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Conozcamos la palabra de Dios
La causa de raíz a lo plantado y a muchas cuestiones más
¿Quién en la historia de la humanidad, siendo hombre o mujer de bien, no ha anhelado tener una vida de paz, de armonía, de convivencia fraterna y de progreso con justicia?
Yo estoy convencido de que la mayoría de seres humanos lo ha hecho, y baso mi convicción en mi propia experiencia de vida, y en las afirmaciones de muchos pensadores, estudiosos, líderes sociales o empresariales, obereros y religiosos, que afirman que los seres humanos que no son de bien, sino que consciente o inconscientemente viven haciendo y buscando el mal, en realidad son una minoría.
Ciertamente, es considerable el número de personas que con buena intención --tal vez no tan recta o pura-- busca su bien y se equivoca de camino, de medios o de decisiones, y provoca el mal a los demás o a sí mismo.
Si no es por maldad, entonces ¿dónde están las fallas que provocan que el resultado de una acción sea perjudicial, suscite violencia, injusticia, sufrimiento de todo tipo y hasta, tal vez, la muerte de inocentes?
¿Cuáles son las causas --por ejemplo-- de que aquellos que buscan la felicidad o el placer, tal vez con la creencia de que por ser humanos tienen derecho a ellas, lo hagan por caminos equivocados como las drogas, el alcohol, el sexualismo, etc., que al final les llevará a un desenlace fatal, tanto en calidad de vida como en la forma de morir?
¿Por qué se suscitan en nuestro medio --buscando un falso “bien”-- se suscitan tantas injusticias, abusos, corruptelas, etc., muchas de ellas cometidas en el disimulo “debajo del agua”, par no afectar un falso prestigio o fama ante la sociedad o ante determinados grupos humanos, actuando hipócritamente, incluso personas que aparentan ser religiosas y de conducta intachable?
¿Cuál es la causa profunda de que estemos viviendo en una sociedad, en un país, en un mundo sometido a una constante zozobra, temores y angustias, ante una situación sumamente delicada de inseguridad, corrupción, violenta extrema, delincuencia, constantes violaciones a los derechos humanos, y percibimos que en cualquier momento lo que hasta ahora se ha logrado, se ha construido, se puede derrumbar, desmoronar?
Aunque no son nuestros campos, podríamos señalar causas de todo tipo: sociales, políticas, culturales y hasta de creencias religiosas, que responderían, aunque sólo parcialmente, a las preguntas que nos hemos planteado en este artículo.
Sin embargo, queremos ir a la raíz de todo, y no sólo porque se trata de una página de Fe, sino porque estamos convencidos de ello y lo hemos constatado en nuestra experiencia de vida.
En el pasaje evangélico que la Iglesia nos propone para este domingo, encontramos la respuesta, la causa de raíz a lo plantado y a muchas cuestiones más, pues se trata de una enseñanza fundamental de Jesucristo, quien nos dice que, si no fincamos nuestra vida en lo personal, como familias, como sociedades, como países y como comunidad internacional, sobre roca firme, lo que se construya --incluyendo la paz, el entendimiento, la cooperación, el progreso, los instrumentos de justicia y de dignificación del ser humano, etc.-- se vendrá abajo, se destruirá en cuanto vengan los vientos, las tempestades, las crecidas de los ríos.
En otras palabras, si no construimos nuestra propia vida y contribuimos a que los que nos rodean lo hagan poniendo los cimientos sobre esa roca que es Jesucristo, todo será en vano, no sólo para una vida eterna de felicidad o de sufrimiento, sino desde la vida en esta tierra.
Y,¿cómo hacerlo? Jesús mismo lo dice en dicho pasaje: “Todo el que escucha mis palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su vida sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca” (Mt 7, 24-25).
Podemos deducir con esto lo que le sucede al que actúa en contrario, o bien conocerlo leyando el pasaje de referencia.
Conclusión: Conozcamos la Palabra de Dios y con ella su salvación, pongámosla en práctica en el espíritu del capítulo nuevo del amor, y todo cambiará, empezando con nosotros mismos y en nuestro entorno.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfco@yahoo.com.mx
Yo estoy convencido de que la mayoría de seres humanos lo ha hecho, y baso mi convicción en mi propia experiencia de vida, y en las afirmaciones de muchos pensadores, estudiosos, líderes sociales o empresariales, obereros y religiosos, que afirman que los seres humanos que no son de bien, sino que consciente o inconscientemente viven haciendo y buscando el mal, en realidad son una minoría.
Ciertamente, es considerable el número de personas que con buena intención --tal vez no tan recta o pura-- busca su bien y se equivoca de camino, de medios o de decisiones, y provoca el mal a los demás o a sí mismo.
Si no es por maldad, entonces ¿dónde están las fallas que provocan que el resultado de una acción sea perjudicial, suscite violencia, injusticia, sufrimiento de todo tipo y hasta, tal vez, la muerte de inocentes?
¿Cuáles son las causas --por ejemplo-- de que aquellos que buscan la felicidad o el placer, tal vez con la creencia de que por ser humanos tienen derecho a ellas, lo hagan por caminos equivocados como las drogas, el alcohol, el sexualismo, etc., que al final les llevará a un desenlace fatal, tanto en calidad de vida como en la forma de morir?
¿Por qué se suscitan en nuestro medio --buscando un falso “bien”-- se suscitan tantas injusticias, abusos, corruptelas, etc., muchas de ellas cometidas en el disimulo “debajo del agua”, par no afectar un falso prestigio o fama ante la sociedad o ante determinados grupos humanos, actuando hipócritamente, incluso personas que aparentan ser religiosas y de conducta intachable?
¿Cuál es la causa profunda de que estemos viviendo en una sociedad, en un país, en un mundo sometido a una constante zozobra, temores y angustias, ante una situación sumamente delicada de inseguridad, corrupción, violenta extrema, delincuencia, constantes violaciones a los derechos humanos, y percibimos que en cualquier momento lo que hasta ahora se ha logrado, se ha construido, se puede derrumbar, desmoronar?
Aunque no son nuestros campos, podríamos señalar causas de todo tipo: sociales, políticas, culturales y hasta de creencias religiosas, que responderían, aunque sólo parcialmente, a las preguntas que nos hemos planteado en este artículo.
Sin embargo, queremos ir a la raíz de todo, y no sólo porque se trata de una página de Fe, sino porque estamos convencidos de ello y lo hemos constatado en nuestra experiencia de vida.
En el pasaje evangélico que la Iglesia nos propone para este domingo, encontramos la respuesta, la causa de raíz a lo plantado y a muchas cuestiones más, pues se trata de una enseñanza fundamental de Jesucristo, quien nos dice que, si no fincamos nuestra vida en lo personal, como familias, como sociedades, como países y como comunidad internacional, sobre roca firme, lo que se construya --incluyendo la paz, el entendimiento, la cooperación, el progreso, los instrumentos de justicia y de dignificación del ser humano, etc.-- se vendrá abajo, se destruirá en cuanto vengan los vientos, las tempestades, las crecidas de los ríos.
En otras palabras, si no construimos nuestra propia vida y contribuimos a que los que nos rodean lo hagan poniendo los cimientos sobre esa roca que es Jesucristo, todo será en vano, no sólo para una vida eterna de felicidad o de sufrimiento, sino desde la vida en esta tierra.
Y,¿cómo hacerlo? Jesús mismo lo dice en dicho pasaje: “Todo el que escucha mis palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su vida sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca” (Mt 7, 24-25).
Podemos deducir con esto lo que le sucede al que actúa en contrario, o bien conocerlo leyando el pasaje de referencia.
Conclusión: Conozcamos la Palabra de Dios y con ella su salvación, pongámosla en práctica en el espíritu del capítulo nuevo del amor, y todo cambiará, empezando con nosotros mismos y en nuestro entorno.
Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfco@yahoo.com.mx