Es innegable que las plastas de concreto, áridas y desoladas nos están rodeando. Los techos están siendo auténticos comales en el verano, e inhóspitas hieleras en el invierno. Placas duras que repelen a las nubes y que colectan lluvias ácidas que van a contaminar ríos y mares. Espacios que habiendo sido construidos a altos costos, son yermos e inhabitables, abrigo de instalaciones mal diseñadas y bodegas de triques indeseables.Muy grata fue la impresión que tuvimos el día que, dirigiéndonos a excursionar por las rocas de El Diente, vimos una serie de casas armónicamente distribuidas entre las barrancas y desniveles del terreno, y que tenían… ¡jardines en las azoteas!Acababa de leer algunos artículos en revistas de arquitectura, en donde se hablaba sobre ese tema: pensé que ojalá que un día se pudiera hacer algo así en nuestra ciudad. Grata sorpresa fue encontrar –aquí mismo y ya realizado– lo que en las revistas vanguardistas había leído.Yolanda Michel, joven y talentosa proyectista egresada del ITESO, había sido quien, afrontando los riesgos que supone hacer un proyecto innovador, valientemente decidió que en aquel conjunto habitacional… las azoteas debían de florecer.Las sobrias proporciones de los muros blancos, contrastando con el verdor de las plantas en techos y andadores, hacían notar que la naturaleza era el tema primordial en la arquitectura del lugar. Parecía como si las construcciones fueran “una mera casualidad” imbricada entre barrancas y lomeríos.“¿Cómo se animaron a introducir el innovador concepto de ‘techos verdes’ en un proyecto de casas destinadas a la venta?”, le pregunté a Yolanda, quien por suerte estaba en la entrada del conjunto mientras daba indicaciones a su personal.“Muy sencillo”, nos contestó con seguridad. “La idea fue crear zonas jardinadas en las azoteas, para recuperar las áreas que una vez fueron verdes, y de las que dispusimos para construir los edificios.“No es una idea ilusa ni novedosa –enfatizaba–, en muchas partes del mundo ya se está haciendo con éxito. ¿Costosas? Sí, un poco a término inmediato. ¿Benéficas? Ni dudarlo. Pero como todo en esta vida: queremos una gran chequera o bienestar en el vivir”, nos decía sonriente.“Oye Yola; y… ¿cómo se construye?”.“Mira –nos explicaba–, primero hay que poner la tradicional capa aislante sobre el techo de concreto, misma que al estar aislada de los rayos solares durará casi eternamente. Sobre ella viene una membrana impermeable para aislar la ‘parte viva’ de la construcción misma.“Otra fina capa sobre ella impedirá que las raíces vayan más allá de lo permitido. Empaques de cartón de huevo, servirán para almacenar un poco de agua de reserva. Más arriba, una malla sostendrá la tierra vegetal rica en nutrientes, mezclada con algún material poroso para aligerarla y así… la naturaleza vivirá a sus anchas”.Dimos gracias a Yolanda; y muy contentos con haber hecho este interesante descubrimiento ecológico, seguimos nuestra excursión hasta las enormes y verticales piedras de El Diente que, con ahínco y dedicación estamos tratando de proteger.