Suplementos
El Jardín Chico
El ábside del Santuario de Jerez mira al sosegado Jardín Chico, sitio de inolvidables encuentros
GUADALAJARA, JALISCO (01/SEP/2013).- El ábside del Santuario de Jerez mira al sosegado Jardín Chico, sitio de inolvidables encuentros, lugar de recreo, con bancas que animan. Jardín de solitarios, necesitados de una pausa, de un abrir paréntesis. Jardín de enamorados que alimentan y cristalizan ilusiones. Jardín de coyotes, que se camuflan con jugadas engañosas para lograr un buen cierre o conseguir la salida. Al salir del Santuario por la puerta lateral de la calle Aurora, fuimos cautivados por unas hermosas frondas y no dudamos en dirigir nuestros pasos al atractivo verdor. Miramos el ábside, con su ventana circular.
Se llamó Jardín Chico, con relación al grande, o sea, el Jardín Rafael Páez. Posteriormente, debido a la cercanía con el Santuario, se le empezó a llamar, “Jardín del Santuario o de la Soledad”. Luego el jefe político, Julián Brilanti, se preocupó por el cuidado del referido espacio, plantando diversos árboles, siguiendo la traza del Jardín. A finales del siglo XIX, se realizaban tianguis los domingos y entre semana abrían unos puestos de carne. Pasaron bastantes lunas y el Jardín fue nombrado “Brilanti”. Para el centenario de la Independencia, el quiosco de las tradicionales serenatas fue retirado y en su lugar se colocó un monumento al Cura Libertador y se denominó “Jardín Hidalgo”.
Luego de apreciar el ábside, miramos una bonita fuente circular, de cantera y con una copa. Por el lado de la calle Del Reloj, escuchamos el golpetear de fichas de domino, coyotes añejos disfrutaban de la tranquilidad del Jardín, de la sombra de gruesos árboles y de ahorcar mulas. A unos pasos admiramos el Teatro Hinojosa. Después nos adentramos al sensacional espacio verde, delimitado por columnas con almena, que abrazan verjas. Altas columnas con almena dan la bienvenida a los andadores, que convergen con el admirable monumento del Cura de Dolores. Una basa cuadrada sostiene un labrado y alto pedestal redondo, con medias columnas, cornisas, medallones, águilas y volutas, el busto, sereno y expresivo, buena fundición. Ocupamos una banca sombreada para observar el centenario monumento, animado por árboles contemporáneos a la escultura y por floridos jardines, al fondo miramos el vistoso Santuario, con su preciosa cúpula, rematada con veleta y más atrás, los espigados y elaborados campanarios. En la esquina de la calle Aurora e Hidalgo, vimos la añosa Joyería García, con un peculiar aparador. Seguimos la calle Aurora, que se convierte en De las Flores y, en su primera cuadra nos sorprendió la capilla de María Auxiliadora, el atrio con naranjos y el pórtico rematado por bizarros arcos escarzanos con tallas, arriba, una ventana vertical con arco escarzano y sobre el cornisamento, el campanario trunco. La puerta con dos postigos. El interior, de una sola nave, con altos muros, ventanas verticales y en medio punto, sobre la cornisa, una bóveda encañonada, y el altar con cuatro columnas redondas y estriadas, sostienen capiteles jónicos, la cornisa fue rematada por un frontón triangular, entre las columnas hay un nicho con la Virgen.
El padre Juan Manuel Quezada Berumen citó: “En 1898 estuvo el sacerdote salesiano Rafael Noguer, quien dictó varias pláticas sobre la espiritualidad de San Juan Bosco y la devoción a María Auxiliadora. A raíz de estas pláticas, en Jerez se integró una asociación de laicos nombrada Cooperadores y Cooperadoras”. Y Luis Miguel Berumen nos cuenta: “Doña Mucia Díaz fue quien promovió la construcción de un oratorio dedicado a María Auxiliadora. En el terreno de la casa número 13 de la calle de las Flores, cedido por Alfonso Orozco. Mucita, recorrió toda la región, montada en un burro pidiendo limosna, para reunir el dinero necesario para la erección de este oratorio, decorarlo y dotarlo de imágenes y ornamentos. Cuando la obra estuvo en pie, siguió trabajando celosamente en el mantenimiento del templo, ayudando incluso como sacristán cuando hacía falta este… el día 10 de julio de 1916, el señor Cura Francisco Javier Reveles la bendijo y la consagró celebrando la primera misa”.
Se llamó Jardín Chico, con relación al grande, o sea, el Jardín Rafael Páez. Posteriormente, debido a la cercanía con el Santuario, se le empezó a llamar, “Jardín del Santuario o de la Soledad”. Luego el jefe político, Julián Brilanti, se preocupó por el cuidado del referido espacio, plantando diversos árboles, siguiendo la traza del Jardín. A finales del siglo XIX, se realizaban tianguis los domingos y entre semana abrían unos puestos de carne. Pasaron bastantes lunas y el Jardín fue nombrado “Brilanti”. Para el centenario de la Independencia, el quiosco de las tradicionales serenatas fue retirado y en su lugar se colocó un monumento al Cura Libertador y se denominó “Jardín Hidalgo”.
Luego de apreciar el ábside, miramos una bonita fuente circular, de cantera y con una copa. Por el lado de la calle Del Reloj, escuchamos el golpetear de fichas de domino, coyotes añejos disfrutaban de la tranquilidad del Jardín, de la sombra de gruesos árboles y de ahorcar mulas. A unos pasos admiramos el Teatro Hinojosa. Después nos adentramos al sensacional espacio verde, delimitado por columnas con almena, que abrazan verjas. Altas columnas con almena dan la bienvenida a los andadores, que convergen con el admirable monumento del Cura de Dolores. Una basa cuadrada sostiene un labrado y alto pedestal redondo, con medias columnas, cornisas, medallones, águilas y volutas, el busto, sereno y expresivo, buena fundición. Ocupamos una banca sombreada para observar el centenario monumento, animado por árboles contemporáneos a la escultura y por floridos jardines, al fondo miramos el vistoso Santuario, con su preciosa cúpula, rematada con veleta y más atrás, los espigados y elaborados campanarios. En la esquina de la calle Aurora e Hidalgo, vimos la añosa Joyería García, con un peculiar aparador. Seguimos la calle Aurora, que se convierte en De las Flores y, en su primera cuadra nos sorprendió la capilla de María Auxiliadora, el atrio con naranjos y el pórtico rematado por bizarros arcos escarzanos con tallas, arriba, una ventana vertical con arco escarzano y sobre el cornisamento, el campanario trunco. La puerta con dos postigos. El interior, de una sola nave, con altos muros, ventanas verticales y en medio punto, sobre la cornisa, una bóveda encañonada, y el altar con cuatro columnas redondas y estriadas, sostienen capiteles jónicos, la cornisa fue rematada por un frontón triangular, entre las columnas hay un nicho con la Virgen.
El padre Juan Manuel Quezada Berumen citó: “En 1898 estuvo el sacerdote salesiano Rafael Noguer, quien dictó varias pláticas sobre la espiritualidad de San Juan Bosco y la devoción a María Auxiliadora. A raíz de estas pláticas, en Jerez se integró una asociación de laicos nombrada Cooperadores y Cooperadoras”. Y Luis Miguel Berumen nos cuenta: “Doña Mucia Díaz fue quien promovió la construcción de un oratorio dedicado a María Auxiliadora. En el terreno de la casa número 13 de la calle de las Flores, cedido por Alfonso Orozco. Mucita, recorrió toda la región, montada en un burro pidiendo limosna, para reunir el dinero necesario para la erección de este oratorio, decorarlo y dotarlo de imágenes y ornamentos. Cuando la obra estuvo en pie, siguió trabajando celosamente en el mantenimiento del templo, ayudando incluso como sacristán cuando hacía falta este… el día 10 de julio de 1916, el señor Cura Francisco Javier Reveles la bendijo y la consagró celebrando la primera misa”.