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De poder a poder
Afirman que el hombre puede salvarse así mismo y, por tanto, Dios no es necesario
Hoy por hoy proliferan las corrientes de pensamiento, ideologías y pseudo religiones que tienen como característica común, el poner al centro de ellas al ser humano. Parten de la base de una afirmación por demás falsa y engañosa, de la que sus líderes, pastores, guías o como se autollamen, se ponen de ejemplo y dan testimonio de ellos: tener grandes poderes y asegurar que todo ser humano puede, por medio de unos principios básicos que se aprenden fácilmente, lograrlo también.
Muchos investigadores y estudiosos de este fenómeno han llegado a la conclusión de que la manera en que se desenvuelven es realmente engañosa y muchas veces malévola, ya que generalmente con sus técnicas dolosas de proselitismo y reclutamiento atraen a personas, aprovechándose de que atraviesan por severas crisis en su vida, y por tanto, se encuentran por demás susceptibles para ser influenciadas, y además, con ello exacerban su vulnerabilidad, por lo que caen en el garlito de soluciones para cualquier situación o problema.
Generalmente, desde el inicio, el nuevo recluta es sometido a técnicas que inducen a la euforia, la cual suscita un tipo de adicción a la producida por drogas.
Llegan a tener dominio sobre el nuevo miembro rápidamente. Dentro de las técnicas utilizadas para ejercer dominio sobre ellas, tanto mental como emocional y hasta físico, está la de prohibir cualquier contacto con toda persona hostil al movimiento, insistiendo en que existe una conspiración para destruirle, o argumentos por el estilo.
Sus principios e ideología suelen estar compuestos por elementos tomados de corrientes ajenas a la cultura, a los principios, a los valores y a la religiosidad en la que se desarrollan, tales como el hinduismo, el taoísmo, el budismo y hasta de culturas indígenas, tanto de este país como de países extranjeros, para obtener un supuesto sistema terapéutico, por lo que es difícil encuadrarla dentro de un marco religioso, aunque no son pocas las que se ostentan como religiones o iglesias. Además le entremezclan sincréticamente, elementos de diversas disciplinas como la psicoterapia, la espiritualidad, la filosofía griega, así como el pensamiento moderno de Spinoza, Schopenhauer, Nietzche y Freud, y hasta de ciencia ficción.
Y, como lo decimos al principio, su centro es el hombre, y suelen prescindir totalmente de Dios y de Su salvación. Por ello afirman que el hombre puede salvarse así mismo y, por tanto, Dios no es necesario.
La mayoría sostiene que. o bien nos parecemos a nuestro Creador, pues somos divinos, o de plano somos parte de Él --en una perspectiva de igualdad-- y podemos ser omnipotentes, y por tanto Dios no es necesario.
Estas doctrinas centradas en el hombre, como ya lo dijimos, no pueden considerarse como religiones --aunque algunas así se autoproclaman--, ya que son más un credo del hombre mismo y no de un ser trascendente. Por lo tanto, lo que proponen éstas es incompatible con la visión cristiana del hombre y del universo. Afirman que el hombre es un ser ilimitado y puede lograr cualquier cosa con la ayuda de sus respectivas técnicas, ejercicios y todo tipo de prácticas, dejando al margen la ayuda divina y por lo tanto la Gracia, la Providencia, etc., así que la salvación depende de él mismo y de los demás.
Ahora bien, los cristianos sabemos que es necesaria la ayuda de Dios y que dependemos de Él, y que nuestro fin último es la vida eterna, la trascendencia. Los seguidores de Cristo nos reconocemos débiles, frágiles, limitados, y sabemos que para lograr la salvación son necesarios el poder y la gracia de Dios.
En el pasaje evangélico de la Eucaristía de hoy, Cristo, al afirmar que TODO poder en el cielo y en la tierra le fue dado por el Padre, nos ha de convencer a los que creemos en Él, de que no hay otro poder que el de Dios, y que Él se lo concede, por su Espíritu, a quien El quiere, para ser usado conforme su plan, y no conforme a sus intereses o caprichos, y en orden a su salvación eterna. “Porque en ningún otro hay salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos, que el nombre de Jesús” (Hech 4, 12).
Por todo ello, es vital que estemos alertas y no nos dejemos engañar, rechazando todo tipo de engaño y seducción y, desde luego, formándonos en la fe, para tener los argumentos y no nos tambaleemos fácilmente ante la proliferación de este tipo de manifestaciones.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx
Muchos investigadores y estudiosos de este fenómeno han llegado a la conclusión de que la manera en que se desenvuelven es realmente engañosa y muchas veces malévola, ya que generalmente con sus técnicas dolosas de proselitismo y reclutamiento atraen a personas, aprovechándose de que atraviesan por severas crisis en su vida, y por tanto, se encuentran por demás susceptibles para ser influenciadas, y además, con ello exacerban su vulnerabilidad, por lo que caen en el garlito de soluciones para cualquier situación o problema.
Generalmente, desde el inicio, el nuevo recluta es sometido a técnicas que inducen a la euforia, la cual suscita un tipo de adicción a la producida por drogas.
Llegan a tener dominio sobre el nuevo miembro rápidamente. Dentro de las técnicas utilizadas para ejercer dominio sobre ellas, tanto mental como emocional y hasta físico, está la de prohibir cualquier contacto con toda persona hostil al movimiento, insistiendo en que existe una conspiración para destruirle, o argumentos por el estilo.
Sus principios e ideología suelen estar compuestos por elementos tomados de corrientes ajenas a la cultura, a los principios, a los valores y a la religiosidad en la que se desarrollan, tales como el hinduismo, el taoísmo, el budismo y hasta de culturas indígenas, tanto de este país como de países extranjeros, para obtener un supuesto sistema terapéutico, por lo que es difícil encuadrarla dentro de un marco religioso, aunque no son pocas las que se ostentan como religiones o iglesias. Además le entremezclan sincréticamente, elementos de diversas disciplinas como la psicoterapia, la espiritualidad, la filosofía griega, así como el pensamiento moderno de Spinoza, Schopenhauer, Nietzche y Freud, y hasta de ciencia ficción.
Y, como lo decimos al principio, su centro es el hombre, y suelen prescindir totalmente de Dios y de Su salvación. Por ello afirman que el hombre puede salvarse así mismo y, por tanto, Dios no es necesario.
La mayoría sostiene que. o bien nos parecemos a nuestro Creador, pues somos divinos, o de plano somos parte de Él --en una perspectiva de igualdad-- y podemos ser omnipotentes, y por tanto Dios no es necesario.
Estas doctrinas centradas en el hombre, como ya lo dijimos, no pueden considerarse como religiones --aunque algunas así se autoproclaman--, ya que son más un credo del hombre mismo y no de un ser trascendente. Por lo tanto, lo que proponen éstas es incompatible con la visión cristiana del hombre y del universo. Afirman que el hombre es un ser ilimitado y puede lograr cualquier cosa con la ayuda de sus respectivas técnicas, ejercicios y todo tipo de prácticas, dejando al margen la ayuda divina y por lo tanto la Gracia, la Providencia, etc., así que la salvación depende de él mismo y de los demás.
Ahora bien, los cristianos sabemos que es necesaria la ayuda de Dios y que dependemos de Él, y que nuestro fin último es la vida eterna, la trascendencia. Los seguidores de Cristo nos reconocemos débiles, frágiles, limitados, y sabemos que para lograr la salvación son necesarios el poder y la gracia de Dios.
En el pasaje evangélico de la Eucaristía de hoy, Cristo, al afirmar que TODO poder en el cielo y en la tierra le fue dado por el Padre, nos ha de convencer a los que creemos en Él, de que no hay otro poder que el de Dios, y que Él se lo concede, por su Espíritu, a quien El quiere, para ser usado conforme su plan, y no conforme a sus intereses o caprichos, y en orden a su salvación eterna. “Porque en ningún otro hay salvación, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos, que el nombre de Jesús” (Hech 4, 12).
Por todo ello, es vital que estemos alertas y no nos dejemos engañar, rechazando todo tipo de engaño y seducción y, desde luego, formándonos en la fe, para tener los argumentos y no nos tambaleemos fácilmente ante la proliferación de este tipo de manifestaciones.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj@yahoo.com.mx