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El Día de los Santos y el de difuntos
La fiesta nos invita a reconocer cómo el cielo se junta con la tierra y lo divino invade nuestra humanidad
Una reflexión seria centrada en los días que se aproximan tiene muchas vertientes, y podemos sacarle mucho filo, según desde el ángulo que la enfoquemos.
Primeramente vemos cómo mucha gente se deja llevar por las teorías importadas y les parece más atractivo celebrar el Halloween, que es la noche en la cual todos los espíritus andan sueltos y vienen a darse una vueltecita por este mundo.
Pura fantasía, como decía la canción de la infancia que seguramente los mayores recordamos: “Es la hora en que todos los muñecos salen de sus cajas y se ponen a bailar...”.
En cambio, la fiesta de Todos los Santos nos invita a reconocer cómo el cielo se junta con la tierra y lo divino invade nuestra humanidad. Los santos ya están con Dios, pero nos sirven de inspiración, como de una escalera por la cual podemos ascender para llegar a Él.
Allá tú si quieres irte por esa quimera de la invención humana o si prefieres hacer unos momentos de seria reflexión y abrir ese espacio a la espiritualidad, para ver cómo y por dónde puedes encontrar el hilo conductor que te acerque a Dios y te dé la auténtica santidad que puede ser valiosa en esta vida, y te prepare sabiamente para la futura, que al final de cuentas no está muy lejos, cuando mucho cien años...
En el día de difuntos
Recordar a los seres que un día amamos en esta vida y que están ya con Dios, es una tradición muy sentida en nuestro pueblo, sobre todo porque ancestralmente venimos de una tradición prehispánica donde la muerte es parte de la vida y tenemos una relación muy estrecha con la divinidad.
El cristianismo nos trajo una visión ampliada de este concepto, y nos dice que vamos caminando por las promesas eternas de Cristo Jesús que nos da la esperanza de un futuro feliz y sin final.
Pero lo de siempre: se nos hace más atractivo irnos detrás de lo fantasioso, de lo folclórico y sensacional, que escuchar la Palabra divina, a veces un tanto escueta, pero rebosante de una esperanza que sí puede darle sentido a la vida.
Y volvemos a lo que ya en otra ocasión comentamos: ¿santa muerte o muerte santa?
Para quienes viven en Cristo y con Cristo, el momento de la muerte es tan sólo el punto de llegada, es encontrarnos con los brazos abiertos de nuestro Padre Dios.
Los que se fueron antes, ya llegaron a la meta, ya están en la patria prometida donde no existe espacio ni tiempo, donde todo lo material se ha desvanecido y sólo queda el amor humano que se funde en el infinito amor de Dios.
Por otra parte, también es bueno volver un poco la mirada a nuestra realidad humana; a veces nos parece que vivimos y vamos, en cambio, adormecidos espiritualmente, si no es que ya definitivamente muertos.
A tal grado, que estamos sordos, ciegos y paralíticos en todo cuanto se refiere a las cosas divinas, porque ya no nos motivan, ya no nos dicen nada. Sería triste que este fuera nuestro caso, porque de ser así, podríamos considerar la vida material, externa, como un sepulcro donde el alma yace sin vida.
Ciertamente es muy duro todo esto, pero es bueno considerarlo con seriedad mientras tenemos tiempo, mientras vamos caminando por la historia que está al alcance de las manos y que es posible modificar todavía.
Para eso se ha dado a cada uno la vida, como una oportunidad, como la posibilidad de construir lo bueno y lo mejor preparando así el futuro definitivo.
No es saludable esperar futuras reencarnaciones. Nuevos tiempos vendrán y los ámbitos de la tierra serán poblados por nuevas personas, que en su debido momento tendrán también su respectiva oportunidad, y cada uno será responsable de lo que haya hecho con su vida.
Hoy es el tiempo oportuno, es el día de la salvación. Hoy es el momento de aprovechar la gracia que el Señor nos da, y hacer en el presente lo que deseamos de la propia vida para el futuro.
María Belén Sánchez fsp
Primeramente vemos cómo mucha gente se deja llevar por las teorías importadas y les parece más atractivo celebrar el Halloween, que es la noche en la cual todos los espíritus andan sueltos y vienen a darse una vueltecita por este mundo.
Pura fantasía, como decía la canción de la infancia que seguramente los mayores recordamos: “Es la hora en que todos los muñecos salen de sus cajas y se ponen a bailar...”.
En cambio, la fiesta de Todos los Santos nos invita a reconocer cómo el cielo se junta con la tierra y lo divino invade nuestra humanidad. Los santos ya están con Dios, pero nos sirven de inspiración, como de una escalera por la cual podemos ascender para llegar a Él.
Allá tú si quieres irte por esa quimera de la invención humana o si prefieres hacer unos momentos de seria reflexión y abrir ese espacio a la espiritualidad, para ver cómo y por dónde puedes encontrar el hilo conductor que te acerque a Dios y te dé la auténtica santidad que puede ser valiosa en esta vida, y te prepare sabiamente para la futura, que al final de cuentas no está muy lejos, cuando mucho cien años...
En el día de difuntos
Recordar a los seres que un día amamos en esta vida y que están ya con Dios, es una tradición muy sentida en nuestro pueblo, sobre todo porque ancestralmente venimos de una tradición prehispánica donde la muerte es parte de la vida y tenemos una relación muy estrecha con la divinidad.
El cristianismo nos trajo una visión ampliada de este concepto, y nos dice que vamos caminando por las promesas eternas de Cristo Jesús que nos da la esperanza de un futuro feliz y sin final.
Pero lo de siempre: se nos hace más atractivo irnos detrás de lo fantasioso, de lo folclórico y sensacional, que escuchar la Palabra divina, a veces un tanto escueta, pero rebosante de una esperanza que sí puede darle sentido a la vida.
Y volvemos a lo que ya en otra ocasión comentamos: ¿santa muerte o muerte santa?
Para quienes viven en Cristo y con Cristo, el momento de la muerte es tan sólo el punto de llegada, es encontrarnos con los brazos abiertos de nuestro Padre Dios.
Los que se fueron antes, ya llegaron a la meta, ya están en la patria prometida donde no existe espacio ni tiempo, donde todo lo material se ha desvanecido y sólo queda el amor humano que se funde en el infinito amor de Dios.
Por otra parte, también es bueno volver un poco la mirada a nuestra realidad humana; a veces nos parece que vivimos y vamos, en cambio, adormecidos espiritualmente, si no es que ya definitivamente muertos.
A tal grado, que estamos sordos, ciegos y paralíticos en todo cuanto se refiere a las cosas divinas, porque ya no nos motivan, ya no nos dicen nada. Sería triste que este fuera nuestro caso, porque de ser así, podríamos considerar la vida material, externa, como un sepulcro donde el alma yace sin vida.
Ciertamente es muy duro todo esto, pero es bueno considerarlo con seriedad mientras tenemos tiempo, mientras vamos caminando por la historia que está al alcance de las manos y que es posible modificar todavía.
Para eso se ha dado a cada uno la vida, como una oportunidad, como la posibilidad de construir lo bueno y lo mejor preparando así el futuro definitivo.
No es saludable esperar futuras reencarnaciones. Nuevos tiempos vendrán y los ámbitos de la tierra serán poblados por nuevas personas, que en su debido momento tendrán también su respectiva oportunidad, y cada uno será responsable de lo que haya hecho con su vida.
Hoy es el tiempo oportuno, es el día de la salvación. Hoy es el momento de aprovechar la gracia que el Señor nos da, y hacer en el presente lo que deseamos de la propia vida para el futuro.
María Belén Sánchez fsp