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Compañero, Intercesor, Maestro, Consolador

Además de ser un compañero y un intercesor, el Espíritu Santo quedó en la tierra con la tarea de seguir enseñando a los discípulos

     En unos cuantos versículos el Señor Jesús describió ampliamente el ministerio del Espíritu Santo, el cual llevaría a cabo una vez que el Salvador fuera recibido en el cielo, y tomara su lugar a la derecha del Padre. En el evangelio de San Juan 14, 23-29, Jesús menciona varios aspectos relacionados con el Espíritu Santo.
     Compañero.- Jesús sabía que después de su partida sus discípulos se sentirían solos, pues habían pasado con Él los últimos 42 meses, y repentinamente su Maestro los dejaría en la tierra para llevar a cabo su misión. Por eso Jesús les dijo “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y en él haremos morada” ¿Cómo era posible que el Padre y el Hijo pudieran morar en el interior de los discípulos que guardaran las palabras de Jesús? A través de la presencia palpable del Espíritu Santo dentro de ellos; de esta manera nunca se sentirían solos, incluso en los tiempos más difíciles, porque el Espíritu Santo sería su compañero.
      Intercesor.- En el versículo 26, Jesús menciona al Espíritu Santo con otro nombre, le llama el intercesor, y con esto da a entender uno de sus oficios, que consiste en acercar a los hombres con Dios de una manera correcta. En su papel de intercesor, es el Espíritu Santo quien convence a las personas de que son pecadoras, para que se vuelvan a Dios y sean perdonadas; y una vez que esta persona es un creyente, el Espíritu Santo le ayuda a orar y a pedir conforme a la voluntad de Dios
     Maestro.- Además de ser un compañero y un intercesor, el Espíritu Santo quedó en la tierra con la tarea de seguir enseñando a los discípulos y recordándoles las palabras que Jesús les había dicho. Fue Él quien ayudó a los evangelistas a recordar y a escribir el contenido de sus evangelios, y fue Él quien ayudó a los discípulos a permanecer en la verdad de las palabras de Jesús, y a enseñarlas correctamente a los nuevos creyentes que se iban agregando a la Iglesia.
     Consolador.- Aunque en los versículos que estamos considerando no se menciona que el Espíritu Santo sea un Consolador, hay otras partes de los evangelios en donde Jesús le llama por este nombre, y en el pasaje de este domingo este oficio se encuentra implícito en las palabras de Jesús cuando dice: “Os dejo la paz, os doy la paz mía; no os doy Yo como da el mundo. No se turbe vuestro corazón, ni se amedrente”. Esto significa que la verdadera paz sólo puede venir de tener con nosotros a un Consolador.
     Aunque en el lenguaje español la palabra “consolador” puede dar a entender que es alguien que se acerca para mostrar compasión por el que sufre, en el griego original la palabra que se tradujo como consolador es “parakleto”, la cual tiene un significado muy interesante. En aquellos tiempos, el parakleto era una especie de abogado defensor, que se ponía de pie junto al acusado para ayudarle a defenderse en un juicio público.
     El parakleto estaba autorizado para presentar todo tipo de pruebas y llamar a todo testigo que fuera necesario para ayudar a quien tenía a su lado. El otro detalle es que generalmente se trataba de un amigo muy cercano al acusado, por lo que no esperaba que el acusado le pagara por sus servicios, y por tratarse de un amigo cercano, era muy confortador tener al lado a alguien en quien apoyarse para enfrentar el temor de las acusaciones de los demás.
Todo esto describe lo que el Espíritu Santo sigue haciendo con los creyentes de hoy.

Ángel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com

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