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“El Cráter del Meteorito en Arizona”

Un acierto arquitectónico fue abrir ésta ventana del museo para enmarcar el extraordinario paisaje desértico que lo rodea

Estiman… que hace unos 50,000 años, en el cielo de Arizona, se vio una pequeña lucecita que velozmente se aproximaba a la tierra.  Era un meteorito brillante que formaba parte de un gran asteroide que habiendo chocado contra otro hace millones de años allá en el “gran cinturón de asteroides” del sistema solar, se desprendió de él iniciando su ruta propia.

Viajando a una velocidad de por lo menos 50,000 Km/h, se encontró con nuestro planeta, y traspasando la atmósfera en breves segundos casi sin perder velocidad ni masa, se estrelló contra las rocas de aquel desierto de Arizona.
Estiman que la piedra voladora (compuesta principalmente de fierro y níquel) debe de haber medido unos 50 metros de diámetro y pesado varios cientos de miles de toneladas. Con éste formidable peso, y la velocidad que llevaba, prácticamente explotó al chocar contra la superficie terrestre.

 Dicen que la fuerza del impacto, podría compararse a la que se produciría detonando unos 20 millones de toneladas de dinamita (Tri-Nitro-Tolueno TNT).

Al viajar a aquella hiper-velocidad, el impacto generó potentísimas ondas de choque tanto en el meteorito, cómo en la tierra misma y en la atmósfera de alrededor, causando un efecto devastador en toda la zona.
 En aquel terreno desértico y rocoso, penetró con una fuerza que calculan en más de un millón de toneladas por centímetro cuadrado, cosa que hizo pulverizarse y derretirse rocas y metales formando un enorme cráter de 1,500 mts de diámetro y mas de  250 de profundidad.

Hay que imaginar que en unos cuantos segundos, más de 200 millones de toneladas de tierra y rocas -muchas de ellas del tamaño de una casa-  fueron lanzadas a grandes alturas, para al caer, formar una pared de 50 Mts. de altura al derredor del lugar del impacto,

Una nube densa y sumamente caliente se creó en el instante, dispersando microscópicas partículas de fierro, níquel y hasta de la misma roca derretida, que quedaron en la superficie formando un fino manto en toda la región afectada.
Es impresionante ver que aquella enorme olla (donde cabrían fácilmente unos veinte campos de futbol, y que un edificio de 60 pisos apenas sobresaldría) fue hecha en solo unos cuantos segundos por un meteorito de tan solo 50 Mts. de diámetro.

Por allá, por los 1900, un tal Daniel Barringer, ingeniero minero, convencido que el enorme cráter había sido hecho por un meteorito y no por causas volcánicas, duró veintitantos años buscando la famosa piedra que creía encontraría ahí mismo enterrada, siendo una valiosa mina de fierro. Hasta el final realizó que aquel aerolito se había pulverizado totalmente junto con las rocas con las que chocó. Su desilusión quedó un poco atenuada con el hecho de haber asegurado a la ciencia que causas extraterrenas habían sido las constructoras de aquel agujero, y que su familia quedó cómo propietaria de tal maravilla. 

Actualmente existe ahí un bonito museo, y guías muy preparados explican las interesantes cosas del sitio, no muy lejos de la pequeña ciudad de Flagsaff.

deviajesyaventuras@informador.com.mx

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