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El barrio rockero se pone fino
Ícono de la movida española, Malasaña crece su oferta turística
GUADALAJARA, JALISCO (25/NOV/2012).- Una tarde de verano Giuseppe Zamora paraba a los paseantes de la calle de La Palma con una propuesta inusual. “¿Un retrato? Gratis. ¿Un retrato?”. La galería La Pieza estaba remodelando su fachada, “interviniéndola”, como ellos dicen. Una impresora portátil, un poco de cinta adhesiva y media hora después el artista revestía la pared con un azulejo moderno: un mosaico de caras jóvenes y alegres en blanco y negro: el nuevo rostro de Malasaña.
Lejos de sus días de rebeldía, el barrio madrileño, que se llamó Hospicio en el XIX, por el asilo barrco de Pedro de Ribera (hoy Museo de Historia), y barrio de Maravillas en el XVIII, por las flores que abundaban en sus balcones, lucha por renovar la reputación alternativa que se ganó durante la movida. Y entre boutiques y tiendas de magdalenas, que parecen sacadas de la película Amélie, también surgen propuestas menos comerciales.
Negocio, ocio y cultura se mezclan con frecuencia en Malasaña. “Para el arte contemporáneo es básico que los jóvenes se acerquen”, explica Anto Lloveras de la galería La Pieza, ubicada en la antigua Central Vegetariana, un ícono de la zona. “Hacemos arte sin mediación institucional, gestionada por los propios artistas”, dice. “No inauguramos exposiciones, somos una instalación mutante”. Como el barrio.
Parte de ese cambio se debe a la “gentrificación”, ese proceso que convierte un barrio degradado en el sitio de moda, encareciéndolo. Algunos lo ven como especulación, otros como un positivo lavado de cara. Lo cierto es que el perfil comercial de Malasaña ha cambiado. Las panaderías se convierten en consultorías tecnológicas, las mercerías en tiendas de complementos escandinavos... Y en cafés, librerías y galerías de arte, el barrio noctámbulo y rockanrollero por excelencia ya no pasa el día durmiendo la resaca.
Desayunar compras
Por acuerdo común, Malasaña nace en la plaza del Dos de Mayo, cerca de donde la bordadora Manuela Malasaña murió durante la revuelta napoleónica de 1808. La guapa señorita Malasaña tenía 17 años cuando, camino de su taller, la agredieron unos soldados franceses, según la leyenda. Como llevaba unas tijeras encima, tuvieron la excusa perfecta para ejecutarla por apoyar la sublevación.
Las tijeras se emplean con fines puramente sartoriales en Sin Clon ni Son, que celebra la tradición costurera del barrio en una antigua mercería en la que ahora se venden trajes de verano hechos a medida y los sombreros de jipijapa que se estilan en todas las terrazas. Estas se llenan a partir de las diez de la mañana desde que los vecinos y la policía pusieron fin al botellón masivo hace siete años.
El botellón mañanero es más sano: un batido en Frutal camino a la plaza que se llama Juan Pujol, pero que todo el mundo conoce como “la del Madroño” por un mítico bar de chupitos baratos que allí hubo. Ahora los cócteles, con nombres como Gran Vía (sandía, pomelo y piña), son una opción infinitamente más saludable. Tras la barra, Sergio, con largas rastas, provee fruta, amor y paz a tres euros el vaso.
La Farmacia Juanse, en la misma calle, ostenta los mismos azulejos que cuando abrió en 1892. En uno, una madre suministra láudano, un jarabe calmante con opio, a un crío que seguramente no tenía juguetes tan finos como los que María Blanco, experiodista, ofrece en Iglück (Velarde, 12): triciclos tallados a mano en Holanda, ropa Mi primer vintage traída de Alemania o ranitas de bebé con los colores del Atleti, el Barça o el Madrid tricotados en Toledo.
Porque en Malasaña también hay niños. “Esto es como vivir en un pueblo pequeño, donde todos se conocen”, dice Yuli Perpén, cuya despensa de especias y tés, Spicy Yuli, parece un centro social donde se intercambian recetas, fotos de viajes y donde Yuli da consejos: “El té rojo no se toma con leche, el ajo y el yoga no combinan”. Sal del Himalaya, cilantro molido, mezclas customizadas de té o un clásico, Earl Grey Azul con flores (2,50 euros, 50 gramos). Pese a los 500 bares que contabiliza la asociación vecinal, el barrio llamado Refugio en el XVI, ya no lo es solo para los juerguistas.
Comer libros
Llegada la hora de comer El Cambalache sirve auténticas empanadas con masa importada del Río de la Plata. Surten a los vecinos de pan caliente y especialidades argentinas como pizza rellena o alfajores. El traspaso del local les costó 60 mil euros (cifra mínima para abrir según varios comerciantes sondeados). Y eso que ya conocían la zona, porque la nuera del dueño fabrica desde hace cinco años zapatos a medida en Ioli. Una tienda que atiende toda la familia. Susanna, madre de la zapatera, explica que los diseños “se dialogan, desde los modelos más básicos hasta los más estrambóticos, con tres materiales y tacones de 15 centímetros”. El cuero, siempre español. Tan bueno como la carne, según Susanna, aunque aquí “no la saben cortar tan bien como en Argentina”.
En Malasaña hay una colonia de comida rápida que parece el sueño delirante de un promotor de fiestas Erasmus. En los menús: focaccia, crepes, sushi, hamburguesas,cupcakes (magdalenas de toda la vida)... Pero también hay comida informal de la buena en Ay mi Madre, con menú casero de 7,50 euros, o en La Cocina de mi Vecina (Corredera Alta, 15), que ofrece ñoquis frescos, pollo al curry o pisto manchego para modernos que no pueden ni almorzar sin wifi.
Entre lo más castizo está Casa Fidel, en el centro de cuyo comedor hay una desnuda columna de madera que se destapó adrede durante la restauración del local. La comida transmite esa misma idea de tradición sin lujos. “No puedes ir de Adrià si no sabes’, dice Javier Blasco, el dueño. “Yo elegí a mi socio y chef cuando probé sus huevos fritos”. En las estanterías, botellas de vino a medias, con los nombres de los clientes habituales escritos en la etiqueta.
En Tipos Infames se bebe vino, pero lo que se come son libros. “La idea maridaba bien”, dice Francisco Llorca, uno de los tres socios. Sobre la ubicación, no duda: ‘Tenía que ser aquí. Perdimos la juventud en Malasaña’, dice.
El País
PARA SABER
Las referencias
- La Pieza (La Palma, 15; www.lapiezalapieza.blogspot.com)
- Sin Clon ni Son (Dos de Mayo, 10; www.sinclonnison.com)
- Frutal (San Andrés, 12;http://frutal.info)
- Spicy Yuli (Valverde, 42; www.spicyyuli.com)
- El Cambalache (Espíritu Santo, 28)
- Ioli (Espíritu Santo, 1;www.intelector.com/ioli/)
- Ay mi Madre (La Palma, 41; www.aymimadre.es)
- Casa Fidel (Escorial, 6)
- Tipos Infames (San Joaquín, 3; www.tiposinfames.com)
EL DATO
Los Vuelos
Las opciones de vuelo a Madrid son variadas y los costos oscilan entre 500 y 800 dólares.
Aeroméxico, American Airlines e Iberia son las aerolíneas con el mayor número de ofertas. Varían entre una y tres escalas.
Lejos de sus días de rebeldía, el barrio madrileño, que se llamó Hospicio en el XIX, por el asilo barrco de Pedro de Ribera (hoy Museo de Historia), y barrio de Maravillas en el XVIII, por las flores que abundaban en sus balcones, lucha por renovar la reputación alternativa que se ganó durante la movida. Y entre boutiques y tiendas de magdalenas, que parecen sacadas de la película Amélie, también surgen propuestas menos comerciales.
Negocio, ocio y cultura se mezclan con frecuencia en Malasaña. “Para el arte contemporáneo es básico que los jóvenes se acerquen”, explica Anto Lloveras de la galería La Pieza, ubicada en la antigua Central Vegetariana, un ícono de la zona. “Hacemos arte sin mediación institucional, gestionada por los propios artistas”, dice. “No inauguramos exposiciones, somos una instalación mutante”. Como el barrio.
Parte de ese cambio se debe a la “gentrificación”, ese proceso que convierte un barrio degradado en el sitio de moda, encareciéndolo. Algunos lo ven como especulación, otros como un positivo lavado de cara. Lo cierto es que el perfil comercial de Malasaña ha cambiado. Las panaderías se convierten en consultorías tecnológicas, las mercerías en tiendas de complementos escandinavos... Y en cafés, librerías y galerías de arte, el barrio noctámbulo y rockanrollero por excelencia ya no pasa el día durmiendo la resaca.
Desayunar compras
Por acuerdo común, Malasaña nace en la plaza del Dos de Mayo, cerca de donde la bordadora Manuela Malasaña murió durante la revuelta napoleónica de 1808. La guapa señorita Malasaña tenía 17 años cuando, camino de su taller, la agredieron unos soldados franceses, según la leyenda. Como llevaba unas tijeras encima, tuvieron la excusa perfecta para ejecutarla por apoyar la sublevación.
Las tijeras se emplean con fines puramente sartoriales en Sin Clon ni Son, que celebra la tradición costurera del barrio en una antigua mercería en la que ahora se venden trajes de verano hechos a medida y los sombreros de jipijapa que se estilan en todas las terrazas. Estas se llenan a partir de las diez de la mañana desde que los vecinos y la policía pusieron fin al botellón masivo hace siete años.
El botellón mañanero es más sano: un batido en Frutal camino a la plaza que se llama Juan Pujol, pero que todo el mundo conoce como “la del Madroño” por un mítico bar de chupitos baratos que allí hubo. Ahora los cócteles, con nombres como Gran Vía (sandía, pomelo y piña), son una opción infinitamente más saludable. Tras la barra, Sergio, con largas rastas, provee fruta, amor y paz a tres euros el vaso.
La Farmacia Juanse, en la misma calle, ostenta los mismos azulejos que cuando abrió en 1892. En uno, una madre suministra láudano, un jarabe calmante con opio, a un crío que seguramente no tenía juguetes tan finos como los que María Blanco, experiodista, ofrece en Iglück (Velarde, 12): triciclos tallados a mano en Holanda, ropa Mi primer vintage traída de Alemania o ranitas de bebé con los colores del Atleti, el Barça o el Madrid tricotados en Toledo.
Porque en Malasaña también hay niños. “Esto es como vivir en un pueblo pequeño, donde todos se conocen”, dice Yuli Perpén, cuya despensa de especias y tés, Spicy Yuli, parece un centro social donde se intercambian recetas, fotos de viajes y donde Yuli da consejos: “El té rojo no se toma con leche, el ajo y el yoga no combinan”. Sal del Himalaya, cilantro molido, mezclas customizadas de té o un clásico, Earl Grey Azul con flores (2,50 euros, 50 gramos). Pese a los 500 bares que contabiliza la asociación vecinal, el barrio llamado Refugio en el XVI, ya no lo es solo para los juerguistas.
Comer libros
Llegada la hora de comer El Cambalache sirve auténticas empanadas con masa importada del Río de la Plata. Surten a los vecinos de pan caliente y especialidades argentinas como pizza rellena o alfajores. El traspaso del local les costó 60 mil euros (cifra mínima para abrir según varios comerciantes sondeados). Y eso que ya conocían la zona, porque la nuera del dueño fabrica desde hace cinco años zapatos a medida en Ioli. Una tienda que atiende toda la familia. Susanna, madre de la zapatera, explica que los diseños “se dialogan, desde los modelos más básicos hasta los más estrambóticos, con tres materiales y tacones de 15 centímetros”. El cuero, siempre español. Tan bueno como la carne, según Susanna, aunque aquí “no la saben cortar tan bien como en Argentina”.
En Malasaña hay una colonia de comida rápida que parece el sueño delirante de un promotor de fiestas Erasmus. En los menús: focaccia, crepes, sushi, hamburguesas,cupcakes (magdalenas de toda la vida)... Pero también hay comida informal de la buena en Ay mi Madre, con menú casero de 7,50 euros, o en La Cocina de mi Vecina (Corredera Alta, 15), que ofrece ñoquis frescos, pollo al curry o pisto manchego para modernos que no pueden ni almorzar sin wifi.
Entre lo más castizo está Casa Fidel, en el centro de cuyo comedor hay una desnuda columna de madera que se destapó adrede durante la restauración del local. La comida transmite esa misma idea de tradición sin lujos. “No puedes ir de Adrià si no sabes’, dice Javier Blasco, el dueño. “Yo elegí a mi socio y chef cuando probé sus huevos fritos”. En las estanterías, botellas de vino a medias, con los nombres de los clientes habituales escritos en la etiqueta.
En Tipos Infames se bebe vino, pero lo que se come son libros. “La idea maridaba bien”, dice Francisco Llorca, uno de los tres socios. Sobre la ubicación, no duda: ‘Tenía que ser aquí. Perdimos la juventud en Malasaña’, dice.
El País
PARA SABER
Las referencias
- La Pieza (La Palma, 15; www.lapiezalapieza.blogspot.com)
- Sin Clon ni Son (Dos de Mayo, 10; www.sinclonnison.com)
- Frutal (San Andrés, 12;http://frutal.info)
- Spicy Yuli (Valverde, 42; www.spicyyuli.com)
- El Cambalache (Espíritu Santo, 28)
- Ioli (Espíritu Santo, 1;www.intelector.com/ioli/)
- Ay mi Madre (La Palma, 41; www.aymimadre.es)
- Casa Fidel (Escorial, 6)
- Tipos Infames (San Joaquín, 3; www.tiposinfames.com)
EL DATO
Los Vuelos
Las opciones de vuelo a Madrid son variadas y los costos oscilan entre 500 y 800 dólares.
Aeroméxico, American Airlines e Iberia son las aerolíneas con el mayor número de ofertas. Varían entre una y tres escalas.