Suplementos
De viajes y aventuras
Los Jardines Botánicos de Vallarta
No es nada mala idea el desafanarse de vez en cuando de los tinos y los desatinos del bullicioso Puerto Vallarta.
Nada mal estaría dejar uno de los días de la vacación, para agarrar temprano el coche y dirigirse con toda calma a recorrer la curvosa carretera del sur de la bahía, para disfrutar con toda calma el paseo por la costera y las gratas sorpresas que -teniendo el ojo alerta y el espíritu sensible- encontraremos en rincones que quizás por su humildad y nuestras prisas, una y mil veces hemos pasado sin notarlos.
Hermosas vistas de la costa aparecían en cada curva. Las luces incisivas de la mañana penetraban en el mar haciendo que brillara. Batallones de pelícanos dirigiéndose hacia el norte enmarcaban los paisajes marineros.
Selvas garapiñadas de matujos típicos de los lugares tropicales se agolpaban en los cerros del otro lado. Vivaldi (el prete rosso) con sus fugas de violín brotaban del radio de la camioneta. Un hermoso halcón de cola roja, haciendo cabriolas muy bajas en busca de su presa, nos hizo reparar en un pequeño letrero que mostrando una desviación a la derecha señalaba “A los Jardines Botánicos de Vallarta”.
Como interesante sonaba la cosa… freno, luces intermitentes y vuelta rápida fueron de inmediato ejecutadas por el piloto temerario. Un portón abierto y una palapita más delante con un recepcionista muy amable fue la primera impresión.
Posters explicativos del lugar y frasquitos de diferentes tamaños acomodados sobre una mesa y las palabras de bienvenida del anfitrión, nos hicieron sentir que era a nosotros a quien ansiosamente esperaban. ¡Buen comienzo…! pensamos.
Sombrero, chores, cámaras, loción del sol y emoción por ver las exóticas plantas de la colección era nuestro bagaje para explorar aquel lugar entre la selva tropical, donde se recopilan plantas, que aún siendo nativas, las vemos como exóticas.
Al dar los primeros pasos entre las veredas… jejenes, barriletes (de esos que dejan un puntito de sangre donde pican) y zancudos de cuanta especie pueda haber, mapeando rápidamente nuestras humanidades, cual “tormenta del desierto”, sin piedad descargaron sus misiles en nuestras espaldas, piernas y orejas.
Al regresar a comprar uno de los pomitos que nos habían ofrecido a la entrada, doy por descontado que rompimos la barrera del sonido; el famoso Mach 1 fue el delicioso paliativo de nuestros pesares, permitiéndonos embijar a gran velocidad el cuerpo entero con la melaza transparente que antes habíamos despreciado.
Confiando en la nueva protección, delicia fue dedicarnos a ver y admirar todo lo que Roberto “Bob” Price -admirable, grandulón, sudoroso e hiperactivo gringo- ha conseguido hacer en este selvático lugar.
Plantas nativas de la región que están peligrando a causa de la voracidad de la especie humana, ahí están. Plantas que solo se pueden ver internándose en el monte, ahí están. Orquídeas, las más extrañas y exóticas, ahí están. Caminar por un lugar seguro, disfrutando las bellezas de nuestras selvas tropicales es un privilegio gracias a la dedicación de Price.
En este Jardín Botánico se puede realizar en un interesantísimo paseo por las veredas -unas en el monte y otras a la vera de Río Horcones- para terminar frente a una monumental y refrescante “margarita” de las que sirven en el balcón del restaurante. Pero tengo que advertirles que en el lugar, de dos cosas hay que cuidarse por ser muy peligrosas: Una es, de los “inséctilos volaloles” de los que ya hablamos; Y otra… de las margaritas que sirven en el restaurante.
El calor del ambiente; la sed; la deshidratación; la magnífica atención de los meseros; el ambiente amable del lugar y… y la enorme margarita servida en una apetitosa copa con hielitos frappé flotando con una media naranja ensartada en los bordes salados de la copa… pudiera llegar a ser punto menos que mortal. Tanto glamour en una copa, puede disfrazar el brebaje menos esperado en el contenido. Si en la curtida -y heroica en más de mil batallas- garganta de éste humilde servidor hizo efecto demoledor, pa`que les cuento lo que causó en mi compañera de aventuras.
¡Aguas con las margaritas que florecen en esta selva…!
Pese a todo esto, mucho vale la pena visitar este lugar que con su ejemplo, esfuerzos y arrojo, Bob Price ha podido lograr en ese rinconcito de nuestro México Desconocido.
Gracias Bob, por enseñarnos tanta maravilla que tenemos escondidas en las tierras mexicanas.
deviajesyaventuras@informador.com.mx
Nada mal estaría dejar uno de los días de la vacación, para agarrar temprano el coche y dirigirse con toda calma a recorrer la curvosa carretera del sur de la bahía, para disfrutar con toda calma el paseo por la costera y las gratas sorpresas que -teniendo el ojo alerta y el espíritu sensible- encontraremos en rincones que quizás por su humildad y nuestras prisas, una y mil veces hemos pasado sin notarlos.
Hermosas vistas de la costa aparecían en cada curva. Las luces incisivas de la mañana penetraban en el mar haciendo que brillara. Batallones de pelícanos dirigiéndose hacia el norte enmarcaban los paisajes marineros.
Selvas garapiñadas de matujos típicos de los lugares tropicales se agolpaban en los cerros del otro lado. Vivaldi (el prete rosso) con sus fugas de violín brotaban del radio de la camioneta. Un hermoso halcón de cola roja, haciendo cabriolas muy bajas en busca de su presa, nos hizo reparar en un pequeño letrero que mostrando una desviación a la derecha señalaba “A los Jardines Botánicos de Vallarta”.
Como interesante sonaba la cosa… freno, luces intermitentes y vuelta rápida fueron de inmediato ejecutadas por el piloto temerario. Un portón abierto y una palapita más delante con un recepcionista muy amable fue la primera impresión.
Posters explicativos del lugar y frasquitos de diferentes tamaños acomodados sobre una mesa y las palabras de bienvenida del anfitrión, nos hicieron sentir que era a nosotros a quien ansiosamente esperaban. ¡Buen comienzo…! pensamos.
Sombrero, chores, cámaras, loción del sol y emoción por ver las exóticas plantas de la colección era nuestro bagaje para explorar aquel lugar entre la selva tropical, donde se recopilan plantas, que aún siendo nativas, las vemos como exóticas.
Al dar los primeros pasos entre las veredas… jejenes, barriletes (de esos que dejan un puntito de sangre donde pican) y zancudos de cuanta especie pueda haber, mapeando rápidamente nuestras humanidades, cual “tormenta del desierto”, sin piedad descargaron sus misiles en nuestras espaldas, piernas y orejas.
Al regresar a comprar uno de los pomitos que nos habían ofrecido a la entrada, doy por descontado que rompimos la barrera del sonido; el famoso Mach 1 fue el delicioso paliativo de nuestros pesares, permitiéndonos embijar a gran velocidad el cuerpo entero con la melaza transparente que antes habíamos despreciado.
Confiando en la nueva protección, delicia fue dedicarnos a ver y admirar todo lo que Roberto “Bob” Price -admirable, grandulón, sudoroso e hiperactivo gringo- ha conseguido hacer en este selvático lugar.
Plantas nativas de la región que están peligrando a causa de la voracidad de la especie humana, ahí están. Plantas que solo se pueden ver internándose en el monte, ahí están. Orquídeas, las más extrañas y exóticas, ahí están. Caminar por un lugar seguro, disfrutando las bellezas de nuestras selvas tropicales es un privilegio gracias a la dedicación de Price.
En este Jardín Botánico se puede realizar en un interesantísimo paseo por las veredas -unas en el monte y otras a la vera de Río Horcones- para terminar frente a una monumental y refrescante “margarita” de las que sirven en el balcón del restaurante. Pero tengo que advertirles que en el lugar, de dos cosas hay que cuidarse por ser muy peligrosas: Una es, de los “inséctilos volaloles” de los que ya hablamos; Y otra… de las margaritas que sirven en el restaurante.
El calor del ambiente; la sed; la deshidratación; la magnífica atención de los meseros; el ambiente amable del lugar y… y la enorme margarita servida en una apetitosa copa con hielitos frappé flotando con una media naranja ensartada en los bordes salados de la copa… pudiera llegar a ser punto menos que mortal. Tanto glamour en una copa, puede disfrazar el brebaje menos esperado en el contenido. Si en la curtida -y heroica en más de mil batallas- garganta de éste humilde servidor hizo efecto demoledor, pa`que les cuento lo que causó en mi compañera de aventuras.
¡Aguas con las margaritas que florecen en esta selva…!
Pese a todo esto, mucho vale la pena visitar este lugar que con su ejemplo, esfuerzos y arrojo, Bob Price ha podido lograr en ese rinconcito de nuestro México Desconocido.
Gracias Bob, por enseñarnos tanta maravilla que tenemos escondidas en las tierras mexicanas.
deviajesyaventuras@informador.com.mx