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¿Bienaventuranzas?

Uno de los discursos más revolucionarios que se hayan predicado en este planeta

      Uno de los discursos más conocidos y recordados de Jesucristo, es aquel que dio en una montaña, razón por la cual se le llegó a conocer como “El Sermón del monte”. Esas palabras quedaron registradas en el evangelio de San Mateo 5, 1-12, y han sido ampliamente difundidas por el mundo cristiano; sin duda que se trata de uno de los discursos más revolucionarios que se hayan predicado en este planeta.

     Podría considerarse que este sermón se definiría usando las expresiones “todo el mundo dice que... pero en cambio yo digo que...”, ya que este mensaje contrasta poderosamente con algunas ideas que los hombres defienden hasta el día de hoy. Veamos algunos ejemplos.

     Jesús dijo “dichosos los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos”, pero ¿qué significa ser pobre en espíritu?; básicamente se trata de una persona totalmente humilde ante Dios, alguien que reconoce que no tiene mérito alguno para poder presentarse delante del Señor. Esta idea no es popular, porque aunque la mayoría de las personas podría estar de acuerdo con la idea de que no tenemos méritos para esperar el favor de Dios, en el fondo una inmensa mayoría cree que, de alguna manera, puede aportar un poco para merecer las mercedes de Dios.

     Baste el ejemplo tan común de aquellos que, para justificarse, dicen “yo no robo, no mato, no le hago mal a nadie”. Parece que eso es suficiente para no estar mal delante de Dios; sin embargo, Jesús reconoce como dichosos a los que se consideran en bancarrota espiritual y por eso son humildes ante Dios.

A ellos les pertenece el reino de los cielos.

     Otra frase de Jesús es “dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados”. Para la gente de hoy, llorar es poco deseable, bajo casi cualquier circunstancia, porque es sinónimo de tristeza, necesidad o problemas, pero las palabras de Jesús se dirigían a llorar por aquello que quebranta el corazón de Dios. No se trata de llorar por vivir permanente en un cuadro depresivo, sino más bien lamentarse por lo que sucede a nuestro alrededor y que lastima a Dios. Jesús una vez lloró en las afueras de Jerusalén, al darse cuenta de que toda esa gente había cerrado su corazón a Dios, de tal manera que no se estaban dando cuenta de que Dios mismo les estaba visitando.

     Seguramente Jesús sigue llorando cuando mira ciudades en el mundo, donde la gente simple y sencillamente se ha olvidado de Dios. Lo más trágico es que incluso puede tratarse de ciudades muy religiosas, en las que la gente es muy devota, pero su manera de vivir contradice lo que profesan como religión. Lo que sucede en las calles y en los hogares, va en contra de lo que se les enseña los domingos en las reuniones religiosas.

     Hay mucho más que profundizar, pero quiero mencionar sólo un ejemplo más. Jesús dijo: “Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa”. ¿Qué significa esto? Es una manera de describir lo que sucedió con muchos de los creyentes cuya historia está relatada en el libro de los Hechos de los Apóstoles, o de quienes se habla en las cartas de San Pablo. Muchos de estos hombres y mujoeres fueron perseguidos, rechazados y aún asesinados, por el simple hecho de ser cristianos.

     Esto es algo que sigue sucediendo en diversas partes del mundo, pero que también tiene relevancia para aquellos creyentes que vivimos en una ciudad como la nuestra, en donde pocos son perseguidos por su fe. ¿Cuál sería entonces su equivalente? Es sencillo. Se trata de considerarnos dichosos si somos rechazados y criticados por no hacer lo que todos hacen, y no participar en lo malo que se acepta tan ampliamente. Si no mientes en la oficina con todos, y por eso te segregan, eres dichoso ante Dios; si te niegas a adulterar informes en el trabajo y por ello los demás son evidenciados o no pueden hacer trampa, y te critican o hasta amenazan, eres dichoso ante Dios; si inculcas en tus hijos los valores de la Biblia, y por ello los acusan de intolerantes u otras cosas, eres dichoso ante Dios. Esto no es popular, pero es considerado como digno, ante los ojos de Dios.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com 

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