Suplementos
Cara de tentación
No fueron creados en el laboratorio del doctor Nefario, tienen cuerpo de confitón, de color amarillo y con googles, los Minion invaden la ciudad
GUADALAJARA, JALISCO (11/AGO/2013).- Ese ambulante trae antena para niños. Nunca estudió mercadotecnia, pero podría dar un seminario. Aquí en el taxi va su cliente favorito dos. Es un niño de casi tres años. El vendedor, que en la Avenida Mariano Otero estaba del lado del chofer, salta y se coloca junto al copiloto. Como no queriendo mete la mercancía por la ventana, que no estaba cerrada ni abierta. El niño la jala, la tiene en sus manos. El niño quiere la mercancía como un heroinómano la inyección. “Yo quieouno. Yo quieouno. Yo quieo-uno-papá, Yo quieo…”. El cuarentón padre, pone cara de condenado. 140 pesos, le ha dicho el ambulante. 120 regatea el progenitor. Ya déselo a 100, interviene el taxista, quien mira de reojo el semáforo en verde, mira el gesto afirmativo del comerciante y ve de frente la cara de “ya me fregaron” del pagador. El taxi se aleja por López Mateos. Ya se vendió otro Minion.
Creados no en el laboratorio del doctor Nefario, sino en una maquila de China, Tepito o Aguascalientes —eso sigue siendo un misterio—, los Minion invadieron Guadalajara desde los primeros días de julio, cuando se estrenó la película Mi villano favorito dos.
Cuerpo de confitón, color plátano, googles haga o no haga agua, lealtad a prueba de malandros, servilismo indigno y mucha, mucha torpeza: resulta que todos quieren tener un ejemplar de esos.
¡Y que los comerciantes se dan cuenta! O quizá fue al contrario. Quizá los Minion, en su ADN, tienen esa naturaleza de haber sido creados con la mejor de las misiones de la historia moderna: que su inventor se volviera muy rico.
Los Minion son amarillos, del mismo color que el sol, los plumones para subrayar y los carteles de las ofertas. Son redondos: a nadie se le ocurriría que podrían ser malandros, según las leyes del diseño. Son simpáticos, a fuerza de simpleza, como no hay otros. Son trabajadores, pueden incluso ser esclavos. Son buenos con los niños.
Y pueden costar más de mil pesos en un centro comercial, si hablan y se ríen, como lo hacen en la película.
“Figura de acción que canta y baila”, prometen los empaques de los más caros. ¡Y también tenemos otro que se ríe y habla”, completa la dependienta, interesada en todo aquel que muestra interés en un Minion, dentro de una tienda en la cual todos muestran interés. “¡Uy se nos han vendido…!”.
La dependienta trabaja en una tienda para coleccionistas exigentes, en un centro comercial del Poniente de Guadalajara. Desde el aparador del comercio uno sospecha que el Minion está adueñándose del mundo. Amarillo pollo, su mochila es la más llamativa, al lado por ejemplo de las mochilas de los héroes grises y tristones de la Liga de la Justicia. Ese mono redondo y medio tarugo se fregó a la Kitty, la que siempre ha sido buena para saludar y, como no queriendo, también opaca a Superman, que estrenó película un poco después de su Villano Favorito.
El interior del comercio es el paraíso de los miniomaniacos, por decirles de alguna manera. Los miniomaniacos están dispuestos a gastarse 14.6 salarios mínimos en unas minifiguras, 9.3 salarios en un patín del diablo; más de cinco jornales en una patineta para niños; 3.9 días de sueldo en una funda para tablet… ya de perdida, un salario en unos calzones amarillos como la yema de un huevo.
La idea de la yema me produce náuseas. Salgo de la tienda, sólo para enterarme que apenas unos metros al Oeste, en una plaza de la tecnología, las fundas “originales” para celular pueden costarle a uno hasta 350 pesos, dice la mujer que las ofrece, mientras me pregunta, con la bien delineada ceja derecha en alto, si tanto convertir sus precios en salarios mínimos no será que quiero poner un comercio que le haga la competencia.
Resulta que no todos ganan para comprarse un Minion “original”, me dan ganas de contestarle y explicarle que dos terceras partes de los mexicanos ganan cada día menos de lo que cuesta su funda.
Para éstos, la posibilidad con menos sacrificios, estaba en los cines, donde había unos vasos muy amarillos, muy atractivos. Había… se acabaron una semana después del estreno de la película, afirma el muchacho encargado de la dulcería. “Si de veras quiere uno, métase a Mercado Libre”, sugiere el joven. Tiene razón. Ahí hay un vaso y hasta dos, pero no cuesta 20 pesos, el precio que pagó el vendedor cibernético.
En el Oriente de la ciudad, la zona comercial de Obregón también está dejando de ser una posibilidad real para los amantes del amarillo.
La tía Iliana, por ejemplo, se apersonó el miércoles pasado en Javier Mina, con la pura intención de darle su merecido Minion a su hijo, de apenas un año, y a cada uno de los sobrinos que la vida le ha dado. Le costaron entre 89 y 129 pesos, con tan mala suerte que uno le salió con un defecto en el google. Cuando regresó al día siguiente para cambiarlo, los estantes donde un día antes hubo una explosión demográfica de monos lucían saqueados. “¡Se los llevaron todos!”, le informó la dueña del negocio, frotándose las manos. La tía Iliana debió cambiar un buen Minion por uno malo, de los que también quieren invadir el mundo, pero muy a la mexicana, según la película que los trajo al mundo.
Porque Mi villano dos lucha contra el Macho, un emigrante del país de donde salen muchos de los prietos que quieren invadir Estados Unidos —el país de origen de la película— con sus malditas costumbres y su corrupción.
“Nosotros no somos corruptos. Somos ambulantes”, se defiende cuando escucha la trama de la película Juan Carlos, que intenta vender amarillos en una esquina cercana a la Minerva, de Guadalajara. Acá, el costo va de los 180 a los 320 pesos, según el tamaño. Juan Carlos y otros amigos de él llegaron del Distrito Federal a Guadalajara hace tres semanas, con el fin de vender la mercancía que antes compraron en su tierra.
“Todos quieren un Minion. No nos va bien, pero tampoco nos va mal: a veces vendo 10 en un día, a veces ninguno”.
—Y cuando pasen de moda —le pregunto?
—Tsss. Ahí vienen los pitufos.
Juan Carlos nunca ha visto la película que ahora le da de comer y, para ser sinceros, la cinta le da lo mismo.
Es una lástima: en una tienda de discos, la película original, la número uno, la que cuenta la historia de los Minion está rebajada de 279 a 160 pesitos, y en el número uno de la clasificación de éxitos, en el área infantil. También ahí, por encima de héroes legendarios.
—¿Cómo deciden quién es el éxito número uno? —le pregunto a la vendedora darketa que anda cerca.
—Nosotros no lo decidimos, lo decide el proveedor… El proveedor paga para que nuestra cadena ponga su película el primer lugar de éxitos —contesta la darketa, sin pena ni gloria.
Lo sospechaba. Esos Minion nomás tienen la cara de buenos.
Para saber
Éxito
- La cinta animada Mi villano favorito dos, ha recaudado más de 326 millones de dólares durante sus cinco semanas en cartelera.
- Sólo en su primer día de exhibición en México, la cinta fue vista por más de un millón de espectadores.
- La cinta, que cuenta la historia del malvado Gru, esta vez reclutado por la Liga Anti-Villanos para ayudar a hacer frente a un poderoso criminal, se convirtió en el filme animado con mejores resultados en taquilla en la historia del cine en México en su primer día de exhibición.
- El cantante Alejandro Fernández prestó su voz para interpretar el papel de El Macho, el “villano más despiadado y peligroso” de todos en la película.
Creados no en el laboratorio del doctor Nefario, sino en una maquila de China, Tepito o Aguascalientes —eso sigue siendo un misterio—, los Minion invadieron Guadalajara desde los primeros días de julio, cuando se estrenó la película Mi villano favorito dos.
Cuerpo de confitón, color plátano, googles haga o no haga agua, lealtad a prueba de malandros, servilismo indigno y mucha, mucha torpeza: resulta que todos quieren tener un ejemplar de esos.
¡Y que los comerciantes se dan cuenta! O quizá fue al contrario. Quizá los Minion, en su ADN, tienen esa naturaleza de haber sido creados con la mejor de las misiones de la historia moderna: que su inventor se volviera muy rico.
Los Minion son amarillos, del mismo color que el sol, los plumones para subrayar y los carteles de las ofertas. Son redondos: a nadie se le ocurriría que podrían ser malandros, según las leyes del diseño. Son simpáticos, a fuerza de simpleza, como no hay otros. Son trabajadores, pueden incluso ser esclavos. Son buenos con los niños.
Y pueden costar más de mil pesos en un centro comercial, si hablan y se ríen, como lo hacen en la película.
“Figura de acción que canta y baila”, prometen los empaques de los más caros. ¡Y también tenemos otro que se ríe y habla”, completa la dependienta, interesada en todo aquel que muestra interés en un Minion, dentro de una tienda en la cual todos muestran interés. “¡Uy se nos han vendido…!”.
La dependienta trabaja en una tienda para coleccionistas exigentes, en un centro comercial del Poniente de Guadalajara. Desde el aparador del comercio uno sospecha que el Minion está adueñándose del mundo. Amarillo pollo, su mochila es la más llamativa, al lado por ejemplo de las mochilas de los héroes grises y tristones de la Liga de la Justicia. Ese mono redondo y medio tarugo se fregó a la Kitty, la que siempre ha sido buena para saludar y, como no queriendo, también opaca a Superman, que estrenó película un poco después de su Villano Favorito.
El interior del comercio es el paraíso de los miniomaniacos, por decirles de alguna manera. Los miniomaniacos están dispuestos a gastarse 14.6 salarios mínimos en unas minifiguras, 9.3 salarios en un patín del diablo; más de cinco jornales en una patineta para niños; 3.9 días de sueldo en una funda para tablet… ya de perdida, un salario en unos calzones amarillos como la yema de un huevo.
La idea de la yema me produce náuseas. Salgo de la tienda, sólo para enterarme que apenas unos metros al Oeste, en una plaza de la tecnología, las fundas “originales” para celular pueden costarle a uno hasta 350 pesos, dice la mujer que las ofrece, mientras me pregunta, con la bien delineada ceja derecha en alto, si tanto convertir sus precios en salarios mínimos no será que quiero poner un comercio que le haga la competencia.
Resulta que no todos ganan para comprarse un Minion “original”, me dan ganas de contestarle y explicarle que dos terceras partes de los mexicanos ganan cada día menos de lo que cuesta su funda.
Para éstos, la posibilidad con menos sacrificios, estaba en los cines, donde había unos vasos muy amarillos, muy atractivos. Había… se acabaron una semana después del estreno de la película, afirma el muchacho encargado de la dulcería. “Si de veras quiere uno, métase a Mercado Libre”, sugiere el joven. Tiene razón. Ahí hay un vaso y hasta dos, pero no cuesta 20 pesos, el precio que pagó el vendedor cibernético.
En el Oriente de la ciudad, la zona comercial de Obregón también está dejando de ser una posibilidad real para los amantes del amarillo.
La tía Iliana, por ejemplo, se apersonó el miércoles pasado en Javier Mina, con la pura intención de darle su merecido Minion a su hijo, de apenas un año, y a cada uno de los sobrinos que la vida le ha dado. Le costaron entre 89 y 129 pesos, con tan mala suerte que uno le salió con un defecto en el google. Cuando regresó al día siguiente para cambiarlo, los estantes donde un día antes hubo una explosión demográfica de monos lucían saqueados. “¡Se los llevaron todos!”, le informó la dueña del negocio, frotándose las manos. La tía Iliana debió cambiar un buen Minion por uno malo, de los que también quieren invadir el mundo, pero muy a la mexicana, según la película que los trajo al mundo.
Porque Mi villano dos lucha contra el Macho, un emigrante del país de donde salen muchos de los prietos que quieren invadir Estados Unidos —el país de origen de la película— con sus malditas costumbres y su corrupción.
“Nosotros no somos corruptos. Somos ambulantes”, se defiende cuando escucha la trama de la película Juan Carlos, que intenta vender amarillos en una esquina cercana a la Minerva, de Guadalajara. Acá, el costo va de los 180 a los 320 pesos, según el tamaño. Juan Carlos y otros amigos de él llegaron del Distrito Federal a Guadalajara hace tres semanas, con el fin de vender la mercancía que antes compraron en su tierra.
“Todos quieren un Minion. No nos va bien, pero tampoco nos va mal: a veces vendo 10 en un día, a veces ninguno”.
—Y cuando pasen de moda —le pregunto?
—Tsss. Ahí vienen los pitufos.
Juan Carlos nunca ha visto la película que ahora le da de comer y, para ser sinceros, la cinta le da lo mismo.
Es una lástima: en una tienda de discos, la película original, la número uno, la que cuenta la historia de los Minion está rebajada de 279 a 160 pesitos, y en el número uno de la clasificación de éxitos, en el área infantil. También ahí, por encima de héroes legendarios.
—¿Cómo deciden quién es el éxito número uno? —le pregunto a la vendedora darketa que anda cerca.
—Nosotros no lo decidimos, lo decide el proveedor… El proveedor paga para que nuestra cadena ponga su película el primer lugar de éxitos —contesta la darketa, sin pena ni gloria.
Lo sospechaba. Esos Minion nomás tienen la cara de buenos.
Para saber
Éxito
- La cinta animada Mi villano favorito dos, ha recaudado más de 326 millones de dólares durante sus cinco semanas en cartelera.
- Sólo en su primer día de exhibición en México, la cinta fue vista por más de un millón de espectadores.
- La cinta, que cuenta la historia del malvado Gru, esta vez reclutado por la Liga Anti-Villanos para ayudar a hacer frente a un poderoso criminal, se convirtió en el filme animado con mejores resultados en taquilla en la historia del cine en México en su primer día de exhibición.
- El cantante Alejandro Fernández prestó su voz para interpretar el papel de El Macho, el “villano más despiadado y peligroso” de todos en la película.