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Descubriendo el hilo negro

La Iglesia propone una respuesta específica basada en los valores morales humano-cristianos disponibles para todos

     Veíamos en la conclusión del artículo anterior que la Iglesia propone una respuesta específica basada en los valores morales humano-cristianos disponibles para todos, con métodos abiertos a todos: creyentes y no creyentes, adictos o personas con riesgo de serlo, jóvenes o ancianos, sujetos provenientes de familias “sanas” o sin familia. La propuesta de la Iglesia es un proyecto evangélico sobre el hombre que anuncia a todos aquellos que libremente decidan acercarse, que Dios no quiere la muerte, sino la conversión y la vida (Cfr. Ez 18, 23). Y es parte de experiencias personales que gran cantidad de personas buscan respuestas a problemas emocionales, existenciales, personales, etc., en lugares muchas veces equivocados. Ejemplos de ello son la llamada literatura de autoayuda, la consulta a adivinadores, astrólogos, y toda la gama existente de charlatanes, así como la adhesión a corrientes de pensamiento exóticas y/o esotéricas.

     Sobre la primera, llama la atención un libro hace poco tiempo proclamado bestseller del que además salió un filme, que gira alrededor de un supuesto Secreto celosamente guardado durante años (aunque no se especifica cuántos). El llamado gran secreto es algo que denominan la Ley de Atracción: Todo lo que llega a tu vida (ya sea bueno o malo), tú mismo lo estás atrayendo por el poder de la atracción. Esto es, si tienes actitudes, pensamientos y conductas positivas atraes lo positivo y viceversa. Bien. Sólo que el mismo mensaje lo encontramos en libros escritos hace miles de años; por ejemplo, en el Evangelio según san Mateo (15, 19) leemos: “Porque del corazón provienen los malos pensamientos, homicidios, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, blasfemias.” Y como nos dice N.S. Jesucristo, “el que tenga oídos que oiga” (Mt. 13, 9).

     Otro ejemplo de la literatura de autoayuda se encuentra en aquella que clama que hay que despertar al gigante interior que todos llevamos dentro, para lo que es necesario, nos dice el autor de la obra, que cambiar una empresa, una sociedad o el mundo, empieza con el sencillo paso de cambiar uno mismo. La cuestión es que Gandhi ya lo había dicho. Y todavía antes de Gandhi, quinientos años antes de Cristo, el profeta Ezequiel (18, 23) proclamaba que Dios lo que quiere es que el pecador se convierta y viva. La conversión, en el sentido doctrinal, se refiere a un cambio de vida, y fue uno de los temas esenciales de la prédica de Jesús (Mc 1, 12-15). A este respecto, parte del gran secreto implica un cambio interior para atraer lo positivo, de manera que en ambos casos, para despertar al gigante o poseer el secreto, el primer paso es cambiar uno mismo. No más que lo dicho hace más de 2500 años por Ezequiel y alrededor de 2000 por N.S. Jesucristo. Cuánto habría que haberse pagado ya a Dios (autor de la Biblia) por razón de derechos de autor o cuántas demandas por plagio ya hubiera levantado a lo largo de los años.

     Otra obra que tuvo su particular éxito fue La Búsqueda, un libro de motivación con recetas para no dejarse vencer por los obstáculos ni las barreras puestas a lo largo de la vida. El fin que propone alcanzar es la realización personal entendida como conseguir ser todo lo que potencialmente se puede llegar a ser. El fin último de este proceso es la felicidad. El inicio del proceso de autorrealización es, de acuerdo con los expertos en la materia, responder a la pregunta “¿Quién soy?”. Pues esto no es más que la reminiscencia del aforismo “Conócete a ti mismo” que se encontraba inscrito en la puerta del templo de Apolo en Delfos y cuyo origen se remonta más allá del siglo VI a.C. En el Evangelio según san Mateo (5, 3) leemos: “Dichosos los que reconocen su necesidad espiritual, pues el reino de Dios les pertenece.”Este reconocimiento implica, necesariamente autoconocimiento a través de la verdadera humildad, y es la primera bienaventuranza, el inicio del itinerario espiritual de conversión hacia Dios. En términos puramente terrenales el camino de las bienaventuranzas es el camino de la autorrealización espiritual que, como personas, estamos llamados a recorrer. Y como la literatura de autoayuda es de las de mayor éxito comercial, podemos concluir que tenemos necesidad de aprender y nos muestra que, en gran medida, estamos como ovejas sin pastor (Cfr. Mc 6, 34). Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx 

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