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Relata las peripecias de un periodo particularmente tumultuoso de su vida

Colisión de realidades
“Por febrero o marzo del año decisivo y hostil de 1939 debe haber llegado a Lagos de Moreno una carta del hermano porteño de don Eusebio, fechada en Navidad, en la que, después de desear los parabienes propios de la temporada y celebrar la llegada de Miguelito

«Será un alivio para ti saber que ya no le tienes que heredas al idiota», relata las peripecias de un periodo particularmente tumultuoso de su vida, que incluye:
Contactos clandestinos con una asociación anarquista de piamonteses definitivamente criminales que apoyaban a la República española desde El Tigre («Nada me podría importar menos que la República; pero un pequeño acto revolucionario podría facultarme como propietario de la tienda de géneros, posición desde la que sin duda me sería más fácil solidarizarme con el pueblo»).
Acecho al corazón de la hija del monarquista, con el objeto de apoderarse del negocio en un tiempo menos razonable que el que ofrecía la vía revolucionaria, o cuando menos deshonrar a la familia en caso de que todas las tentativas fallaran («La niña es una elefanta malcriada, pero la vil venganza, querido Eusebio, es el principio de todo acto de justicia»).
Frecuentación de una misma puta siciliana, durante un periodo de varios meses.
Acto heroico: liberación de la puta, que incluye,
compra del cuerpo policiaco del barrio de la Boca gracias a la colaboración en efectivo de un par de catalanes que apoyaban también a la República desde sus librerías en la calle de La Florida y por tanto a los anarquistas piamonteses de El Tigre.
Entrada al barrio de la Boca con el piquete de anarquistas armados,
Apaleamiento del padrote y secuestro de la siciliana, que se opuso porque lo quería era ser puta.
Imposibilidad de casarse: era siciliana y puta.
Iniciación en el complejo, peligroso y rendidor negocio de regente de regente de puta siciliana, negocio que primero atrajo el interés de los piamonteses de El Tigre y que luego se expandió con su ayuda: reclutamiento e importación forzada de pirujas de La Boca a El Tigre.
Abandono del negocio del monarquista, mediante la comunicación a gritos de la deshonra de la elefanta y otras imprecaciones de orden más bien sociopolítico entre las que se hace notar: explotación al trabajador inmigrante, obligatoriedad de sostener ideas políticas predeterminadas para mantener el trabajo, y mala cocina. (...)”

Álvaro Enrigue. Vidas perpendiculares. Anagrama. México, 2008. 234 págs.
Álvaro Enrigue nació en el DF en 1969. Es autor de La muerte de un instalador, El cementerio de sillas e Hipotermia.

“Cinco días después de la gloriosa muerte en batalla del Anticristo, a sólo uno de ser sepultado en el Cementerio General, Francisca Aparicio y sus siete hijos huyeron del país. A pesar de las emotivas súplicas de la joven viuda, a los restos de quien en vida fue el implacable hostigador de los jesuitas, se les negó llanamente lo que incluso a la cabeza cercenada de Serapio Cruz se le otorgó: sepultura en la cripta de la catedral. Paquita viajaría en tren de vapor por el Pacific Mail desde el Puerto de San José hasta San Francisco, California, y luego por tren hasta la ciudad de Nueva York: la ruta más favorecida, incluso en invierno, ahora que, con frecuencia, el largo viaje transcontinental se veía obstaculizado por la nieve. Ella jamás se arriesgaría —ciertamente no con los niños a cuestas¬— a hacer el presupuesto roso viaje a través de un país irritado por la revolución como Panamá, y de Colón, el puerto de fiebre miasmática donde había cementerios repletos con las apresuradas tumbas de viajeros de todas las nacionalidades. ¿Quién podía olvidar la vez que el viceministro de Trabajo de su difunto marido desembarcó en Colón con tres maestros yanquis y un carnicero —especialista en las últimas técnicas de matadero— reclutado durante su paso por Nueva York? El viaje se retrasó cuando fuertes lluvias interrumpieron la corrida de los trenes que cruzaban Panamá y, para la mañana del segundo día, todos los neoyorquinos, a excepción de uno, estaban tan enfermos que no pudieron salir del hotel. Al poco tiempo uno de los profesores recobró la salud, pero el que había permanecido sano falleció, siendo el primero en morir; y la tercer víctima —una maestra, viuda del primero— expiró enseguida. (...)”

Francisco Goldman. El esposo divino. Anagrama. 2008. Barcelona. 702 págs.
Francisco Goldman nació en 1957. Se crió en Estados Unidos y Guatemala. Vive en Nueva York. Es autor de La larga noche de los pollos blancos y
Marinero raso.

por: eduardo castañeda h

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