el próximo 27 de noviembre en el Ex Convento del Carmen. Y si quiere saber más consulte: www.joseluisaltamirano.com
Frase: “El piano juega aquí un papel muy importante porque es un instrumento con el que puedo expresar y transmitir emociones y situaciones a las personas”.
Destacado: José Luis estudió piano bajo la dirección de Edgar Couttolenc, quien fue – y sigue siendo- una pieza importante en su carrera, fue él quien lo impulsó para tomar la iniciativa y hacer el Master de Piano en Budapest, siendo seleccionado entre cientos de músicos y uno de los diez que fueron aceptados para cursar el master.
Recuadro:
Sus producciones
Inspiración, disco grabado en un concierto en Budapest en 2001.
Historias, grabado y producido en 2004 por él mismo en el estudio The Hit Factory en Nueva York. De este material ya se cuenta con la edición especial del libro, en el que se incluyen las partituras del disco.
por: karelia alba
fotos: alonso Camacho