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De viajes y aventuras
Quintana Roo, un estado que no era estado
QUINTANA ROO, MÉXICO.- Para poder entender y apreciar en todo lo que vale este sorprendente y casi olvidado estado mexicano, en donde hasta últimas fechas ha aparecido la cintilante estrellita turística de Cancún, tenemos que meternos -aunque sea un poquito- en algunos rasgos de su fisonomía y de su inquietante historia.
Su nombre le viene de Andrés Quintana Roo, boshito insigne de -como siempre- políticamente discutida personalidad que, casado con Leona Vicario y junto con ella, participó ideológicamente en las luchas por la independencia de la nación, y que siendo parte de la Asamblea Constituyente, en 1913 formuló y firmó la declaración de nuestra independencia.
Desde la época de la conquista, la península de Yucatán estuvo bajo el dominio de los españoles; y cuando México y los países de Centroamérica lograron su independencia, se proclamó como una República Independiente, habiéndose, sin embargo incorporado unos cuantos años más tarde al México actual.
La región que ocupa Quintana Roo en el oriente de la península, habiendo surgido del mar hace millones de años, tiene un suelo sumamente plano y calizo como el resto de la península, y sus ríos, curiosamente fluyen por debajo de la tierra emergiendo ocasionalmente en los interesantísimos cenotes en donde, debido a las erosiones que causa el correr de las aguas bajo la piedra caliza, las aguas afloran, a veces en redondos pozos de agua cristalina, y en ocasiones en interesantes cavernas que los mayas -hasta la fecha- consideran sagradas.
Una gran barrera de coral cercana al litoral da cabida a la formación a pequeños islotes y bancos -actualmente reservas protegidas- que al albergar infinidad de especies son verdaderos tesoros que la humanidad debe proteger. La Isla Contoy y el Banco Chinchorro pueden ser ejemplos de ello.
Esta región, sobra decir, que fue una de las más pobladas del Imperio Maya; y que los vestigios de sus misteriosamente desaparecidas ciudades, nos siguen impresionando hasta la actualidad con tan sus interesantes monumentos y edificaciones. Lo inquietante de sus nombres: Chacchobén, Chakanbakán, Chamax, Cobá, Dzibanché, Ichpaatán, Kohunlich, Muyil, Oxtankáh, Tankáh, Tulum, Tupak, Xel Há, Xcaret, suenan tan lejanos y musicales como misteriosos, y nos hacen viajar a otros mundos de los que todavía hay mucho que aprender.
Al norte y al poniente del Territorio de Quintana Roo, declarado Estado apenas en 1974, aparecen Yucatán y Campeche como cortados por el trazo hecho en un mapa sobre el escritorio de algún legislador.
Por el sur, el Río Hondo y unas mojoneras en los cerros, definen sus fronteras con Belice y Guatemala. Las playas del Oriente -que son las de presumir- están bañadas por las azules aguas del Caribe tropical.
Sin embargo toda esta belleza, año con año se ve amenazada por terribles tormentas y ciclones. En 1955 el huracán Janet destruyó casi por completo la ciudad de Chetumal y todo el sur del estado; de hecho su historia se escribe como “antes y después del Janet”. Últimamente, hace ya casi cuatro años el Dean barrió con selvas y playas de todo el estado. Gilberto en 1988, Emily, Stan y Wilma en 2005 son algunos de los huracanes que en tiempos recientes han azotado esta bella costa.
Dos hermosas islas: Mujeres y Cozumel son el emblema que ampara la belleza de los territorios marítimos de Quintana Roo que una vez fueron refugio de piratas y conquistadores que, de cuando en cuando se ocupaban de asolar a tierras y habitantes del Mayab. Montaigne, preocupado por estas fechorías, y opuesto a las conquistas, ya reclamaba en sus “Ensayos” que “se estaba convirtiendo a la esclavitud a hombres que desde siempre habían sido libres”.
En fin; cosas fueron, cosas pasaron, pero la realidad es que actualmente, fuera de piratas, conquistadores y ciclones, Quintana Roo es un lugar tan perdido en uno de los extremos de nuestro país, tan lleno de belleza que bien vale la pena recorrer calmadamente, empapándonos de los tesoros de los mayas y deleitándonos con los paisajes sorprendentes de cada uno de los lugarcitos que aún pueden ser “descubiertos” al recorrer el territorio con una mente inquieta y ávida de sorpresas. Se los recomiendo.
deviajesyaventuras@informador.com.mx
Su nombre le viene de Andrés Quintana Roo, boshito insigne de -como siempre- políticamente discutida personalidad que, casado con Leona Vicario y junto con ella, participó ideológicamente en las luchas por la independencia de la nación, y que siendo parte de la Asamblea Constituyente, en 1913 formuló y firmó la declaración de nuestra independencia.
Desde la época de la conquista, la península de Yucatán estuvo bajo el dominio de los españoles; y cuando México y los países de Centroamérica lograron su independencia, se proclamó como una República Independiente, habiéndose, sin embargo incorporado unos cuantos años más tarde al México actual.
La región que ocupa Quintana Roo en el oriente de la península, habiendo surgido del mar hace millones de años, tiene un suelo sumamente plano y calizo como el resto de la península, y sus ríos, curiosamente fluyen por debajo de la tierra emergiendo ocasionalmente en los interesantísimos cenotes en donde, debido a las erosiones que causa el correr de las aguas bajo la piedra caliza, las aguas afloran, a veces en redondos pozos de agua cristalina, y en ocasiones en interesantes cavernas que los mayas -hasta la fecha- consideran sagradas.
Una gran barrera de coral cercana al litoral da cabida a la formación a pequeños islotes y bancos -actualmente reservas protegidas- que al albergar infinidad de especies son verdaderos tesoros que la humanidad debe proteger. La Isla Contoy y el Banco Chinchorro pueden ser ejemplos de ello.
Esta región, sobra decir, que fue una de las más pobladas del Imperio Maya; y que los vestigios de sus misteriosamente desaparecidas ciudades, nos siguen impresionando hasta la actualidad con tan sus interesantes monumentos y edificaciones. Lo inquietante de sus nombres: Chacchobén, Chakanbakán, Chamax, Cobá, Dzibanché, Ichpaatán, Kohunlich, Muyil, Oxtankáh, Tankáh, Tulum, Tupak, Xel Há, Xcaret, suenan tan lejanos y musicales como misteriosos, y nos hacen viajar a otros mundos de los que todavía hay mucho que aprender.
Al norte y al poniente del Territorio de Quintana Roo, declarado Estado apenas en 1974, aparecen Yucatán y Campeche como cortados por el trazo hecho en un mapa sobre el escritorio de algún legislador.
Por el sur, el Río Hondo y unas mojoneras en los cerros, definen sus fronteras con Belice y Guatemala. Las playas del Oriente -que son las de presumir- están bañadas por las azules aguas del Caribe tropical.
Sin embargo toda esta belleza, año con año se ve amenazada por terribles tormentas y ciclones. En 1955 el huracán Janet destruyó casi por completo la ciudad de Chetumal y todo el sur del estado; de hecho su historia se escribe como “antes y después del Janet”. Últimamente, hace ya casi cuatro años el Dean barrió con selvas y playas de todo el estado. Gilberto en 1988, Emily, Stan y Wilma en 2005 son algunos de los huracanes que en tiempos recientes han azotado esta bella costa.
Dos hermosas islas: Mujeres y Cozumel son el emblema que ampara la belleza de los territorios marítimos de Quintana Roo que una vez fueron refugio de piratas y conquistadores que, de cuando en cuando se ocupaban de asolar a tierras y habitantes del Mayab. Montaigne, preocupado por estas fechorías, y opuesto a las conquistas, ya reclamaba en sus “Ensayos” que “se estaba convirtiendo a la esclavitud a hombres que desde siempre habían sido libres”.
En fin; cosas fueron, cosas pasaron, pero la realidad es que actualmente, fuera de piratas, conquistadores y ciclones, Quintana Roo es un lugar tan perdido en uno de los extremos de nuestro país, tan lleno de belleza que bien vale la pena recorrer calmadamente, empapándonos de los tesoros de los mayas y deleitándonos con los paisajes sorprendentes de cada uno de los lugarcitos que aún pueden ser “descubiertos” al recorrer el territorio con una mente inquieta y ávida de sorpresas. Se los recomiendo.
deviajesyaventuras@informador.com.mx