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El bello y altivo Cotopaxi
Los habitantes de Ecuador presumen orgullosos una de sus maravillas naturales
GUADALAJARA, JALISCO (13/JUL/2014).- El Cotopaxi —“Cuello de Luna” en quichua— con sus 5 mil 897 metros, es uno de los volcanes activos más altos del mundo. Su forma cónica casi perfecta y eternamente cubierta de nieve, lo hace estar catalogado como uno de los más bellos edificios volcánicos del mundo.
Su cráter, donde la lava aún está roncando, es perfectamente redondo y despejado de nieve como demostrando su vitalidad aún latente. Un enorme trusco de lava, que dado su tamaño no cayó por la ladera, formó allá arriba cerca de la cumbre una pared vertical que parece ser una gran ventana del gigante
Difícil es describir el espectáculo que causa su presencia: nubes, tormentas, luces, sombras, brillos, rojos, magentas y azules brincan inquietos entre las nubes revoltosas. “Quien no ame las nubes… que no venga a Ecuador” sentencian los nativos.
Amaneceres como para calendario, como este captado al amanecer, suelen surgir de improviso para de súbito desaparecer entre los nubarrones caprichosos, quizás recordándonos que nuestra Madre Tierra está viva y en continuo cambio como todo ser vivo.
¿La Tierra… un ser vivo? Puede que si. Las frecuentes muestras que nos da, y en ocasiones con terribles consecuencias parecen afirmarlo; y prueba de esto es lo que sucedió hace días en Guatemala y Chiapas, al colisionar la Placa de Cocos contra nuestro continente, causando las grandes destrucciones que pudimos constatar.
Los científicos han llegado al consenso de que hace unos 200 millones de años, toda la superficie de la Tierra estaba reunida en un supercontinente llamado Pangea; y que paulatinamente, como si fuera un rompecabezas, se ha ido separando en grandes placas que están a la deriva, chocando o separándose sin cesar las unas de las otras.
El Cotopaxi y 70 volcanes más (aún activos 27 de ellos) surgieron con tremendas explosiones al tiempo que se fue formando la Cordillera de los Andes, al colisionar la Placa de Nazca, que “navega” hacia el oriente, contra el continente americano que, al contrario se va desplazando hacia el poniente.
Grandes cataclismos han sucedido en el curso de millones de años con el hecho de que la Placa de Nazca, tratando de meterse (subducción) bajo el continente, va cavando tanto una gran fosa en el océano, como ocasionando las enormes elevaciones de las montañas que recorren de norte a sur el continente.
Con todos estos movimientos, es lógico que surja “sangre” (lava) de la Tierra, que es la constructora de los temperamentales edificios volcánicos que podemos ver en estas alturas andinas. Von Humboldt llamó a este tramo de intenso vulcanismo en el Ecuador…“La Avenida de los Volcanes”.
El Cotopaxi se encuentra en un lugar (no exagero) verdaderamente bello a tan solo a unos 50 km de la Ciudad de Quito. Desde la Carretera Panamericana habrá que subir unos 30 km por un tortuoso empedrado hasta Machachi en donde, a los 3,490 m de altura encontramos el pequeño Lodge llamado Chilcabamba (se los recomiendo). De ahí, por una brecha se llega al bello lago Limpiopungo ya casi en las faldas del estupendo Cotopaxi (5,897 m). El Sincholagua de 4 mil 987 metros aparece esplendoroso por un lado y no muy lejano. El Rumiñahui de 4,712 por el otro; y el singular “Corazón”, que es un triángulo de piedra negra que parece una pequeña joya tirada entre la hierba de montaña, contrasta con el aserrado e imponente Pasochoa de 4,200 m, que parece enmarcar todo el conjunto que está sazonado con los singulares pastizales de la tundra y el páramo. Los nubarrones pasajeros que ya van, ya vienen revoloteando entre las montañas cambian continuamente las luces y las figuras haciendo un extraordinario y diferente paisaje a cada instante.
Maravillas de la naturaleza que comparto con ustedes
vya@informador.com.mx
TOMA NOTA
¿Dónde dormir?
Informes
> 311-220-0391
> 311-263-0255
Visita: www.newbassaguamilpa.com/index.html
Su cráter, donde la lava aún está roncando, es perfectamente redondo y despejado de nieve como demostrando su vitalidad aún latente. Un enorme trusco de lava, que dado su tamaño no cayó por la ladera, formó allá arriba cerca de la cumbre una pared vertical que parece ser una gran ventana del gigante
Difícil es describir el espectáculo que causa su presencia: nubes, tormentas, luces, sombras, brillos, rojos, magentas y azules brincan inquietos entre las nubes revoltosas. “Quien no ame las nubes… que no venga a Ecuador” sentencian los nativos.
Amaneceres como para calendario, como este captado al amanecer, suelen surgir de improviso para de súbito desaparecer entre los nubarrones caprichosos, quizás recordándonos que nuestra Madre Tierra está viva y en continuo cambio como todo ser vivo.
¿La Tierra… un ser vivo? Puede que si. Las frecuentes muestras que nos da, y en ocasiones con terribles consecuencias parecen afirmarlo; y prueba de esto es lo que sucedió hace días en Guatemala y Chiapas, al colisionar la Placa de Cocos contra nuestro continente, causando las grandes destrucciones que pudimos constatar.
Los científicos han llegado al consenso de que hace unos 200 millones de años, toda la superficie de la Tierra estaba reunida en un supercontinente llamado Pangea; y que paulatinamente, como si fuera un rompecabezas, se ha ido separando en grandes placas que están a la deriva, chocando o separándose sin cesar las unas de las otras.
El Cotopaxi y 70 volcanes más (aún activos 27 de ellos) surgieron con tremendas explosiones al tiempo que se fue formando la Cordillera de los Andes, al colisionar la Placa de Nazca, que “navega” hacia el oriente, contra el continente americano que, al contrario se va desplazando hacia el poniente.
Grandes cataclismos han sucedido en el curso de millones de años con el hecho de que la Placa de Nazca, tratando de meterse (subducción) bajo el continente, va cavando tanto una gran fosa en el océano, como ocasionando las enormes elevaciones de las montañas que recorren de norte a sur el continente.
Con todos estos movimientos, es lógico que surja “sangre” (lava) de la Tierra, que es la constructora de los temperamentales edificios volcánicos que podemos ver en estas alturas andinas. Von Humboldt llamó a este tramo de intenso vulcanismo en el Ecuador…“La Avenida de los Volcanes”.
El Cotopaxi se encuentra en un lugar (no exagero) verdaderamente bello a tan solo a unos 50 km de la Ciudad de Quito. Desde la Carretera Panamericana habrá que subir unos 30 km por un tortuoso empedrado hasta Machachi en donde, a los 3,490 m de altura encontramos el pequeño Lodge llamado Chilcabamba (se los recomiendo). De ahí, por una brecha se llega al bello lago Limpiopungo ya casi en las faldas del estupendo Cotopaxi (5,897 m). El Sincholagua de 4 mil 987 metros aparece esplendoroso por un lado y no muy lejano. El Rumiñahui de 4,712 por el otro; y el singular “Corazón”, que es un triángulo de piedra negra que parece una pequeña joya tirada entre la hierba de montaña, contrasta con el aserrado e imponente Pasochoa de 4,200 m, que parece enmarcar todo el conjunto que está sazonado con los singulares pastizales de la tundra y el páramo. Los nubarrones pasajeros que ya van, ya vienen revoloteando entre las montañas cambian continuamente las luces y las figuras haciendo un extraordinario y diferente paisaje a cada instante.
Maravillas de la naturaleza que comparto con ustedes
vya@informador.com.mx
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