Suplementos
Del barrio a la mesa
Come barrio
GUADALAJARA, JALISCO (12/AGO/2012).- Propongo hacer un experimento: consumir durante una semana productos comprados únicamente en su colonia, siendo más específicos, productos adquiridos, ya ni siquiera producidos, en menos de un kilómetro a la redonda de nuestra casa.
¿Cuánto se acotarían las opciones en el menú? o ¿cuánto más se diversificaría nuestra ingesta de alimentos? Si acepta el reto, en unos cuantos días usted tendría en su plato un nuevo ingrediente o estaría comiendo en un restaurante que no conocía; en el mejor de los casos, al paso de los días usted se amistaría con algún carnicero o cocinero de su colonia. Si sólo imaginar el reto le quita el sueño y lo hace sucumbir ante el sabor del glu-ta-ma-to mo-no-só-di-co de su sopa instantánea, le tengo una opción: INGESTO
Hace dos meses nació en Guadalajara INGESTO, un proyecto que promueve las ventajas de la denominada “cocina kilómetro cero”. La idea es simple, llevar a un grupo de comensales a un barrio y en una cómoda locación degustar un menú inspirado y producido en el contexto inmediato.
La aventura inicia en el momento en que el comensal se desplaza a una locación desconocida, en alguna zona de la ciudad poco habitual, casi siempre desfasados de los corredores gastronómicos a los que están acostumbrados los tapatíos.
La ubicación es el primer ingrediente de la experiencia; el segundo, es el psicológico o emotivo, aquí entran los recuerdos, puesto que la mayoría de los “probetes” que se desgustan son interpretaciones de los platillos que le dan identidad a la ciudad o el barrio anfitrión, a menos que el comensal sea foráneo, le aseguro que más de un recuerdo vendrá a su mente.
En el ultimo INGESTO a mí me vino el recuerdo de un etapa de mi infancia, sucedió que de postre se sirvió un shot de leche bien fría y calabaza enmielada, después de un trago frío, la miel se me quedó en los labios, como cuando niño cenando frente a la televisión.
El tercer ingrediente tiene que ver con la creatividad del cocinero anfitrión, la experiencia esta lejos de convertirlo en un sibarita exquisito, aquí no hay mucho refinamiento en los platillos, el truco está en la capacidad de interpretar la tradición y costumbres en la gastronomía local; ejemplos sobran, desde la tostada de jamón de puerco servida en Santa Tere, hasta un taco de cuajo en Zapopan, cabe mencionar que no sólo uno, sino varios acérrimos enemigos del menudo se lo comieron sin renegar.
La larga sobremesa después del banquete, hace la experiencia altamente recomendable y seguramente adictiva, ideas como éstas entran en lo que @sinkdeep (en twitter) me ayudó a definir como geo-psico-gastronomía, lo importante en la comida son estas tres capas: el origen, las emociones y la capacidad de interpretar la tradición de lo más próximo y llevarlo a la mesa.
POR CIERTO
Ingesto
Es un proyecto de Guía la Perla, en colaboración con anfitriones itinerantes en cada barrio; el primero tuvo lugar en Santa Tere, el anfitrión fue Al adobe del Café Caligari, y en Zapopan en La muy Fonda.
¿Cuánto se acotarían las opciones en el menú? o ¿cuánto más se diversificaría nuestra ingesta de alimentos? Si acepta el reto, en unos cuantos días usted tendría en su plato un nuevo ingrediente o estaría comiendo en un restaurante que no conocía; en el mejor de los casos, al paso de los días usted se amistaría con algún carnicero o cocinero de su colonia. Si sólo imaginar el reto le quita el sueño y lo hace sucumbir ante el sabor del glu-ta-ma-to mo-no-só-di-co de su sopa instantánea, le tengo una opción: INGESTO
Hace dos meses nació en Guadalajara INGESTO, un proyecto que promueve las ventajas de la denominada “cocina kilómetro cero”. La idea es simple, llevar a un grupo de comensales a un barrio y en una cómoda locación degustar un menú inspirado y producido en el contexto inmediato.
La aventura inicia en el momento en que el comensal se desplaza a una locación desconocida, en alguna zona de la ciudad poco habitual, casi siempre desfasados de los corredores gastronómicos a los que están acostumbrados los tapatíos.
La ubicación es el primer ingrediente de la experiencia; el segundo, es el psicológico o emotivo, aquí entran los recuerdos, puesto que la mayoría de los “probetes” que se desgustan son interpretaciones de los platillos que le dan identidad a la ciudad o el barrio anfitrión, a menos que el comensal sea foráneo, le aseguro que más de un recuerdo vendrá a su mente.
En el ultimo INGESTO a mí me vino el recuerdo de un etapa de mi infancia, sucedió que de postre se sirvió un shot de leche bien fría y calabaza enmielada, después de un trago frío, la miel se me quedó en los labios, como cuando niño cenando frente a la televisión.
El tercer ingrediente tiene que ver con la creatividad del cocinero anfitrión, la experiencia esta lejos de convertirlo en un sibarita exquisito, aquí no hay mucho refinamiento en los platillos, el truco está en la capacidad de interpretar la tradición y costumbres en la gastronomía local; ejemplos sobran, desde la tostada de jamón de puerco servida en Santa Tere, hasta un taco de cuajo en Zapopan, cabe mencionar que no sólo uno, sino varios acérrimos enemigos del menudo se lo comieron sin renegar.
La larga sobremesa después del banquete, hace la experiencia altamente recomendable y seguramente adictiva, ideas como éstas entran en lo que @sinkdeep (en twitter) me ayudó a definir como geo-psico-gastronomía, lo importante en la comida son estas tres capas: el origen, las emociones y la capacidad de interpretar la tradición de lo más próximo y llevarlo a la mesa.
POR CIERTO
Ingesto
Es un proyecto de Guía la Perla, en colaboración con anfitriones itinerantes en cada barrio; el primero tuvo lugar en Santa Tere, el anfitrión fue Al adobe del Café Caligari, y en Zapopan en La muy Fonda.