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Ciencia
Jorge Wagensberg contra el borrego de Valencia, o el gozo intelectual
Entrevista con el creador de la colección Metatemas de editorial Tusquets. La conclusión era clara para Jorge Wagensberg. El museo “La Caixa” de ciencia había sido sepultado por la más dispar colección de cráneos cedidos por un coleccionista privado. Tras ensayar distintos modos de acomodo, finalmente se decidió ejemplificar cómo en los cráneos de las presas los ojos están distribuidos a cada lado, nunca mirando al frente como es el caso de los depredadores. La explicación no podía ser otra que los animales pasando el día pastando debían tener el mayor grado de visión posible, mientras que los depredadores están obligados a fijar a su víctima merced de la visión “estereoscópica”, permitiendo calcular mejor las distancias. Aquello, repito, parecía satisfactorio para todo el mundo, hasta que el mesero acercando la botella con la cual planeaban celebrar la feliz conclusión, hace un comentario aparentemente inocente: “Disculpe, pero yo soy de Mallorca”. El relato se preparaba aquí para dar un giro sorprendente. Jorge Wagensberg nos convence cómo es imposible aburrirse con alguien para quien todo es fascinante. Según nos lo refiere el sitio web del propio museo La Caixa: “Nacido en Barcelona en 1948, este licenciado y doctor en Física por la Universidad de Barcelona, es profesor de Teoría de los Procesos Irreversibles, en la Facultad de Física de dicha universidad, donde dirige un grupo de investigación en biofísica. Es autor de múltiples trabajos científicos aparecidos en publicaciones especializadas internacionales y de una extensa obra de difusión científica hacia otros dominios de la cultura. En 1980 publicó el libro Nosotros y la ciencia (Bosch Editor) y en 1985 Ideas sobre la complejidad del mundo (Tusquets Editores). En 1983 crea la colección de pensamiento científico Metatemas, también de Tusquets, y desde el año 1991 es director del Museo de la Ciencia de la Fundación La Caixa”.La colección Metatemas incluye soberbias piezas de literatura científica, como el ¿Qué es la vida? de Edwin Schrödinger. Un compendio sorprendente hablando mucho de la visión y del valor de Wagensberg cuando se inició en el proyecto.“Fue en una fiesta de cumpleaños de un amigo común de Beatriz de Mora, que es la editora, la fundadora editorial, y me pidió que le aconsejara qué ensayo científico podría ella leer, y así comenzó la colección -explica Wagensberg-, son recomendaciones a amigos de mis propias lecturas. Lo que pasa es que a lo largo de estos 25 años se ha ido complicando la idea, y ahora lo dice mucho el lema, ‘libros para pensar la ciencia’.El fin de la literatura científica es en muchos aspectos distinto a aquel de corte técnico dentro de la misma ciencia. El científico tiene una obligación de objetividad y un falso desapasionamiento para con el objeto que estudia. Características importantes en la redacción de un artículo científico, nos dejan fuera de comprender y compartir la pasión científica por conocer el mundo. Para ello no queda de otra que “hacer cantar al científico” inspirado por alguna bebida deshinibidora: “Fue muy fácil -refiere Wagensberg-, descubrí inmediatamente las propiedades del vino tinto”.
El borrego de Mallorca
El mesero de Mallorca, por ejemplo, sabía bien que en su isla había existido una variedad de borrego ahora extinto que no tenía apostados sus ojos a los lados –como los científicos sugerían- sino de frente. ¡La excepción echaba por tierra toda la teoría! Wagensberg creía encontrar la solución, a saber, que una de las principales causas de muerte entre los borregos es la falta de cálculo brincando de una roca a la otra –de nuevo, la necesidad de la visión estereoscópica-, y se preparaba para brindar de nuevo, cuando un nuevo obstáculo vino al asalto: el borrego de Mallorca es un animal haragán al que difícilmente se logra hacerlo mover, ya no digamos brincar de una piedra a otra. Había que volver a la mesa de diseño.
Una feliz conclusión
Pregunté a Wagensberg si cuando nació la colección existía un ambiente favorable para su nacimiento. “Había muy poco empeño científico, y sobre todo, que es una de mis ideas, había muy poco científico español que tuviera la facilidad de ponerse a escribir para una audiencia más amplia, no solamente a científicos, sino a los no científicos”, contestó. “Y esta es una de las cosas que ha conseguido Metatemas, hacer a los científicos escribir textos que en realidad no les sirven para su carrera científica”.¿Han cambiado las cosas? “Claro, 25 años se notan, y no solamente dentro de la colección. Quizás eso no lo comparta el editor, pero para mí ha sido una satisfacción haber estimulado que otras editoriales hayan iniciado colecciones de ciencia. Los libros no son como otros productos en que si te compras un BMW no te compras un Alfa Romeo; al revés, si te compras un libro y te gusta, buscas otros libros. Y si visitas un museo y te gusta, visitas otros museos. La cultura no tiene la competencia de otras cosas, por lo tanto la función de Metatemas de inspirar a otras colecciones y de estimular a otros editores, ha sido una buena idea”. También el borrego de Mallorca llegaba a feliz conclusión cuando pudo demostrarse que el animal llegó a la isla durante un periodo en que la ínsula se encontraba unida a la Península Ibérica por un puente de tierra. Al no tener depredadores en el nuevo terruño, la selección natural no castigó al borrego de Cataluña por no poseer una visión protegiéndolo de amenazas. ¡Enhora buena! Así quedó aquello por años, hasta que un corolario todavía más sorprendente provino de un entomólogo brasileño comentando sobre su extensa colección de hormigas –algunas carnívoras y otras no-. “¿Notaste cierta diferencia en sus cráneos?”, inquirió Wagensberg. El entomólogo respondió que así era:¡las hormigas depredadoras poseían visión estereoscópica! “¡Yo creo que me caí de la silla!”, recuerda el físico español. Aquello era lo que Wagensberg llamaba “Placer Intelectual”, el gozo que llega a nuestro cerebro mediante los sentidos. Para él, cuando un editor se prepara a ofrecer una colección de ciencia, lo peor que puede hacer es “dejarse llevar por el negocio, pensar que si rebaja la calidad aumentará la cantidad. Es lo que sucede cuando un museo se convierte en un parque temático; hay que hacer que todo el mundo entre en la élite. Estamos de acuerdo en que a la élite hay que destruirla, pero no matando a los pocos que están dentro sino dejando que todo el mundo entre. Lo que yo le aconsejaría es que hiciera cantidad a base de la calidad”.
El borrego de Mallorca
El mesero de Mallorca, por ejemplo, sabía bien que en su isla había existido una variedad de borrego ahora extinto que no tenía apostados sus ojos a los lados –como los científicos sugerían- sino de frente. ¡La excepción echaba por tierra toda la teoría! Wagensberg creía encontrar la solución, a saber, que una de las principales causas de muerte entre los borregos es la falta de cálculo brincando de una roca a la otra –de nuevo, la necesidad de la visión estereoscópica-, y se preparaba para brindar de nuevo, cuando un nuevo obstáculo vino al asalto: el borrego de Mallorca es un animal haragán al que difícilmente se logra hacerlo mover, ya no digamos brincar de una piedra a otra. Había que volver a la mesa de diseño.
Una feliz conclusión
Pregunté a Wagensberg si cuando nació la colección existía un ambiente favorable para su nacimiento. “Había muy poco empeño científico, y sobre todo, que es una de mis ideas, había muy poco científico español que tuviera la facilidad de ponerse a escribir para una audiencia más amplia, no solamente a científicos, sino a los no científicos”, contestó. “Y esta es una de las cosas que ha conseguido Metatemas, hacer a los científicos escribir textos que en realidad no les sirven para su carrera científica”.¿Han cambiado las cosas? “Claro, 25 años se notan, y no solamente dentro de la colección. Quizás eso no lo comparta el editor, pero para mí ha sido una satisfacción haber estimulado que otras editoriales hayan iniciado colecciones de ciencia. Los libros no son como otros productos en que si te compras un BMW no te compras un Alfa Romeo; al revés, si te compras un libro y te gusta, buscas otros libros. Y si visitas un museo y te gusta, visitas otros museos. La cultura no tiene la competencia de otras cosas, por lo tanto la función de Metatemas de inspirar a otras colecciones y de estimular a otros editores, ha sido una buena idea”. También el borrego de Mallorca llegaba a feliz conclusión cuando pudo demostrarse que el animal llegó a la isla durante un periodo en que la ínsula se encontraba unida a la Península Ibérica por un puente de tierra. Al no tener depredadores en el nuevo terruño, la selección natural no castigó al borrego de Cataluña por no poseer una visión protegiéndolo de amenazas. ¡Enhora buena! Así quedó aquello por años, hasta que un corolario todavía más sorprendente provino de un entomólogo brasileño comentando sobre su extensa colección de hormigas –algunas carnívoras y otras no-. “¿Notaste cierta diferencia en sus cráneos?”, inquirió Wagensberg. El entomólogo respondió que así era:¡las hormigas depredadoras poseían visión estereoscópica! “¡Yo creo que me caí de la silla!”, recuerda el físico español. Aquello era lo que Wagensberg llamaba “Placer Intelectual”, el gozo que llega a nuestro cerebro mediante los sentidos. Para él, cuando un editor se prepara a ofrecer una colección de ciencia, lo peor que puede hacer es “dejarse llevar por el negocio, pensar que si rebaja la calidad aumentará la cantidad. Es lo que sucede cuando un museo se convierte en un parque temático; hay que hacer que todo el mundo entre en la élite. Estamos de acuerdo en que a la élite hay que destruirla, pero no matando a los pocos que están dentro sino dejando que todo el mundo entre. Lo que yo le aconsejaría es que hiciera cantidad a base de la calidad”.