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Baño de aguas furiosas

En medio de la selva, las cataratas del Iguazú le hacen recordar al hombre su nimiedad en este universo

PUERTO IGUAZÚ, ARGENTINA (27/NOV/2011).- Entre la selva paranaense los caminos se dividen, pero cualquiera llega al paraíso terrenal. Paradójicamente uno de ellos conduce a la Garganta del Diablo, la cual escupe torrentes de agua en vez de fuego para recibir a quienes se atreven a protagonizar su grandeza.

Esta catarata, que encierra su enigmática belleza en la velocidad con la que desborda el elixir de la vida, es la más importante del Parque Nacional de Iguazú. El trayecto hasta a ella despierta las emociones más profundas. Mariposas de colores se adhieren al cuerpo del visitante para acompañarlo al encuentro con el poderoso caudal.

Desde este punto también se pueden admirar los saltos del lado brasileño del parque: Floriano y Santa María, donde sus aguas se deslizan al unísono de la Garganta del Diablo. Juntos despliegan impetuosamente uno de los espectáculos más fascinantes del mundo.

Encontrar este lugar tiene su magia: hay que tomar el tren ecológico desde la Estación Central, el cual se interna entre la maleza de forma sigilosa con la finalidad de protegerla.

Cada viaje tiene una diferencia aproximada de 30 minutos, pero si se pierde un abordaje, no importa, este tiempo se aprovecha para adentrarse a pie por el Sendero Verde (que conecta a la siguiente estación del parque), mientras la naturaleza crea un estado de suspenso: nunca se sabe qué insecto o ave puede sorprender en este recorrido.

Esta es sólo una opción para comenzar a explorar el Parque Nacional Iguazú, que desde 1984 es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

La grandeza de la selva

Para admirar el esplendor de las diversas caídas del río Iguazú -que en guaraní significa “agua grande”-, se necesitan por lo menos tres días completos.

Los saltos que tienen acceso pueden ser admirados en diferentes perspectivas de acuerdo con el circuito que se desee recorrer: superior o inferior. No importa cuál se elija primero, los dos atraviesan la selva impregnada de colores que se derivan de sus flores, aves e insectos; la humedad de su tierra desprende un olor que termina por seducir los sentidos.

En la región baja hay que cruzar puentes, subir o descender escalinatas, descansar en balcones y caminar por los senderos que conducen a los saltos. La exótica naturaleza, siempre en verde, queda estampada por orquídeas, exactamente, con 84 especies registradas.

Árboles cupay y el gigante de palo rosa, el cual supera los 30 metros de altura, son los que dominan la pasarela.

De salto en salto


La facilidad con la que se atraviesa el circuito superior no detiene el ritmo de excitación para llegar a cualquiera de sus saltos: el Chico, el Bernabé Méndez, Bossetti, el Adán y Eva.

Esta ruta permite vivir una panorámica distinta. En su última parada el espectador se aloja en una terraza mientras reflexiona, o simplemente oxigena su alma para unificarse al cosmos selvático de la tierra misionera.

Otra aventura comienza cuando se aborda un gomón o balsa en el muelle flotante del Puerto Macuco, el cual navega a través del cañón del río Iguazú. Al avanzar seis kilómetros, el escenario abre su telón y los tripulantes saben que se aproximan a la furia de las cataratas.

Una vuelta por la Isla San Martín es la meta. Ante sus ojos: la Garganta del Diablo, con su eterno arco iris, y los saltos brasileños que en cuestión de minutos desaparecen cuando la turbulencia de las aguas se muestra desafiante.

El reto mayor está por llegar al enfrentar una batalla con San Martín, pero no el padre de la patria (Argentina), sino el salto que lleva su nombre, el que finalmente es vencedor de esta travesía náutica al propinar un buen baño a los provocadores.

El derroche de adrenalina termina en el muelle del circuito inferior, donde también se puede iniciar este paseo, pero ahora en sentido contrario, el cual promete la misma experiencia.

Sendero Macuco

La espesura que rodea a este camino exige agudizar los sentidos para registrar sus misterios. Si se tiene suerte, el ave macuco ofrecerá su canto, así dejará en claro por qué este sendero se vanagloria con su nombre.

En suma son 7 mil metros de ida y vuelta, por lo que no será extraño encontrarse con tucanes, alguna iguana overa, uno que otro mono, o tal vez se llegue a ver a los coatíes trepando entre los árboles. La ruta concluye en el salto Arrechea, que sorprende con un fresco estanque.

La oferta turística se extiende hasta el sendero Yacaratiá y a los paseos nocturnos bajo la luz de la luna. Sin embargo todo este universo va más allá de las fronteras, así que se debe aprovechar el viaje y cruzar del lado brasileño del parque.

PARA SABER
Guía del viajero

• Dónde está: al norte de la provincia de Misiones, Argentina, en Puerto Iguazú.

• Cómo llegar: LAN ofrece vuelos desde la Ciudad de México con escalas.

• Dónde comer: el parque tiene su patio de comidas, pero en toda la ciudad existen más de 45 establecimientos entre restaurantes, parrillas, pizzerías y pubs.

• Dónde dormir: Sheraton Iguazú Resort & Spa se encuentra dentro del parque. Otra opción es Timbo Posada, con habitaciones privadas y compartidas.

• Informes: iguazuturismo.gov.ar

Números torrenciales

• 1542 año en que Álvar Núñez Cabeza de Vaca descubrió la cataratas

• 275 saltos en un 80 metros de caída

• 2.7 kilómetros de anchura de cortinas de agua

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