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Diario de un Espectador
Los puestos se desparraman sobre las calles de Tepito, los puestos rebosan las tímidas líneas que los delimitan y ofrecen sus mercancías con un dejo de indiferencia
por: juan Palomar
Los puestos se desparraman sobre las calles de Tepito, los puestos rebosan las tímidas líneas que los delimitan y ofrecen sus mercancías con un dejo de indiferencia. Al final, ya habrá quien compre todo. Para cada tiliche resultará, tarde o temprano, alguien que lo ocupe. Esta parece ser la difusa idea que hace funcionar el inmenso tianguis en donde convive la inminencia del afamado riesgo con la pachorruda rutina de cargadores y amas de casa. Alguien que pasa saca su arma y corta cartucho por mera precaución. El eco del ruido metálico acompaña el transcurrir de las cuadras que siguen. Un avión desciende con sorprendente cercanía.
La canción de Sigur Ros avanza en círculos que se desprenden livianos unos de los otros. Una espiral que describe el tránsito de las horas que corren, mientras en el cielo grandes nubes muy blancas van haciendo cambiar las luces del mediodía que se alarga.
Llegan hasta la mesa de este espectador los catálogos de las exposiciones cuatas que cerraron el pasado ejercicio del Hospicio Cabañas. Una se llamó Marca poniente, y su curador fue Patrick Charpenel; la otra fue Asimétrica y la curó Carlos Ashida. Una revisión del devenir artístico en nuestras tierras en sendas mitades del pasado siglo. Como suele suceder, del trabajoso fuego de artificio que representa reunir y acomodar piezas, preparar recursos museográficos, acordar distintos discursos, poco queda cuando la exposición se cierra. Algunos recuerdos de cierta obra inesperada, una secuencia iluminadora, contrastes quizás edificantes. Lo cierto es que estas dos visiones aportaron una muy útil, esencial, relectura del pasado reciente. Por ello, los catálogos que ahora comienzan a circular resultan de especial significación.
En uno de los ensayos introductorios a Marca poniente, Alfonso Alfaro dice, a propósito de las mudanzas de la primera mitad del siglo XX jalisciense: “Entonces, los tapatíos, deslumbrados por fantasías de un futuro angelino o chicaguense, se sintieron de pronto avergonzados de sus ciudades con traza europea, de las firmes y nobles casonas andaluzas de adobe y cantera, de las terrazas y jardines de sus villas de inspiración francesa o victoriana, y decidieron destripar a conciencia sus barrios conviviales, abandonar esas aceras en donde se tejía la buena vecindad entre clases sociales diversas, olvidarse de su signo urbano de identidad, su centro geográfico, político e histórico, el centro, que llegaría a convertirse en un erial, e iniciar una carrera que acabaría saturándola a destiempo de una onerosa parafernalia de ejes viales, túneles y viaductos.”
“Abandonada en unos cuantos años la estructura mediterránea y renacentista que le había dado armonía y coherencia durante cuatro siglos, la ciudad quedó a la deriva, entregada a sus únicos dueños: el automóvil, la desmemoria y los sueños de grandeza.”
“Tres artistas insignes nos darían cuenta de una u otra de estas crisis. Yáñez, Rulfo y Arreola le dijeron al mundo, con palabras de hondura universal, lo que aquí sucedía. Sus coterráneos los aplaudieron y celebraron, pero no se tomaron el trabajo de leerlos y mucho menos de escucharlos. Los profetas se alejaron en busca de sus propios laberintos.”
Intermitentes revisiones a la antología de Gerardo Diego. Vienen de lejos y confirman a cada vez su estricta utilidad.
De Juan José Domenchina:
Tarde
Mejor que tú, pensamiento,
este olvido de enramada
donde todo vive en nada:
hoja al sol, pájaro al viento.
De azul de luz sin cimiento,
¡qué cúpula! Maravilla
de ingravidez amarilla.
Mejor, pensamiento, el río:
donde apenas moja el frío
de su límite la orilla.
De León Felipe:
Huyen. Se ve que huyen.
vueltas de espaldas a la Tierra.
Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella.
Para buscar lo que buscamos
(¿dónde está mi sortija?) una cerilla es buena
y la luz de gas,
y la maravillosa luz eléctrica...
Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella.
Antologías. La minuciosa, chillona, quincallería de Tepito y su vasto desdoblamiento por la geografía nacional; la invaluable exploración e interpretación del ánima regional que fueron Marca poniente y Asimétrica; la inconmovible piedra miliar, educación sentimental y guía de peregrinos, que es el tomo reunido por Gerardo Diego. Y la antología que guarda la memoria: asidero en la zozobra, razón y oriente.
Los puestos se desparraman sobre las calles de Tepito, los puestos rebosan las tímidas líneas que los delimitan y ofrecen sus mercancías con un dejo de indiferencia. Al final, ya habrá quien compre todo. Para cada tiliche resultará, tarde o temprano, alguien que lo ocupe. Esta parece ser la difusa idea que hace funcionar el inmenso tianguis en donde convive la inminencia del afamado riesgo con la pachorruda rutina de cargadores y amas de casa. Alguien que pasa saca su arma y corta cartucho por mera precaución. El eco del ruido metálico acompaña el transcurrir de las cuadras que siguen. Un avión desciende con sorprendente cercanía.
La canción de Sigur Ros avanza en círculos que se desprenden livianos unos de los otros. Una espiral que describe el tránsito de las horas que corren, mientras en el cielo grandes nubes muy blancas van haciendo cambiar las luces del mediodía que se alarga.
Llegan hasta la mesa de este espectador los catálogos de las exposiciones cuatas que cerraron el pasado ejercicio del Hospicio Cabañas. Una se llamó Marca poniente, y su curador fue Patrick Charpenel; la otra fue Asimétrica y la curó Carlos Ashida. Una revisión del devenir artístico en nuestras tierras en sendas mitades del pasado siglo. Como suele suceder, del trabajoso fuego de artificio que representa reunir y acomodar piezas, preparar recursos museográficos, acordar distintos discursos, poco queda cuando la exposición se cierra. Algunos recuerdos de cierta obra inesperada, una secuencia iluminadora, contrastes quizás edificantes. Lo cierto es que estas dos visiones aportaron una muy útil, esencial, relectura del pasado reciente. Por ello, los catálogos que ahora comienzan a circular resultan de especial significación.
En uno de los ensayos introductorios a Marca poniente, Alfonso Alfaro dice, a propósito de las mudanzas de la primera mitad del siglo XX jalisciense: “Entonces, los tapatíos, deslumbrados por fantasías de un futuro angelino o chicaguense, se sintieron de pronto avergonzados de sus ciudades con traza europea, de las firmes y nobles casonas andaluzas de adobe y cantera, de las terrazas y jardines de sus villas de inspiración francesa o victoriana, y decidieron destripar a conciencia sus barrios conviviales, abandonar esas aceras en donde se tejía la buena vecindad entre clases sociales diversas, olvidarse de su signo urbano de identidad, su centro geográfico, político e histórico, el centro, que llegaría a convertirse en un erial, e iniciar una carrera que acabaría saturándola a destiempo de una onerosa parafernalia de ejes viales, túneles y viaductos.”
“Abandonada en unos cuantos años la estructura mediterránea y renacentista que le había dado armonía y coherencia durante cuatro siglos, la ciudad quedó a la deriva, entregada a sus únicos dueños: el automóvil, la desmemoria y los sueños de grandeza.”
“Tres artistas insignes nos darían cuenta de una u otra de estas crisis. Yáñez, Rulfo y Arreola le dijeron al mundo, con palabras de hondura universal, lo que aquí sucedía. Sus coterráneos los aplaudieron y celebraron, pero no se tomaron el trabajo de leerlos y mucho menos de escucharlos. Los profetas se alejaron en busca de sus propios laberintos.”
Intermitentes revisiones a la antología de Gerardo Diego. Vienen de lejos y confirman a cada vez su estricta utilidad.
De Juan José Domenchina:
Tarde
Mejor que tú, pensamiento,
este olvido de enramada
donde todo vive en nada:
hoja al sol, pájaro al viento.
De azul de luz sin cimiento,
¡qué cúpula! Maravilla
de ingravidez amarilla.
Mejor, pensamiento, el río:
donde apenas moja el frío
de su límite la orilla.
De León Felipe:
Huyen. Se ve que huyen.
vueltas de espaldas a la Tierra.
Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella.
Para buscar lo que buscamos
(¿dónde está mi sortija?) una cerilla es buena
y la luz de gas,
y la maravillosa luz eléctrica...
Nosotros no hemos visto todavía
los ojos de una estrella.
Antologías. La minuciosa, chillona, quincallería de Tepito y su vasto desdoblamiento por la geografía nacional; la invaluable exploración e interpretación del ánima regional que fueron Marca poniente y Asimétrica; la inconmovible piedra miliar, educación sentimental y guía de peregrinos, que es el tomo reunido por Gerardo Diego. Y la antología que guarda la memoria: asidero en la zozobra, razón y oriente.