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El mágico pulso de la Sierra Occidental

Calidez humana, sabor, tradición y descanso es lo que se gana al visitar este pueblo plagado de magia

SAN SEBASTIÁN, JALISCO (15/ENE/2012).- El olor de la leña que arde bajo un comal de barro a punto de preparar tortillas se escapa por la ventana y avanza por las calles. Para el resto del día, San Sebastián del Oeste queda absolutamente perfumado.

Pero tal aroma natural que cada mañana despierta a este pueblo jalisciense no es el único, de hecho es el primero, el que predomina y el que recibe a los turistas desde que cruzan el señalamiento de bienvenida.

Agave convirtiéndose en raicilla, madera de encino y café preparado a la antigua regalan una experiencia multisensorial que se vive poco a poco, conforme se avanza en el terruño.

Quizá el motivo por el que estos campiranos aromas se concentran y conservan tan bien, es porque San Sebas (como le dicen de cariño) está fincado en pleno corazón de la Sierra Occidental, en medio de frondosas montañas verdes que la cobijan y resguardan.

A cuatro horas de distancia de Guadalajara y a una de Puerto Vallarta (por la carretera libre a Tepic), San Sebastián del Oeste es una opción para quienes buscan alejarse de todo tipo de contaminación y hostilidad de la ciudad, pues aquí el único sonido constante es del río que lleva su cristalina agua a través de las calles y banquetas del pueblo, cuando éstas se atraviesan en su cauce.

Como en casa

Al llegar y observar a San Sebas, el itinerario previamente armado alrededor de sus atractivos puede venirse abajo con facilidad; cambiarlo por una simple caminata a lo largo de sus empedrados caminos resulta sorprendente. Las casas, los negocios o las fábricas (o todo en uno, como suele suceder) son el principal atractivo turístico por encima de cualquier recomendación.

Y es que si bien el Templo de San Sebastián (que data del siglo XVIII y lo edificaron frailes agustinos), el museo Hacienda San José (que explotó la minería de plata) o  el Cerro de la Bufa  (mirador que ofrece una vista panorámica de San Sebastián y de la majestuosa sierra) son los principales emblemas del municipio y los atractivos de cajón, nada como un paseo cuesta arriba y, después, un recorrido por los callejones del lugar.

A la entrada está La Quinta, una vieja casa-fábrica-negocio donde se vende café cosechado ahí mismo, en cinco hectáreas de huerto que fungen como el patio de la vivienda, y que es limpiado, procesado, preparado y vendido por la familia Sánchez Alvarado.

A principios del siglo XIX, La Quinta era la hacienda del señor Joaquín, el poderoso dueño de las 42 minas del pueblo (que entonces era la actividad primaria de la población y casi terminó cuando llegó la Revolución), donde los sembradíos de cafetal eran cosechados por la servidumbre para hacerle café exclusivamente a él. Luego murió, y más tarde el café comenzó a comercializarse.

“Le digo a mi esposo que metamos máquinas que lo limpien (el grano de café), pero él dice que no,  que le quita lo artesanal”, cuenta la dueña del negocio familiar mientras deja de envolver guayabates para mostrar el cuarto donde sus hijas se encargan de dejar bien limpio el grano de café.

Café con chocolate, americano y expresso es la variedad que ofrece, así como algunos dulces tradicionales hechos a mano, naturales y sin procesos químicos en esa ex hacienda llena de historia que recibe al visitante con un impacto de aroma a café recién molido.

Seguir la caminata hacia al centro o la plaza regala una vista retrospectiva de las viviendas con cerrojos antiguos y cercos de madera que llevan al taller y platería del señor Jesús Leonel y familia.

Un joven a las afueras de este pequeño negocio despierta la curiosidad de todo turista pues se encuentra fundiendo unos gramos de plata a mil grados centígrados, hasta volver el metal de un color rojo incandescente. Es uno de los dos hijos de don Jesús que se dedican a la joyería, atractivo por la oportunidad que tiene el visitante de conocer la plata en bruto y el proceso que la convierte en un anillo, aretes o un fino collar.

Cabe precisar que la plata que utiliza para su artesanía no es extraída de las pocas minas del pueblo aún en funcionamiento, pues la que se extrae de éstas es enviada a Irapuato para ser tratada y limpiada. Por lo tanto, su materia prima es traída de Guadalajara, que ya trabajada y convertida en joyas encanta a los extranjeros, principalmente de Estados Unidos y Canadá que todos los días y a todas horas se pasean en San Sebastián.

Para degustar


Dado que se cultiva el maíz, la especialidad culinaria de la casa es la comida mexicana con el sabor del pueblo. Mole, pozole blanco, gorditas y enchiladas versión San Sebas preparadas en Comedor La Lupita y Eva María son las delicias que todo paladar desea disfrutar con frecuencia.

Para beber no puede faltar el café orgánico cosechado allí mismo, ponche de faisán (una fruta de la región) y la raicilla, una bebida alcohólica destilada de agave que en un proceso de 15 días –desde que la piña de la planta se cuece hasta que la bebida lista se almacena– se pone a disposición del pueblo y de ciertos poblados de la región Occidente del Estado.

Conocer San Sebastián del Oeste por unas horas o por unos días resulta igualmente oxigenante, un contacto con encinos de la sierra, agua cristalina cruzando las calles, el suelo desnudo y actividades a la usanza de los antepasados, así como con su hospitalaria y cálida gente, renueva la mente y la energía al regresar a la ciudad.

Violeta Meléndez

TOMA NOTA
De fiesta

El pueblo está de manteles largos porque la fiesta de San Sebastián es este 20 de enero. Acostumbran un novenario de rosarios y misas de seis de la mañana, donde una réplica de la imagen del santo visita diario una casa diferente, y el día 20 una fiesta comunal toma las calles del pueblo.

Para saber:

San Sebastián del Oeste es el nuevo Pueblo Mágico de Jalisco, denominado como tal el pasado 8 de diciembre, de manera que ya se suma a la lista de municipios ricos en cultura y tradición como Tapalpa, Mazamitla y Tequila.

El dato:

Cuando la minería era la principal actividad económica del pueblo (desde finales del siglo XVIII) había una población de 30 mil personas. Pero la Revolución orilló a cerrar las minas y trajo el éxodo a San Sebastián, de manera que ahora se calculan alrededor de cinco mil habitantes.

Dónde pasar la noche:
El pabellón mexicano

Desde 600 pesos
11 habitaciones
Tel: (322)  297-0200

Hacienda Jalisco

Desde mil 100 pesos
Cinco habitaciones
Tel: (322)  222-9638


Qué llevar:


Ropa cómoda

Suéter ligero

Tenis o botas antiderrapantes

Linterna (para observar los huecos

en la sierra propios de las minas)

Agua

¡Ganas de admirar la naturaleza y aprender nuevas historias!

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