Suplementos
Concordia
A 45 kilómetros de Mazatlán se encuentra un bizarro poblado conocido como Concordia
A solo unos 45 kilómetros de Mazatlán, tierra adentro y rumbo noroeste, se encuentra un bizarro poblado conocido como “Concordia”.
Nos alejamos del puerto con dirección a Villa Unión, sitio donde Bernardo Corvera impulsó una gran industria textil, que posteriormente la cambió a Guadalajara y la llamó “Corvera Textil”. Del lugar de telares y lanzaderas seguimos el camino a Durango, luego de recorrer veinte kilómetros de praderas embellecidas por amapas floridas, que ostentaban de ramilletes amarillos, nos adentramos a un agradable caserío blanco y de colores pastel, con vanos verticales, enmarcados con bordes salientes y rematados sobriamente, las puertas con dos hojas y las ventanas con forja, las cornisas dentadas y los tejabanes a dos aguas, estábamos en la sosegada y atractiva Concordia. Fundada en 1563 por Francisco de Ibarra, con el nombre de San Sebastián, nació en 1539 en Guipúzcoa, provincia de Las Vascongadas y capital de San Sebastián. Destacado colonizador, quien desde 1554 fundó varios asentamientos en el norte de Zacatecas. Para 1562, Carlos V lo nombró adelantado y capitán de Nueva Vizcaya. De 1563 a 1567 fundó más poblados, entre ellos San Sebastián, en honor a su querido terruño, fue evocado por ser amable con los naturales. Después se dedicó a la agricultura y minería, murió a sus escasos 36 años. Con el tiempo se fueron levantando bonitas casas y al pueblo ya conformado se le llamó Villa de San Sebastián. Para 1828 se le dio el titulo de Ciudad Concordia.
Al bajar del coche nos cautivó el hermoso templo de San Sebastián, del siglo XVIII y de estilo barroco. Canteras rosas manifiestan la maravillosa portada, la entrada es en arco de medio punto, con dos columnas corintias por lado, las columnas se repiten en el segundo cuerpo, abrazando la ventana coral, es vertical y goza de un bello marco con medias cañas, simulando rayos luminosos. Arriba de la cornisa posa San Sebastián y otros santos, el muro fue delimitado por volutas. Del lado izquierdo admiramos el señorial campanario, de planta cuadrada y de un solo cuerpo, con un vano arqueado por cara, enmarcado por basa, media columna y capitel, en cada esquina hay una fabulosa columna que en su centro muestra una reducción, como empalme de dos columnas. Por remate una elegante cúpula por arista y con linterna. Luego vimos el palacio municipal con su pórtico y cuartos salientes, de vanos arqueados.
Caminamos con placer por la alegre plaza y miramos un carro de mina rojo cargado con piedras, indicándonos que nos encontrábamos en zona minera. Y a un lado vimos una enorme mecedora de madera dura, con algunas partes torneadas y con asiento y respaldo de baqueta, material fresco para cuando el calor se deja sentir, mueble que simboliza las preciosas artesanías que se elaboran en el antiguo San Sebastián. Apreciamos varias artesanías en algunas tiendas; muebles coloniales, sin faltar las cómodas poltronas, alfarería de barro, jarcería, sillas de montar, sombreros de palma y mascaras de madera. Entramos a un taller textil y observamos en telares de pie, una cobija y otra que sería sarape, en un clavijero había morrales de lana y en una vitrina ceñidores.
Cofradía es famosa también por sus balnearios de agua caliente y ferruginosa, tales como: Garate, Aurora y Santa Fe.
Nos alejamos del puerto con dirección a Villa Unión, sitio donde Bernardo Corvera impulsó una gran industria textil, que posteriormente la cambió a Guadalajara y la llamó “Corvera Textil”. Del lugar de telares y lanzaderas seguimos el camino a Durango, luego de recorrer veinte kilómetros de praderas embellecidas por amapas floridas, que ostentaban de ramilletes amarillos, nos adentramos a un agradable caserío blanco y de colores pastel, con vanos verticales, enmarcados con bordes salientes y rematados sobriamente, las puertas con dos hojas y las ventanas con forja, las cornisas dentadas y los tejabanes a dos aguas, estábamos en la sosegada y atractiva Concordia. Fundada en 1563 por Francisco de Ibarra, con el nombre de San Sebastián, nació en 1539 en Guipúzcoa, provincia de Las Vascongadas y capital de San Sebastián. Destacado colonizador, quien desde 1554 fundó varios asentamientos en el norte de Zacatecas. Para 1562, Carlos V lo nombró adelantado y capitán de Nueva Vizcaya. De 1563 a 1567 fundó más poblados, entre ellos San Sebastián, en honor a su querido terruño, fue evocado por ser amable con los naturales. Después se dedicó a la agricultura y minería, murió a sus escasos 36 años. Con el tiempo se fueron levantando bonitas casas y al pueblo ya conformado se le llamó Villa de San Sebastián. Para 1828 se le dio el titulo de Ciudad Concordia.
Al bajar del coche nos cautivó el hermoso templo de San Sebastián, del siglo XVIII y de estilo barroco. Canteras rosas manifiestan la maravillosa portada, la entrada es en arco de medio punto, con dos columnas corintias por lado, las columnas se repiten en el segundo cuerpo, abrazando la ventana coral, es vertical y goza de un bello marco con medias cañas, simulando rayos luminosos. Arriba de la cornisa posa San Sebastián y otros santos, el muro fue delimitado por volutas. Del lado izquierdo admiramos el señorial campanario, de planta cuadrada y de un solo cuerpo, con un vano arqueado por cara, enmarcado por basa, media columna y capitel, en cada esquina hay una fabulosa columna que en su centro muestra una reducción, como empalme de dos columnas. Por remate una elegante cúpula por arista y con linterna. Luego vimos el palacio municipal con su pórtico y cuartos salientes, de vanos arqueados.
Caminamos con placer por la alegre plaza y miramos un carro de mina rojo cargado con piedras, indicándonos que nos encontrábamos en zona minera. Y a un lado vimos una enorme mecedora de madera dura, con algunas partes torneadas y con asiento y respaldo de baqueta, material fresco para cuando el calor se deja sentir, mueble que simboliza las preciosas artesanías que se elaboran en el antiguo San Sebastián. Apreciamos varias artesanías en algunas tiendas; muebles coloniales, sin faltar las cómodas poltronas, alfarería de barro, jarcería, sillas de montar, sombreros de palma y mascaras de madera. Entramos a un taller textil y observamos en telares de pie, una cobija y otra que sería sarape, en un clavijero había morrales de lana y en una vitrina ceñidores.
Cofradía es famosa también por sus balnearios de agua caliente y ferruginosa, tales como: Garate, Aurora y Santa Fe.