Suplementos
El Palo de Ciego
Apenas una flor comienza a extender su pétalo hermoso, y es arrebatado por el fuerte vendaval.
Quinta parte
Por: Augusto Orea Marín
En su editorial, El Palo de Ciego protesta enérgicamente y saca uno a uno los trapos sucios del señor O’Donell y, en el último párrafo de su defensa, a Juárez escribe lo siguiente:
“Entre Juárez y nosotros, dice el señor O’Donell, existe un abismo; y esto es cierto, porque no es lo mismo ser enemigo de Luis Napoleón que ser admirador de éste, como lo es el señor O’Donell. Lo que sentimos es que tome el nombre del pueblo español y que el señor O’Donell tenga tan poca modestia que quisiera que toda una nación grande se personifique en su persona que tan lejos está de la hidalguía, nobleza y caballerosidad del bien afamado Conde de Reus”.
El señor O’Donell quedó ante la misiva de Juárez y el editorial de Florentino Mercado.
Como dato curioso, les diré que el señor O’Donell fue quien condenó en España a prisión monarcal a José de Espronceda, de la cual se libró el poeta al conseguir de los frailes que lo custodiaban una carta de buena conducta, con la cual, los frailes a su vez, se libraban del terrible conspirador Espronceda.
Dentro de las incendiarias páginas tuvieron también cabida algunos obituarios que nos dan una clarísima idea del ambiente cultural que se vivía en la capital del país. Cito:
La muerte de Chucho Hermosa
“Se nos ha dirigido la siguiente: Señores Redactores de El Palo de Ciego, anuncien ustedes con el debido sentimiento la temprana muerte de nuestro amigo Chucho Hermosa.
Apenas una flor comienza a extender su pétalo hermoso, y es arrebatado por el fuerte vendaval. Chucho Hermosa comenzaba a descollar entre toda la multa turba de nuestros literatos y oradores, y la fría muerte levantando su terrible guadaña lo ha dejado tendido y sin vida en el glorioso camino que con tanto valor y acierto había escogido. Los numerosos amigos de Jesús Hermosa que concurren asiduamente a las tabaquerías y a las calles de San Francisco y Profesa”.
Es pertinente, señores, hacer dos aclaraciones. La primera, que las tabaquerías de las calles de San Francisco y Profesa eran las tabernas en las que Chucho Hermosa y los amigos que anuncian y lamentan su fallecimiento, bebían hasta quedar como arañas fumigadas.
La segunda aclaración, creo, señores, que para quien lo desconozca será un dato importante: Jesús Hermosa fue geógrafo y escritor de ficción. Fue también nada menos que el autor de del Manual de Geografía y Estadística de la República Mexicana, obra que fue editada en París en el año de 1857. Fue también novelista y se publicaron en Cuba sus obras Natalia y María en 1868, y La isla de los Caballos. Es evidente que Chucho Hermosa no vio esas publicaciones ya que murió en 1863.
Los de El Palo de Ciego, como ya dije líneas atrás, atizaban candela satirizando a conservadores y franceses. Blanco predilecto de su sátira despiadada era el Conde Dubois Saligny, sucesor, como todos lo sabemos, del ministro Gabriac quien fue el protector de la causa conservadora. A Saligny, nuestro enorme caricaturista Santiago Hernández lo dibuja genialmente siempre con cara de borracho, ya que el ministro era famoso por empinar el codo todo el día y la noche.
Respecto a Saligny, entre otros artículos mordaces se publicaban las siguientes cómicas adivinanzas que aparecerán en el número 38 de Tapatío.
Por: Augusto Orea Marín
En su editorial, El Palo de Ciego protesta enérgicamente y saca uno a uno los trapos sucios del señor O’Donell y, en el último párrafo de su defensa, a Juárez escribe lo siguiente:
“Entre Juárez y nosotros, dice el señor O’Donell, existe un abismo; y esto es cierto, porque no es lo mismo ser enemigo de Luis Napoleón que ser admirador de éste, como lo es el señor O’Donell. Lo que sentimos es que tome el nombre del pueblo español y que el señor O’Donell tenga tan poca modestia que quisiera que toda una nación grande se personifique en su persona que tan lejos está de la hidalguía, nobleza y caballerosidad del bien afamado Conde de Reus”.
El señor O’Donell quedó ante la misiva de Juárez y el editorial de Florentino Mercado.
Como dato curioso, les diré que el señor O’Donell fue quien condenó en España a prisión monarcal a José de Espronceda, de la cual se libró el poeta al conseguir de los frailes que lo custodiaban una carta de buena conducta, con la cual, los frailes a su vez, se libraban del terrible conspirador Espronceda.
Dentro de las incendiarias páginas tuvieron también cabida algunos obituarios que nos dan una clarísima idea del ambiente cultural que se vivía en la capital del país. Cito:
La muerte de Chucho Hermosa
“Se nos ha dirigido la siguiente: Señores Redactores de El Palo de Ciego, anuncien ustedes con el debido sentimiento la temprana muerte de nuestro amigo Chucho Hermosa.
Apenas una flor comienza a extender su pétalo hermoso, y es arrebatado por el fuerte vendaval. Chucho Hermosa comenzaba a descollar entre toda la multa turba de nuestros literatos y oradores, y la fría muerte levantando su terrible guadaña lo ha dejado tendido y sin vida en el glorioso camino que con tanto valor y acierto había escogido. Los numerosos amigos de Jesús Hermosa que concurren asiduamente a las tabaquerías y a las calles de San Francisco y Profesa”.
Es pertinente, señores, hacer dos aclaraciones. La primera, que las tabaquerías de las calles de San Francisco y Profesa eran las tabernas en las que Chucho Hermosa y los amigos que anuncian y lamentan su fallecimiento, bebían hasta quedar como arañas fumigadas.
La segunda aclaración, creo, señores, que para quien lo desconozca será un dato importante: Jesús Hermosa fue geógrafo y escritor de ficción. Fue también nada menos que el autor de del Manual de Geografía y Estadística de la República Mexicana, obra que fue editada en París en el año de 1857. Fue también novelista y se publicaron en Cuba sus obras Natalia y María en 1868, y La isla de los Caballos. Es evidente que Chucho Hermosa no vio esas publicaciones ya que murió en 1863.
Los de El Palo de Ciego, como ya dije líneas atrás, atizaban candela satirizando a conservadores y franceses. Blanco predilecto de su sátira despiadada era el Conde Dubois Saligny, sucesor, como todos lo sabemos, del ministro Gabriac quien fue el protector de la causa conservadora. A Saligny, nuestro enorme caricaturista Santiago Hernández lo dibuja genialmente siempre con cara de borracho, ya que el ministro era famoso por empinar el codo todo el día y la noche.
Respecto a Saligny, entre otros artículos mordaces se publicaban las siguientes cómicas adivinanzas que aparecerán en el número 38 de Tapatío.