Suplementos
El Palo de Ciego
Santiago Hernández y su legado de amor patrio
Santiago Hernández abandona el colegio y se alista como sargento segundo en la división de artillería ligera, donde estuvo cuatro años; abandona entonces el Ejército y se emplea como profesor de dibujo, y se dedica a pintar retratos.
Entonces se inicia en el aprendizaje de la litografía, y cuando la intervención francesa, se encuentra en la Academia Nocturna de Filosofía, y con algunos de sus condiscípulos funda un periódico de ataque contra quienes querían fundar un imperio con un príncipe extranjero, ellos eran: el doctor Francisco Montes de Oca, Roman Figueroa, Carlos Casarín, Constantino Escalante, Antonio Hermosa y otros más. Los periódicos que editaron, sacando a la luz otro cuando el anterior era silenciado por las autoridades, fueron El Espectro, El Perico, La Orquesta, y El Palo Ciego; en ellos se mostró Hernández como genial caricaturista y litógrafo. Otros efímeros periódicos de entonces fueron La Jícara y La Pluma Roja.
El general francés Forey y Saligny, lo mandó perseguir, sintiéndose ridiculizados al máximo en las caricaturas de Hernández, y éste tuvo que huir encontrando refugio al lado de Macario Belle Cisneros, en la compañía inglesa de minas de Pachuca, Hidalgo. Allí se alistó como uno de los colorados de Romero, llamado “El león de las montañas”. Este guerrillero luchó contra los franceses y con él pasó Hernández a Michoacán, hasta que Romero fue aprehendido y fusilado. Hernández reapareció en 1865 como intérprete y primer dibujante de la comisión científica de México en el ramo de arqueología. Al morir su amigo Constantino Escalante, ocupa su lugar como caricaturista de La Orquesta, haciendo sus trabajos dos veces por semana.
Hesiqui Iriarte, también litógrafo e impresor, trabajaba en su compañía y más tarde deciden asociarse ambos para ilustrar libros. En El libro rojo de Don Vicente Riva Palacio, editado en 1870 por Díaz de León White, la portada y 15 litografías son de Hernández y las 23 restantes son de Iriarte. En el año de 1877, aparece El Episcopado Mexicano con los retratos de todos los arzobispos de México, ilustrado por Hernández, aunque editado por los dos socios. En 1874 aparece la Historia del Ferrocarril Mexicano, de Gustavo Baz y F. L. Gallo, y en ella Hernández se revela con las litografías de paisajes de un realismo sorprendente.
En las postrimetrías de su vida fue el caricaturista de El Hijo del Ahuizote, que combatía la perpetuación de Porfirio Díaz en el poder. Santiago Hernández era un viejecito de piocha, igual que los antiguos tipos del imperio. Murió en la Ciudad de México, la madrugada del 8 de julio de 1908, habiendo sido uno de los más sorprendentes y hábiles litógrafos de México
El sábado 14 de marzo de 1863, se publicó el último número de El Palo de Ciego, siendo el número 37 de su segunda época. La primera época publicó 55 números, dejándonos un legado de amor patrio, además, 92 de las más geniales caricaturas que ilustran uno de los periodos también más importantes de nuestra historia.
por: augusto orea marín
Entonces se inicia en el aprendizaje de la litografía, y cuando la intervención francesa, se encuentra en la Academia Nocturna de Filosofía, y con algunos de sus condiscípulos funda un periódico de ataque contra quienes querían fundar un imperio con un príncipe extranjero, ellos eran: el doctor Francisco Montes de Oca, Roman Figueroa, Carlos Casarín, Constantino Escalante, Antonio Hermosa y otros más. Los periódicos que editaron, sacando a la luz otro cuando el anterior era silenciado por las autoridades, fueron El Espectro, El Perico, La Orquesta, y El Palo Ciego; en ellos se mostró Hernández como genial caricaturista y litógrafo. Otros efímeros periódicos de entonces fueron La Jícara y La Pluma Roja.
El general francés Forey y Saligny, lo mandó perseguir, sintiéndose ridiculizados al máximo en las caricaturas de Hernández, y éste tuvo que huir encontrando refugio al lado de Macario Belle Cisneros, en la compañía inglesa de minas de Pachuca, Hidalgo. Allí se alistó como uno de los colorados de Romero, llamado “El león de las montañas”. Este guerrillero luchó contra los franceses y con él pasó Hernández a Michoacán, hasta que Romero fue aprehendido y fusilado. Hernández reapareció en 1865 como intérprete y primer dibujante de la comisión científica de México en el ramo de arqueología. Al morir su amigo Constantino Escalante, ocupa su lugar como caricaturista de La Orquesta, haciendo sus trabajos dos veces por semana.
Hesiqui Iriarte, también litógrafo e impresor, trabajaba en su compañía y más tarde deciden asociarse ambos para ilustrar libros. En El libro rojo de Don Vicente Riva Palacio, editado en 1870 por Díaz de León White, la portada y 15 litografías son de Hernández y las 23 restantes son de Iriarte. En el año de 1877, aparece El Episcopado Mexicano con los retratos de todos los arzobispos de México, ilustrado por Hernández, aunque editado por los dos socios. En 1874 aparece la Historia del Ferrocarril Mexicano, de Gustavo Baz y F. L. Gallo, y en ella Hernández se revela con las litografías de paisajes de un realismo sorprendente.
En las postrimetrías de su vida fue el caricaturista de El Hijo del Ahuizote, que combatía la perpetuación de Porfirio Díaz en el poder. Santiago Hernández era un viejecito de piocha, igual que los antiguos tipos del imperio. Murió en la Ciudad de México, la madrugada del 8 de julio de 1908, habiendo sido uno de los más sorprendentes y hábiles litógrafos de México
El sábado 14 de marzo de 1863, se publicó el último número de El Palo de Ciego, siendo el número 37 de su segunda época. La primera época publicó 55 números, dejándonos un legado de amor patrio, además, 92 de las más geniales caricaturas que ilustran uno de los periodos también más importantes de nuestra historia.
por: augusto orea marín