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Cuaresma es tiempo de conversión

Los padres son los primeros educadores de los hijos

     Mucho hemos insistido en que los padres son los primeros educadores de los hijos, y que de poco o nada vale que les digan y les repitan lo que es bueno, lo que deben hacer, lo que hay que evitar, si los mismos niños no ven el ejemplo actuado en sus mayores.

     Pero es hora que ni los chicos ven buenos ejemplos, y ni siquiera se les dice por dónde va el camino de la rectitud, de la sinceridad y de la honrdez.

     A lo mejor hemos cargado la tinta en aspectos negativos, no por desconocer u olvidar que también hay familias muy buenas y padres conscientes y ejemplares que son modelos de vida para las nuevas generaciones.

     En el tiempo de cuaresma, cada año se invita a todos los cristianos a renovar la vida, primeramente volviendo a Dios con todo el corazón.

     La Conversión es una gran oportunidad como cuando se dedica un tiempo especial a limpiar la casa, a reacomodar y a dar una nueva distribución a los espacios.

     En el interior de la persona también se da esa posibilidad de arreglar y reacomodar lo que llevamos en el alma. Lo que vivimos en el presente trae consigo el sedimento de lo que ha sido nuestro pasado y jala muy fuerte la proyección hacia el futuro.

     Decidir qué es lo que de nuestro pasado queremos llevar al futuro, es lo que implica la Conversión en estos días previos a la Pascua.

     El Padre Santiago Alberione tenía muy fuerte la convicción de que es preciso vivir continuamente en conversión, así como la persona que lleva el volante tiene que estar constantemente verificando y rectificando su direccional.

     Por eso nos damos cuenta de que la Cuaresma no es el único tiempo fuerte en el cual se nos invita a la Conversión, o sea  analizar qué queremos de la vida y hacia dónde vamos.

     Esta actitud también va a ser decisiva en la educación de la familia. Y repetimos: no tanto con palabras, sino con ejemplos.

     Querer hacer a un lado a Dios a la hora de elaborar nuestros proyectos, o ignorarlo en el momento de las evaluaciones, es el error más grande que constatamos en la actualidad.

     Por eso vemos que luego se nos desmoronan los planes, porque les falta consistencia a nuestros propósitos.

     Muchas veces escuchamos “sí se puede”, “tú puedes” y no es mentira; sí podemos, siempre y cuando nos apoyemos en la gracia de Dios, que es el que da lucidez y fuerza, el que indica claramente por dónde va el camino.

     Apoyarnos en el aspecto humano de la persona para realizar planes magníficos, es querer levantar un edificio inconsistente, pues falta la parte más importante del mismo ser humano: la parte espiritual y la ayuda divina, que da alas a todos nuestros ideales.

     Hoy vamos a intentar una oración de Conversión:  

Señor, quiero volver a ti

cada mañana, quiero mirarte

en cada acontecer, para que tú refuerces

mis ánimos y guíes mis pasos

hacia objetivos buenos, bellos y santos.

Que sea yo elemento vivo

en la construcción de un reino

donde brillen la paz y la justicia

y se haga presente para todos

el amor que has venido a enseñarnos.

Señor, quiero volver a Ti

y estar contigo, y si mis pasos se desvían,

ayúdame a volver por ti camino,

porque sé muy bien que yo solo

no podré realizar aquello que anhelo

y que mis gozos serán como castillos

de arena que borra la marea.

Señor, quiero volver a ti,

en una actitud serena de conversión

continua, que renueva

y que engendre cada día

una nueva alegría de vivir.

De la misma forma que en Año Nuevo nos deseamos felicidades. ahora en

Cuaresma podríamos desearnos Conversión y pedirla a Dios unos por otros.

María Belén Sánchez fsp

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