Suplementos
Cultura y turismo
El turismo cultural también incluye el conocer cómo se vive, se trabaja y se convive en familia
Una alianza indispensable para incrementar el flujo de visitantes a nuestro país. Sin embargo, el término de turismo cultural no se debe de entender como un aspecto, ni arqueológico ni histórico. Los que saben del tema, nos han enseñado que la cultura es mucho más que eso, es lo que hace ser a un pueblo, es su historia, pero también su presente, y de igual modo su futuro. Tanto lo que se ha realizado, materialmente, como sus costumbres y tradiciones.
Es el espíritu de una comunidad. Es la manera en que hace e interpreta el mundo en el que vive. Incluye una cosmovisión de su existencia.
Por tanto el turismo cultural no puede caer en sólo atraer viajeros a que disfruten de las zonas arqueológicas, o visitar museos y templos coloniales. Si somos más incluyentes, diremos que lo más interesante debe de resultar venir a ver a la gente que habita estas tierra, que conozcan el cómo se vive, se trabaja y se convive en familia. A que se prueben los alimentos y se disfruten de las maneras de divertir y practicar deportes.
La cultura la hacen las personas. Es el cultivo de los modos y formas de hacer la vida cotidiana.
Si replanteamos el concepto, es tan importante que visiten una pirámide, como recorran los pasajes de un tianguis, visiten el restaurante típico de la localidad y convivan con los festejados en un cumpleaños de pueblo.
La cultura es irreductible, abarca todo lo que acontece y sucede en una población.
Los turistas quieren conocer la realidad de los otros pueblos y de las otras culturas.
Eso es lo que buscan, y por eso debemos de enfocarnos a que el turismo cultural sea algo más que zonas arqueológicas y espacios históricos.
Son las personas y sus costumbres lo que puede ser atractivo, no sólo los viejos espacios en dónde habitaron nuestros ancestros.
El turismo también busca el presente vivo, la gente en su ir y venir. En lo que cree y hace.
Seamos inclusivos y pensemos el gran valor humano que tenemos en nuestro país.
Eso también es sumamente interesante conocerlo.
¿O no?
Por: Guillermo Dellamary
Es el espíritu de una comunidad. Es la manera en que hace e interpreta el mundo en el que vive. Incluye una cosmovisión de su existencia.
Por tanto el turismo cultural no puede caer en sólo atraer viajeros a que disfruten de las zonas arqueológicas, o visitar museos y templos coloniales. Si somos más incluyentes, diremos que lo más interesante debe de resultar venir a ver a la gente que habita estas tierra, que conozcan el cómo se vive, se trabaja y se convive en familia. A que se prueben los alimentos y se disfruten de las maneras de divertir y practicar deportes.
La cultura la hacen las personas. Es el cultivo de los modos y formas de hacer la vida cotidiana.
Si replanteamos el concepto, es tan importante que visiten una pirámide, como recorran los pasajes de un tianguis, visiten el restaurante típico de la localidad y convivan con los festejados en un cumpleaños de pueblo.
La cultura es irreductible, abarca todo lo que acontece y sucede en una población.
Los turistas quieren conocer la realidad de los otros pueblos y de las otras culturas.
Eso es lo que buscan, y por eso debemos de enfocarnos a que el turismo cultural sea algo más que zonas arqueológicas y espacios históricos.
Son las personas y sus costumbres lo que puede ser atractivo, no sólo los viejos espacios en dónde habitaron nuestros ancestros.
El turismo también busca el presente vivo, la gente en su ir y venir. En lo que cree y hace.
Seamos inclusivos y pensemos el gran valor humano que tenemos en nuestro país.
Eso también es sumamente interesante conocerlo.
¿O no?
Por: Guillermo Dellamary