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Destilado con estilo
El whisky en Kings County Distillery se guarda en barriles, cada uno con un sabor y añejado especial
GUADALAJARA, JALISCO (04/OCT/2015).- La “prohibición” fue una fase obscura en la historia de los destilados en Estados Unidos. La Ley Volstead, conocida como “la ley seca” estuvo en vigente sólo por trece años, de 1920 a 1933, pero su presencia acabó con una tradición que se remontaba hasta los siglos XVIII y XIX. Algunos vestigios de la ley se mantuvieron en las normas de varios estados y ciudades, en los que si bien la distribución, venta y consumo de alcohol volvieron a permitirse, para la fabricación hubo diversas trabas.
Un ejemplo de ello fue Nueva York, que luego de la abolición de la prohibición no pudo reabrir destilerías sino hasta entrado el siglo XXI. Por ello el dato curioso en las botellas de Kings County Distillery, fabricantes de whiskey que ostentan con orgullo ser la destilería “más antigua de Nueva York”, aunque sólo tengan... cinco años en el mercado.
Ubicados en Brooklyn, a unos minutos del puente de Manhattan, Kings County Distillery tiene sus instalaciones en un viejo edificio en donde se lleva a cabo toda la magia de la destilación. Para fortuna de los exploradores de licores y curiosos del whiskey, esta destilería abre sus puertas a los visitantes que deseen conocer el lugar.
Los recorridos guiados comienzan con una breve exposición sobre la tradición de destilar en Estados Unidos: cómo se empezó produciendo ron, para luego fortalecer la industria con el whiskey, gracias a los problemas para recibir caña de azúcar y a que la materia prima del whiskey era más fácil de conseguir en el país. La charla culmina con la tragedia de la ley seca que imperó en los años veinte y principios de los treinta, cortando de tajo la industria. Esta breve introducción se da en el Boozeum, un pequeño espacio museográfico sobre el whiskey en Estados Unidos. La palabra “boozeum” es un neologismo, surgido del juego de palabras entre “museum” y el coloquial “booze”, traducible como “pisto”: es decir, “el museo del pisto”.
¡Salud!
El equipo de Kings County Distillery lo comenta con humor: si la plática resulta aburrida por tanta historia, al final del recorrido habrá una recompensa, pues hay degustación de los productos. Pero los comentarios de los guías son ilustrativos, sobre todo cuando continuamos hacia la fábrica como tal, en la planta baja.
Incluso los sábados, al pasar por su puerta notaremos el cálido ambiente, debido a que la destilación está en proceso. Dos grandes alambiques fabricados ex profeso para Kings County Distillery están en el centro de la bodega. A un costado los expertos midiendo químicamente las características de los líquidos: al otro extremo los recipientes de gran tamaño que guardan la bebida durante su proceso de fermentación.
En el segundo piso veremos un paisaje que invita menos al trabajo y más a la contemplación: cientos de barricas en reposo, hileras de ellas, todas con las anotaciones en el exterior sobre su contenido (mezcla, fecha y otras notas).
Las sorpresas llegarán al momento de la cata, pues aunque fabrican whiskey, sus preparados no serán para nada como los hemos probado. Primero porque al ser una destilería pequeña fabrican un número reducido de botellas, en pos de la calidad y el constante cuidado del estado del whiskey. Por ello su Bourbon, el primero que probamos, es de una calidad envidiable para cualquier marca. Por cierto, no está de más comentar que el Bourbon es un estilo de whiskey emblemático de Kentucky, pero cuya fabricación se puede realizar en todo el territorio estadounidense.
La segunda cata explica un detalle curioso que los observadores habrán notado en las estanterías de la destilería: hay frascos que contienen el preciado líquido, pero que además guardan en su interior chiles jalapeños. Sí, esos viejos conocidos de la gastronomía mexicana. El equipo de Kings County Distillery ha experimentado con variantes alrededor del whiskey, con tal de arriesgarse para conseguir nuevos sabores. Un whiskey enriquecido con jalapeño es un destilado original que satisface a los paladares que buscan otros horizontes. El jalapeño no es lo único con lo que experimenta: también hay jengibre, menta y pimiento shishito, entre otros.
En el mismo tono, la tercera y última degustación es de whiskey con un toque de chocolate. Quizá es un tanto conservador frente al whiskey de jalapeño, pero su gusto también impactará al bebedor. Antes de probar este tipo de whiskey sería bueno igualmente adentrarse en las cervezas cuyo aroma (y contenido, en ocasiones) recurren también al chocolate, para contrastar las diferencias y apreciar las semejanzas.
El dato
No pierdas la ruta
Kings County Distillery se halla en 299 Sands Street, en Brooklyn, Nueva York, muy cerca de las zonas turísticas. Los recorridos se realizan los miércoles, viernes y sábados, con un costo de ocho dólares (incluye tres degustaciones). Miércoles y viernes se necesita previa cita; el turista puede llegar los sábados entre la una de la tarde y las cuatro y habrá un recorrido a punto de empezar.
Un ejemplo de ello fue Nueva York, que luego de la abolición de la prohibición no pudo reabrir destilerías sino hasta entrado el siglo XXI. Por ello el dato curioso en las botellas de Kings County Distillery, fabricantes de whiskey que ostentan con orgullo ser la destilería “más antigua de Nueva York”, aunque sólo tengan... cinco años en el mercado.
Ubicados en Brooklyn, a unos minutos del puente de Manhattan, Kings County Distillery tiene sus instalaciones en un viejo edificio en donde se lleva a cabo toda la magia de la destilación. Para fortuna de los exploradores de licores y curiosos del whiskey, esta destilería abre sus puertas a los visitantes que deseen conocer el lugar.
Los recorridos guiados comienzan con una breve exposición sobre la tradición de destilar en Estados Unidos: cómo se empezó produciendo ron, para luego fortalecer la industria con el whiskey, gracias a los problemas para recibir caña de azúcar y a que la materia prima del whiskey era más fácil de conseguir en el país. La charla culmina con la tragedia de la ley seca que imperó en los años veinte y principios de los treinta, cortando de tajo la industria. Esta breve introducción se da en el Boozeum, un pequeño espacio museográfico sobre el whiskey en Estados Unidos. La palabra “boozeum” es un neologismo, surgido del juego de palabras entre “museum” y el coloquial “booze”, traducible como “pisto”: es decir, “el museo del pisto”.
¡Salud!
El equipo de Kings County Distillery lo comenta con humor: si la plática resulta aburrida por tanta historia, al final del recorrido habrá una recompensa, pues hay degustación de los productos. Pero los comentarios de los guías son ilustrativos, sobre todo cuando continuamos hacia la fábrica como tal, en la planta baja.
Incluso los sábados, al pasar por su puerta notaremos el cálido ambiente, debido a que la destilación está en proceso. Dos grandes alambiques fabricados ex profeso para Kings County Distillery están en el centro de la bodega. A un costado los expertos midiendo químicamente las características de los líquidos: al otro extremo los recipientes de gran tamaño que guardan la bebida durante su proceso de fermentación.
En el segundo piso veremos un paisaje que invita menos al trabajo y más a la contemplación: cientos de barricas en reposo, hileras de ellas, todas con las anotaciones en el exterior sobre su contenido (mezcla, fecha y otras notas).
Las sorpresas llegarán al momento de la cata, pues aunque fabrican whiskey, sus preparados no serán para nada como los hemos probado. Primero porque al ser una destilería pequeña fabrican un número reducido de botellas, en pos de la calidad y el constante cuidado del estado del whiskey. Por ello su Bourbon, el primero que probamos, es de una calidad envidiable para cualquier marca. Por cierto, no está de más comentar que el Bourbon es un estilo de whiskey emblemático de Kentucky, pero cuya fabricación se puede realizar en todo el territorio estadounidense.
La segunda cata explica un detalle curioso que los observadores habrán notado en las estanterías de la destilería: hay frascos que contienen el preciado líquido, pero que además guardan en su interior chiles jalapeños. Sí, esos viejos conocidos de la gastronomía mexicana. El equipo de Kings County Distillery ha experimentado con variantes alrededor del whiskey, con tal de arriesgarse para conseguir nuevos sabores. Un whiskey enriquecido con jalapeño es un destilado original que satisface a los paladares que buscan otros horizontes. El jalapeño no es lo único con lo que experimenta: también hay jengibre, menta y pimiento shishito, entre otros.
En el mismo tono, la tercera y última degustación es de whiskey con un toque de chocolate. Quizá es un tanto conservador frente al whiskey de jalapeño, pero su gusto también impactará al bebedor. Antes de probar este tipo de whiskey sería bueno igualmente adentrarse en las cervezas cuyo aroma (y contenido, en ocasiones) recurren también al chocolate, para contrastar las diferencias y apreciar las semejanzas.
El dato
No pierdas la ruta
Kings County Distillery se halla en 299 Sands Street, en Brooklyn, Nueva York, muy cerca de las zonas turísticas. Los recorridos se realizan los miércoles, viernes y sábados, con un costo de ocho dólares (incluye tres degustaciones). Miércoles y viernes se necesita previa cita; el turista puede llegar los sábados entre la una de la tarde y las cuatro y habrá un recorrido a punto de empezar.