Suplementos
El bautismo de Jesús
Bautizarse está relacionado con el genuino arrepentimiento
Mateo 3 nos describe el momento en el que Jesús se bautizó en las aguas del río Jordán. Durante los meses anteriores, Juan el Bautista había estado predicando a las multitudes de Judea y aún de otros lugares más lejanos, denunciando sus pecados e invitándolos al arrepentimiento. La fórmula era siempre la misma; el profeta los amonestaba, la gente se constreñía por sus pecados, se bautizaban como señal de su arrepentimiento y salían del agua para iniciar una nueva manera de vivir. Cuando algunas de estas personas tenían dudas acerca de cómo deberían manejar su nueva vida, Juan les explicaba más claramente lo que deberían hacer.
De acuerdo al relato del evangelio, mucha gente respondió al mensaje de Juan, tanto gente del pueblo, como soldados, cobradores de impuestos y hasta miembros de la clase alta, dentro de los cuales se encontraban fariseos y maestros de la ley. Para todos era evidente que Juan se presentaba como un profeta de Dios y le temían, aunque sus métodos eran poco convencionales. Como quiera que sea, la gente se bautizaba, invocando el perdón de sus pecados delante de Dios.
Por eso, cuando Jesús acudió al río Jordán y se presentó ante Juan para ser bautizado, su primo inmediatamente se resistió a hacerlo, ya que sabía que Jesús no tenía pecado del cual arrepentirse, y por lo mismo no necesitaba la señal externa del bautizo. En todo caso, era Juan quien debía arrepentirse y, si fuera el caso, ser el bautizado por Jesús; por eso le dice: “Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”.
Esto nos hace ver que el bautizarse está relacionado con el genuino arrepentimiento, la necesidad del perdón de Dios y el deseo de vivir de manera diferente a la pasada, y aunque Jesús no encajaba en ese perfil de ninguna manera, Dios el Padre estableció que se hiciera así, para que Jesús se identificara con la raza humana en todo. Efectivamente, Jesús vivió como uno de nosotros, y fue tentado en la misma manera en que todos lo somos, con la diferencia de que Él nunca cayó en la tentación, como todos los demás lo hemos hecho.
Con todo, su bautismo público fue un acto de identificación con la raza humana, y su decisión por obedecer y agradar a su Padre en todo, por eso no nos sorprende demasiado que cuando Jesús salió del agua, después de haber sido bautizado, el evangelista nos relata que “...se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: ‘Este es mi hijo, el amado, mi predilecto’”.
Aquí vemos al Dios trino manifestándose claramente, es decir, un solo Dios en tres personas: Jesús subiendo del agua, el Espíritu Santo viniendo visiblemente sobre Él en forma de paloma, y la voz del Padre desde el cielo, afirmando que su Hijo estaba haciendo su voluntad en todo, y que eso lo tenía muy complacido.
Dios es un Dios personal, dinámico, que siempre está interactuando con sus hijos que quieren tener comunión con Él . En realidad, lo que sucedía hace dos mil años en la orilla del río Jordán en Israel, no dista mucho de lo que sigue sucediendo en cada rincón de este planeta, ya que cuando un pecador se arrepiente y clama a Dios por el perdón de sus pecados, de alguna manera va a recibir una respuesta clara de parte de Dios, y la oportunidad de comenzar una nueva vida, pero ahora tomado de la mano del que todo lo puede.
Esta puede ser una maravillosa manera de comenzar este 2011: caminando con Él todos los días.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
De acuerdo al relato del evangelio, mucha gente respondió al mensaje de Juan, tanto gente del pueblo, como soldados, cobradores de impuestos y hasta miembros de la clase alta, dentro de los cuales se encontraban fariseos y maestros de la ley. Para todos era evidente que Juan se presentaba como un profeta de Dios y le temían, aunque sus métodos eran poco convencionales. Como quiera que sea, la gente se bautizaba, invocando el perdón de sus pecados delante de Dios.
Por eso, cuando Jesús acudió al río Jordán y se presentó ante Juan para ser bautizado, su primo inmediatamente se resistió a hacerlo, ya que sabía que Jesús no tenía pecado del cual arrepentirse, y por lo mismo no necesitaba la señal externa del bautizo. En todo caso, era Juan quien debía arrepentirse y, si fuera el caso, ser el bautizado por Jesús; por eso le dice: “Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”.
Esto nos hace ver que el bautizarse está relacionado con el genuino arrepentimiento, la necesidad del perdón de Dios y el deseo de vivir de manera diferente a la pasada, y aunque Jesús no encajaba en ese perfil de ninguna manera, Dios el Padre estableció que se hiciera así, para que Jesús se identificara con la raza humana en todo. Efectivamente, Jesús vivió como uno de nosotros, y fue tentado en la misma manera en que todos lo somos, con la diferencia de que Él nunca cayó en la tentación, como todos los demás lo hemos hecho.
Con todo, su bautismo público fue un acto de identificación con la raza humana, y su decisión por obedecer y agradar a su Padre en todo, por eso no nos sorprende demasiado que cuando Jesús salió del agua, después de haber sido bautizado, el evangelista nos relata que “...se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía: ‘Este es mi hijo, el amado, mi predilecto’”.
Aquí vemos al Dios trino manifestándose claramente, es decir, un solo Dios en tres personas: Jesús subiendo del agua, el Espíritu Santo viniendo visiblemente sobre Él en forma de paloma, y la voz del Padre desde el cielo, afirmando que su Hijo estaba haciendo su voluntad en todo, y que eso lo tenía muy complacido.
Dios es un Dios personal, dinámico, que siempre está interactuando con sus hijos que quieren tener comunión con Él . En realidad, lo que sucedía hace dos mil años en la orilla del río Jordán en Israel, no dista mucho de lo que sigue sucediendo en cada rincón de este planeta, ya que cuando un pecador se arrepiente y clama a Dios por el perdón de sus pecados, de alguna manera va a recibir una respuesta clara de parte de Dios, y la oportunidad de comenzar una nueva vida, pero ahora tomado de la mano del que todo lo puede.
Esta puede ser una maravillosa manera de comenzar este 2011: caminando con Él todos los días.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com