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Benedicto XVI y las redes sociales

El uso de las tecnologías de la información exhibe un doble peligro

     Un aspecto notable de la vida moderna está dado por las redes sociales Facebook y Twitter. Por ejemplo, muchos expertos analistas atribuyen, en gran medida, el ascenso de Barack Obama a la presidencia, a su presencia en las redes sociales. Inclusive nuestro presidente, Felipe Calderón se encuentra en Twitter con más de 400,000 seguidores y personajes como Carlos Loret con más de 600,000 seguidores. Por otro lado, se ha llegado a decir que si no estás en Facebook, no existes. Así, la influencia en el desarrollo y cambio social que ha tenido la Internet y las redes sociales se ha ganado un lugar preponderante en la historia del devenir humano. A este respecto, S.S. Benedicto XVI dirigió un mensaje para la 45 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales el 5 de junio de 2010, en el que equipara los profundos cambios sociales derivados de la Revolución Industrial con las “grandes mutaciones culturales y sociales de hoy” emanadas del campo de las comunicaciones. El Papa afirma que “junto a ese modo de difundir información y conocimientos, nace un nuevo modo de aprender y de pensar, así como nuevas oportunidades para establecer relaciones y construir lazos de comunión”. Asimismo, más adelante asegura que “las nuevas tecnologías de comunicación deben ponerse al servicio del bien integral de la persona y de la comunidad entera. Si se usan con sabiduría, pueden contribuir a satisfacer el deseo de sentido, de verdad y de unidad que sigue siendo la aspiración más profunda del ser humano”.

     Pero como toda empresa humana, el uso de las tecnologías de la información exhibe un doble peligro: el abuso y el riesgo de presentar “una interacción parcial, la tendencia a comunicar sólo algunas partes del propio mundo interior, el riesgo de construir una cierta imagen de sí mismos que suele llevar  a la autocomplacencia”. Este llamado nos hace ver el peligro de caer en la simulación y en la mentira por el hecho de generar un “perfil” público artificial que muestre más lo que quisiéramos ser que lo que realmente somos. En el caso de caer en semejante tentación la persona carcome la autenticidad y la coherencia de vida que todo cristiano debe vivir, con la consecuente creación de un vacío existencial que aleja del proceso de felicidad verdadera. Es así que el Papa nos invita a una reflexión profunda sobre “¿quién es mi “prójimo” en este nuevo mundo? ¿Existe el peligro de estar menos presentes con quien encontramos en nuestra vida cotidiana ordinaria? ¿Tenemos el peligro de caer en la dispersión, dado que nuestra atención está fragmentada y absorta de un mundo “diferente” al que vivimos? ¿Dedicamos tiempo a reflexionar críticamente sobre nuestras decisiones y a alimentar relaciones humanas que sean realmente profundas y duraderas?”. En otras palabras, Su Santidad nos invita a vivir los valores evangélicos sin abandonar la Internet.

     Comunicar el Evangelio a través de los nuevos medios significa no sólo poner contenidos religiosos en las plataformas de los diversos medios, sino también dar testimonio coherente en el propio perfil digital y en el modo de comunicar preferencias, opciones y juicios en total concordancia con la Sagrada Escritura, aunque no se haga de manera explícita. Asimismo, tampoco se puede anunciar un mensaje evangélico en un mundo globalizado sin el testimonio coherente de quien lo anuncia. En los nuevos contextos y con las nuevas formas de comunicación el cristiano está comprometido, más que nunca, a responder a quien le pida la razón de su fe (1 Pe 3, 15). En este orden de cosas, el Papa invita “a los cristianos a unirse con confianza y creatividad responsable a la red de relaciones que la era digital ha hecho posible, no simplemente para satisfacer el deseo de estar presentes, sino porque esta red es parte integrante de la vida humana. La red está contribuyendo al desarrollo de nuevas y más complejas formas de conciencia intelectual y espiritual, de comprensión común”. El acceso a las nuevas tecnologías ofrece una gran oportunidad a los creyentes para evitar que la red no sea un instrumento que reduce las personas a objetos despersonalizados, que intenta manipular las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes han de animar a todos los usuarios a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y felicidad. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.

Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara@up.edu.mx   

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