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El arte chino también lleva medallas
Por: Eduardo escoto
La semana pasada concluyeron los XXIX Juegos Olímpicos, realizados en Beijing, China, ciudad que se convirtió durante esos días en el foco de atención de la comunidad internacional. En nuestra ciudad, de igual manera que en el resto del país, el seguimiento de este acontecimiento se dio de manera continua, a través de los medios electrónicos principalmente, mismos que -a pesar de su supuesta intención- no supieron aprovechar la ocasión para brindar al público un acercamiento a esta milenaria cultura asiática. El régimen chino busca hoy en día que el reciente repunte económico del país esté acompañando de una serie de éxitos en diferentes campos y, muy particularmente, en lo concerniente al arte, “La escena artística y cultural está cambiando a un ritmo igual de vertiginoso que el que se está dando en las costumbres y las finanzas”, señala el experto en arte Yang Jianzhong. Así, se pueden encontrar hechos significativos, como el referido por publicaciones especializadas acerca de que 40 millones de niños en China toman lecciones de piano y 50 millones hacen lo mismo con el violín. Otro dato: las ventas de pianos alcanzan las 200 mil unidades por año, las más altas del mundo. Esta “fiebre del piano” es un hecho que contrasta enormemente con la anecdótica afirmación del compositor electrónico francés, Jean Michel Jarre, tras su viaje a China en 1979: “Los instrumentos musicales occidentales no habían sido permitidos durante mucho tiempo, tenían sólo dos viejos pianos en toda la ciudad (Beijing)”. Estas restricciones eran consecuencia de la “revolución cultural”, campaña de masas organizada por Mao Zedong en 1966 con el objeto de “acabar con las viejas costumbres, los viejos hábitos, la vieja cultura y los viejos modos de pensar”. Durante aproximadamente 10 años, fueron arrasados monumentos y edificios de valor artístico, destruidas o dañadas diversas obras de arte y suprimidas una gran cantidad de manifestaciones culturales consideradas “decadentes”; se prohibió escuchar, ejecutar o estudiar música clásica occidental, a la vez que los grandes compositores de este género como Beethoven o Schubert, por ejemplo, eran continuamente atacados. De hecho, el gobierno chino levantó la prohibición sobre la ópera apenas en 1998. Pero esta triste situación parece haber generado una especie de interés acrecentado, aunque tardío, por la música clásica occidental. Las figuras de solistas y compositores han comenzado a surgir. Un recuento general podría comenzar con la figura del pianista Yundi Li, quien se convirtió en el año 2000 en el ganador más joven del prestigioso Concurso Chopin de Varsovia. Nacido en 1982, comenzó a estudiar acordeón a los tres años de edad a los siete pasó al piano y comenzó a ganar notoriedad en diferentes concursos regionales y nacionales. Después de su rotundo éxito en el Concurso Chopin, se trasladó a Alemania para estudiar con Arie Vardi. Su repertorio está primordialmente orientado al romanticismo y a sus 26 años ha pisado ya los escenarios del Carnegie Hall en Nueva York y de la Musikverein de Viena, entre otros. Otro caso es el de Lang Lang, pianista nacido también en 1982 y que ya daba de qué hablar en 1995, cuando interpretó los 24 estudios de Chopin en Beijing. Seis años después se presentaba también en el Carnegie Hall y al día de hoy ha actuado con prestigiosas orquestas y directores de todo el mundo. Goza de una popularidad difícil de alcanzar para un pianista clásico, algo que no ha sido muy bien visto en círculos más ortodoxos, pero que le ha llevado, por ejemplo, a contar con un papel protagónico en las actividades de los recién terminados Juegos de Beijing, donde participó en el relevo de la antorcha olímpica y tocó en la ceremonia inaugural. Se debe mencionar también a Hao Jiang Tian, uno de los astros de la Ópera Metropolitana de Nueva York, que nació en 1954; a Muhai Tang (1949), quien dirige actualmente la Orquesta de Cámara de Zurich; y a Yang Liu (1976), considerado el violinista chino más importante de su generación. En el campo de la composición, destaca actualmente la figura de Tan Dun (1957), quien salto a la fama como el ganador del Oscar a la mejor música por su trabajo en la película “El tigre y el dragón”. En su juventud aprendió a tocar instrumentos tradicionales chinos de cuerda, pero no pudo estudiar música formalmente hasta que se reabrió en 1978 el conservatorio central, donde pudo obtener entre miles de aspirantes una de las 30 plazas que se ofrecían para estudiar composición. Allí tuvo como maestro al japonés Toru Takemitsu y comenzó a ganar notoriedad. En 1983 ganó el Premio Weber en Dresden, Alemania, con un cuarteto para cuerdas, composición que reflejaba ya, el carácter distintivo de sus temas: elementos de música occidental pero con un fuerte interés en el sonido tradicional chino, una aleación interesante que, sin embargo, no fue bien vista por el partido comunista chino. Su música de concierto siguió generando reconocimiento y fue así que en 1986 la Universidad de Columbia le beca para continuar su formación. Ahí terminó, además, por forjar su reputación con obras como Elegía: nieve en junio, Orchestral Theatre I: Xun o Muerte y fuego: diálogos con Paul Klee. En 1996 estrena su ópera Marco Polo y en 1977 la Sinfonía 1977: cielo, tierra, humanidad para chelo, coro infantil, antiguas campanas bianzhong y orquesta. La música de Tan Dun está llena de innovaciones, como el uso del agua como elemento percusivo o exclamaciones por parte de los ejecutantes. Su más reciente trabajo es la música que se escuchó en la ceremonia de entrega de medallas en los Juegos Olímpicos de Beijing, para la que empleó de nuevo el sonido de las milenarias campanas bianzhong y piedras de jade que junto a instrumentos tradicionales y orquesta transmiten la incomparable emoción del triunfo deportivo. Chen Qigang (1951) es otro de los compositores chinos destacados. Estudió con Olivier Messiaen, quien llegó a expresarse de su alumno como poseedor de “un talento muy grande y una total asimilación del pensamiento chino bajo conceptos musicales europeos”. Vive actualmente en Francia, donde ha desarrollado principalmente su carrera. Otros compositores dignos de mención son: Cong Su, Qu Xiao-Song, Du Mingxin y Du Yun, por citar algunos. El tiempo dirá si este masivo interés por la cultura musical en China trasciende de manera definitiva y pasa de convertirse en novedad a una realidad consolidada.