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Dubai a la vanguardia

Junto a ese Dubai moderno que no parece tener límites, aún viven los vestigios de un pueblo de pescadores

Es difícil, por no decir imposible, expresar la multitud de sensaciones -a veces contradictorias- que se agolpan en el viajero cuando conoce Dubai, uno de los siete emiratos que conforman los Emiratos Árabes Unidos. Posiblemente es el más “occidentalizado” de todos.

Las impresiones son tan diversas que van desde el lógico asombro ante la magnificencia de lo construido y el corto espacio de tiempo en que se han levantado estos inmensos rascacielos, a la sorpresa de ver tantas grúas por la calle o a la inagotable variedad de hoteles de lujo que se ofertan al visitante. Esa diversidad se aprecia también en la población tremendamente cosmopolita que reside ahí, en donde se encuentran ciudadanos de casi todas las nacionalidades.

Las grandes construcciones y el hecho de convertirse a la vez en lugar de encuentro de turistas, centro financiero y de que cuenta con uno de los aeropuertos internacionales de mayor movimiento, hacen de Dubai un increíble caleidoscopio cultural. Por diferentes razones, paquistaníes, tailandeses, hindúes, chinos, suramericanos, indonesios, europeos, árabes, norteamericanos y africanos, entre otros, han puesto sus ojos en esta ciudad.

Y es que Dubai quiere ser grande en todo y, de ser posible, estar a la delantera. Tiene la torre más alta del mundo (Burj Dubai, prácticamente terminada), el único hotel “siete estrellas” del planeta (Burj Al Arab), la mayor concentración de grúas, etc., etc.
Ese proyecto de construcción, que a veces confunde lo terminado y lo planificado, queda patente en los mapas que nos proporcionan de la ciudad, donde ya figuran como concluidas algunas obras aún por acabar o simplemente por empezar.

En todo caso, en Dubai se apuesta por lo grande y a lo grande. Y para muestra estos botones: un conjunto de islas en medio del mar en forma de palmera que son ahora un inmenso centro vacacional (Palm Jumeirah); el mapamundi “dibujado” con islotes artificiales frente a la costa, que está próximo a finalizar; el proyecto de realizar Dubailand (el mayor parque temático del mundo) o, el no menos ambicioso proyecto de la ciudad del deporte.

Ciertamente, la crisis económica ha disminuido, y en algunos casos detenido, muchos de estos proyectos urbanísticos, pero aún así, con ver lo hecho y lo que se está haciendo es suficiente para quedarse boquiabierto.

Ahora bien, junto a ese Dubai moderno que no parece conocer límites y que se presenta en forma de hormigón y cristal, como por arte de magia aún perviven, afortunadamente, los vestigios de su pasado y de ese pueblo de pescadores que -antes de la aparición del petróleo- tenía su particular oro negro en las perlas.

Por esta razón, es muy recomendable pasearse por el mercado del oro, por el de las especias, tomar un barco típico (abras) para apreciar esa particular dicotomía entre lo moderno y lo antiguo en medio del canal que fracciona la ciudad en dos.

Siempre es bueno, en la medida de lo posible, conocer cómo viven muchos de sus habitantes, fuera de ese singular y exclusivo paraíso de coches de lujo, tiendas de diseñador, yates de escándalo o restaurantes únicos. Visitar el museo de Dubai es la más aleccionadora forma de enterarnos en poco tiempo de la historia de este territorio.

Una cosa no debemos olvidar: estamos en la península arábiga y gran parte de su territorio es desierto. Por ello, resulta casi obligado hacer una excursión por este mar de arena, disfrutar en un cuatro por cuatro subiendo y bajando por las dunas, cenar a la luz de la luna o montar en camello. No menos recomendable, para los amantes del submarinismo, es disfrutar de las riquezas subacuáticas del mar.

Dubai, como he comentado, no deja indiferente a nadie. Para unos pretencioso, para otros original. Hay quienes lo definen como megalómano. En todo caso, es uno de esos viajes que hay que hacer, que no vale con que te lo cuenten.


Transportación

Por el intenso calor del verano y la humedad son irreales las caminatas durante el día, ya que el mercurio puede acercarse a los 120 grados Fahrenheit. Incluso de octubre a mayo, probablemente, necesitará alguna clase de transportación.

Metro
Recien inaugurado el 9 septiembre de 2009.

Taxis
Ésta es su mejor opción. Son de color arena y están por todas partes. Cuentan con taxímetro y resultan económicos si se comparan con los occidentales. Las tarifas empiezan en 82 centavos (3 dirhams), pero esté atento a los $5.48 (20 dirhams) que le añaden desde el aeropuerto.

No se pierda


Museo Dubai (en el renovado Fuerte Al Fahidi, en el distrito Bur Dubai). Relata de manera muy didáctica el pasado de estas tierras. Los boletos cuestan 82 centavos (3 dirhams) para adultos y 27 centavos (1 dirham) para niños. Luego, piérdase en medio de las renovadas torres de viento y minaretes de los senderos transitables de Bastakiya.

Paseo en bote. En el muelle podrá disfrutar de un paseo en uno de los tradicionales botes de madera que transportan pasajeros a lo largo del canal (conocido como Creek).

Mercado antiguo (en el lado Deira). Visite el mercado de especias, donde encontrará verdaderas gangas en azafrán así como en aromas no comestibles, como incienso. Prosiga hasta el mercado “gold souk” cubierto. Vale la pena aunque sea sólo para comerse con los ojos la mercancía que ofrecen. Si va a comprar, haga caso omiso a los que pregonan sus productos a la entrada del mercado y asegúrese de regatear intensamente una vez dentro.

Mezquita Jumeirah, al Sur de Bur Dubai. Abre sus puertas a los no musulmanes cuatro días a la semana. Los guías del Centro Sheik Mohammed para la Comprensión Cultural terminan cada tour de las 10 a.m. con una sesión de preguntas y respuestas sobre el Islam y la vida árabe. Las mujeres tienen que usar un pañuelo en la cabeza, y todos los visitantes tienen que vestir modestamente. Detalles en www.cultures.ae/index.php.

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