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Honras fúnebres

Honras fúnebres

“La siguiente historia acontece en 1923 ó 1924. Creo que el lugar en cuestión es Hamburgo. Es la época de las catástrofes bursátiles y de las vertiginosas devaluaciones: el jornal de un trabajador del puerto asciende a diecisiete mil millones de marcos y las prostitutas de lujo cobran el triple por sus servicios. (Los marineros del puerto de Hamburgo llevan la calderilla en cajas de cartón, bajo el brazo).
En una de esas habitaciones de color rosa próximas al puerto, una prostituta llamada Marieta había muerto de repente de una pulmonía. El ucraniano Bandura, marinero y revolucionario, aseguraba que se había «consumido de amor». No podía relacionar nada que fuera trivial con su cuerpo «divino» y,. para colmo, la pulmonía era una «enfermedad burguesa ». «Se ha consumado como en una hoguera», decía. Y a pesar de haber transcurrido casi cinco años desde el suceso en cuestión, la voz de Bandura se volvía ronca y  sorda, como ahogada en un ataque de tos. Esto no era consecuencia del alcohol únicamente, si bien, a decir verdad, Bandura ya se había convertido por aquella época en una ruina, rechazada por los suyos, como los restos enmohecidos de un enorme barco encallado que se estuviera pudriendo en un bajío.
—Descuida—gruñe Bandura—, ni una sola puta en el mundo ha sido llorada más sinceramente… y ninguna ha sido enterrada con mayores honores.
Para el funeral de Marieta fueron devastadas las tablas de flores de los invernaderos y los jardines de los chalés de las afueras quedaron destruidos; los perros ladraron durante toda la noche: dogos y perros lobo se llamaron unos a otros, luchando contra sus collares, coronas de espinas para canes; los eslabones de sus pesadas cadenas se deslizaban a lo largo de cables de acero tensados, como si sonaran las cadenas de todos los esclavos de la historia sin que nadie, ni siquiera los viejos y cansados jardineros —en cuyos huesos enfermos yacía una amnesia tan ingente como la historia del proletariado—sospechara que aquella noche iba a producirse una pequeña revolución aislada: los marineros del puerto de Hamburgo asaltaron de improviso los jardines de los ricos y estos hijos del proletariado del Havre, de Marsella, de Amberes, guillotinaron los gladiolos por la raíz, bajo el manto de la noche, con sus afiladas navajas de marinos, pisando con sus gruesos zapatos rotos todas las plantas que, por pequeñas, no merecían el filo de la cuchilla. Aquella noche, todos los parques y plazas fueron «salvajemente pisoteados»; no se salvaron ni el Jardín Municipal, ni la plaza del Ayuntamiento, «a dos pasos de la comisaría». «Éste es un acto de vandalismo—dijeron los periódicos—es, sin lugar a dudas, obra de espíritus anárquicos y de viles traficantes de flores».
A la tumba de Marieta fueron llevados manojos de rosas, blancas y rojas, ramas de pino piñonero recién cortadas, tulipanes y crisantemos, tuberosas, hortensias azul cielo (…)”.

Danilo Kis. Enciclopedia de los muertos. Ediciones Acantilado. Barcelona. 2008. 202 págs.
Este escritor serbio, que nació en 1935 y murió en 1989 en París, es un autor de culto. Ésta es la primera traducción al español de la serie de relatos que constituyen Enciclopedia de los muertos.


Es el decoro un juego

“He aquí un atraso. Hemos llegado a un punto en que se antoja necesario mostrar un cúmulo de ideas gastadas a ultranza, estos es: las cinco alocuciones básicas que doña Luisa impuso a sus hijas para que se condujeran de buen grado con sus pretendientes. La primera hacía referencia a nunca mirar al galán abiertamente a la cara, dado que era una señal de descaro coqueteo. La segunda tenía que ver con lo cochino de lo carnal, en el sentido de que el galán no debía atreverse a besar cualquier parte del cuerpo de la novia, habida cuenta de que los besos derivaban, por lo común, en morbosidades tremendas. La tercera era más radical: estribaba en que de vez en cuando había que incumplir un acuerdo: que si quedaron de verse tal día y a tal hora la novia no se presentara. La duda del galán habría de marcar la pauta para saber si él estaba en verdad interesado en la relación. De haber reproches, sobre todo airados, se evidenciaría el grado de dominio del susodicho, siendo que lo mejor era romper el vínculo. La cuarta concernía a la temporalidad de las reuniones con el galán, mismas que debían ser por tiempo limitado y también debían darse a la vista de la madre. Por ejemplo en las bancas de la plaza de armas, ubicadas frente a la casa. Huir a otra parte, esconderse, pues, sería una decisión arriesgada y, desde luego, malsana. La quinta y última, y de plano estrambótica, era la más difícil de cumplir, porque, para comprobar qué tan grande era el amor del interesado, no estaba de más que alguna vez le dijera, por ejemplo: «no está bien lo que has hecho y, por lo tanto, no quiero volver a verte», incluso decirle: «eres un desgraciado», o «eres un perverso» o «pensé que estaba tratando con un caballero» o algo parecido que lo hiriera y, en consecuencia, se propiciara la ruptura definitiva. No debería bastar que el galán pidiera perdón de inmediato. Tendrá que pedir muchos perdones (…)”.

Daniel Sada. Casi nunca. Anagrama. México. 2008. 373 págs.
Esta novela es la ganadora del Premio Herralde de Novela 2008, uno de los más serios en el mundo de la literatura en español. Daniel Sada es un reconocido escritor mexicano.

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