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Cartagena de Indias en Colombia

La arquitectura, las bellezas naturales y el buen trato de sus habitantes son algunos de los atractivos de este lugar

GUADALAJARA, JALISCO (21/ABR/2013).- En Colombia –pegadita a Panamá– comienza la América del Sur. Dos mares tiene en sus haberes: el Pacífico en el poniente, y el Atlántico caribeño al oriente: Cartagena –a la que fue agregado “de Indias” para distinguirla de la de España– está en las costas del Caribe.

Su oro, esmeraldas y especias, atrajeron la codicia de conquistadores, piratas y oportunistas (sin faltar la nefasta Santa Inquisición) sobre la primitiva y hermosa “Kalamarí” de los Karib.

El tráfico de esclavos del centro de África, vendidos cruelmente como bestias de carga en las plazas de la, hasta entonces, tranquila Kalamarí, completaban el ingrato círculo del comercio: esclavos y mercancías, por tesoros caribeños.

Pedro de Heredia se hizo con el territorio de los karib, allá por 1533; causando luego el apetito de una ralea de piratas ingleses y franceses, incluyendo al bribón, culto guapo y simpático pelirrojo “Sir” Francis Drake (dicen que no hay bribón que no sea simpático), que fueron el dolor de cabeza de los españoles que ya habían sentados sus reales en estas tierras que defendían, literalmente a capa y espada, como lo hizo el legendario Blas de Lezo, quien habiendo perdido un brazo, un ojo y una pierna seguía, en el curso de los años, siendo bravo líder y fiero inspirador en las batallas, sosteniéndose con su pata de palo en la izquierda, y calculando las distancias con el ojo derecho, arremeter furiosamente al enemigo con su espada en la solitaria mano izquierda.

Ante los embates de la piratería, durante el siglo XVII y XVIII, se decidió construir una enorme muralla que hasta la fecha alberga los barrios de casonas construidas en la época colonial características de la arquitectura cartagenera, bella por naturaleza. Caminando por sus calles, de pronto habrá que detenerse para mirar en derredor. Fascina cada muro, cada puerta, cada ventana, piedra, barrote, zaguán, escalera o barandal, o el mínimo detalle arquitectónico, constructivo o decorativo. Las murallas, los fuertes, las casonas grandes o pequeñas, los balcones… todas parecen merecer una dedicada foto. Mirar hacia arriba en Cartagena es un ejercicio constante y casi obligatorio para deleitarse con los coloridos balcones, algunos todavía por si fuera poco, adornados con bien cuidadas enredaderas entretejidas en fachadas y balcones, agregándoles un “plus” de vida natural.

Tres barrios que antiguamente separaban ocupaciones y estratos sociales encierra la muralla circundante: El Centro, con casonas de uno o dos pisos ocupadas por los más pudientes; San Diego, lugar de artesanos, militares y clase media; y Getsemaní, (de donde salieron los primeros destellos de la independencia casi en los mismos años que en México) habitada por las clases menos pudientes. Todo esto, a la fecha, magníficamente conservado y restaurado, viviendo principalmente del turismo celosamente cuidado con la amabilidad de sus habitantes y artesanos .

En Boca Grande, fuera de la muralla, la ciudad se trasforma en una ciudad moderna, pujante y progresista, habitacional y hotelera como cualquiera de las mejores; La Matuna, distrito financiero, viene a completar el cuadro, rematando con Crespo y Zona norte con sus actualísimos complejos hoteleros.

Lo que nunca vi en Cartagena de Indias, fue precisamente eso: las indias. Lo demás está bellísimo.

deviajesyaventuras@informador.com.mx

El hospedaje

De entre 800 y mil 500 po rnoche:

> Hotel La Magdalena

>Hotel Casa Los Puntales

>El Dorado Hotel

Visita: http://www.despegar.com.mx/hoteles/hl/1535/i1/hoteles-en-cartagena+de+indias


Para saber

Los vuelos

Las aerolíneas Aeroméxico y Avianca tienen a Cartagena de Indias entre sus destinos. El precio del vuelo redondo, por persona, roda entre 650 y 850 dólares, según la demanda que haya.  


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