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¡Bajan, chofer!

Cada mañana, de lunes a domingo, los usuarios del transpote urbano añaden una nueva anécdota al abordar el camión

GUADALAJARA, JALISCO (05/FEB/2011).- “El problema no es que pase, el problema es que me dé la parada, de seguro ha de venir ‘retacado’. Ya es bien tarde”, comenta una estudiante, que en una actitud desesperada no deja de mirar la hora en su celular. Han pasado 20 minutos desde que llegó a la esquina de  la calle Demóstenes y Manuel Gutiérrez Nájera. El frío matutino incrementa y con éste las personas que también esperan a la ruta 249.

Ya no sólo es Diana quien necesita abordar ese camión para llegar a su destino, ahora son nueve personas más que harán competencia por alcanzar un lugar en el codiciado transporte. Por fin aparece “el 249, el morado” -como se conoce entre los usuarios-, los faros brillan en la oscuridad de la calle; las letras fluorescentes de color naranja y amarillo, que dictan la ruta, también relucen siendo las 6:25 de la mañana.

Los brazos se extienden para solicitar la parada del camión. Algunos ya tienen en la mano los seis pesos del pasaje, otros vienen corriendo a media cuadra de la parada para alcanzar a subir. El camión viene lleno; las luces interiores se encienden y los usuarios que abordarán aceleran el paso para ser de las personas que alcancen espacio. Los que ya están arriba “aprietan” su cuerpo para que más compañeros de viaje suban. El chofer, al cual no se le ve el rostro, grita “recórranse ‘por a medias’ por favor, todavía hay espacio atrás”. Espera a que la gente suba y se acomode en los escalones de la subida, “ahí van las puertas”. Todos subieron, a gritos y empujones, 11 personas se las ingeniaron para abordar al transporte.

Adentro, el 249 se convierte en una especie de antro mañanero. La música resuena en toda la estructura del automotor. No hay por dónde pasar ni recorrerse, debido a las mochilas, bolsos y cuanta cosa voluptuosa se interponga en el estrecho pasillo. Hay de todo y casi nadie habla: estudiantes ojerosos, hombres perfumados con corbata, jóvenes madres que cargan sus bebés, enfermeras y personas “ordinarias”, que sabrá Dios a dónde van a esas horas de la mañana.

Nadie se conoce, pero sí se ubican entre ellos mismos, los usuarios ya saben en qué calle baja y sube cada uno. La música sigue sonando, y a los que no les agrada la canción bandera de “La María” de Julián Álvarez (que el conductor felizmente canta para despertarse por completo) deciden escuchar otras melodías cargadas en su iPod.
El camión está lleno y las ganas de bajarse son muchas. No hay asiento que esté vacío y la lucha por sentarse da inicio entre las señoras que están alerta de cualquier pasajero que decida bajar.

Esta escena se ve diariamente por las mañanas, de lunes a viernes. En fin de semana las cosas cambian un poco.
Por fin alguien se para y un bolso sale volando directo al espacio desocupado. Nadie sabe de dónde salió dicho objeto, pero tampoco se atreven a quitarlo, pues su dueña –una señora muy maquillada y encopetada– comienza decir: “con permiso que me voy a sentar”. Las miradas intentan saber quién habla y “agandalló” el asiento ubicado a mitad del pasillo de lado de la ventana. Los empujones aparecen otra vez y la señora al fin se sienta.

A estas alturas el 249 ya va por la calle Esteban a la Torre y no cabe ni un alfiler más. Pero al “camionero” no le importa y sigue subiendo pasaje. “Faltan dos boletos de pagar, pásenlos”, grita algo molesto y advierte: “No le voy dar si no los mandan. Yo no tengo prisa, ustedes sí, así que mándenlos”. Cerca de cuatro personas han subido por las puertas traseras, las delanteras van hasta el tope. Nadie hace caso –quizá todos pagaron– y el chofer cierra las puertas sin avisar, mucho menos percatarse que la mochila de un joven ha quedado por fuera, atorada.
Son las 6:45 y un “frenón” hace que las personas que iban dormidas se despierten asustadas ante tremenda sacudida. El chofer “pita y pita” a un carro particular que no lo deja pasar después de cruzar Belisario Domínguez. La automovilista hace señas obscenas hacía el camión e intenta explicar que está dejando a sus hijos en la escuela.
El 249 esquiva a la mujer. Quizá el chofer está molesto y acelera el paso del camión. “Agárrate bien que ya se alocó”, comenta una pareja de novios que entre risas hacen fuerza sobre los brazos para no soltarse del tubo y caer encima de los que van sentados.

El Sol ya suelta sus primeros rayos y muchas personas bajan sobre la Calzada Independencia. El ruido del mofle hace un arranque presuroso del camión, que intenta ganarle paso a otra unidad de la misma ruta que lo ha alcanzado. “Y luego por qué se tardan tanto en pasar, van juntos, jugando carreritas”, dice indignado un señor.
El timbre suena en repetidas ocasiones para descargar pasaje. Pero el camionero va preocupa
do por dejar atrás a su compañero de ruta. Ahora el transpote se transforma en un mar de emociones hasta finalizar la jornada a media noche.  
Esto es sólo el comienzo de cada rutina por la mañana en el camión. La odisea de abordar al 249 es amada por unos y odiada otros. La personalidad resalta  con sólo ver por fuera la unidad de color  violeta, conocer -sin hablar con ellos- a los choferes y demás usuarios, y sobre todo  la travesia por calles angostas y amplias avenidas que tiene que cruzar por la ciudad, para trasladar a miles de usuarios de lunes a domingo.

Pasaje cotidiano

La ruta 249 forma parte de la empresa Transporte Vanguardista de Jalisco A.C, de la cual dependen tres rutas más: 258D, 156 y 153A. Hace dos años y cuatro meses esta compañía se separó de la Alianza de Camioneros de Jalisco, y empezó su andar por las calles de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Se llegó a creer que las unidades que conforman este grupo de transporte eran de uso exclusivo para las mujeres, pues el color que les otorgó la Secretaría de Vialidad y Transporte fue el violeta.

“Las rutas debían tener un color diferente al separarse de la Alianza de Camioneros, contar con  una identidad propia para la nueva empresa”, explica José Ortiz, encargado de operaciones de la empresa.

Además de la singular pintura que viste a cada camión, estas rutas se caracterizan por la personalidad de sus trabajadores, los conductores, de quienes depende la comodidad en la que viaja el usuario.

Aunque no lo parezca, abordar cualquiera de las rutas de esta empresa es una experiencia asegurada, las historias se entrelazan al subir y bajar de cada persona. Hay choferes que prácticamente llegan a quejarse de todo.

“Que si les pagas con un billete grande no tienen cambio, que si les das transvale te lo arrebatan, que si necesitas bajar en cierto lugar se detienen en donde ellos quieren o te van gritando que te recorras cuando ya no hay para donde hacerse”, comenta Roberto Mendoza, usuario constante de la ruta.

Por otra parte, “hay conductores más alivianados que saludan al subir, te dicen que pises con cuidado o hasta te platican su vida cuando vas cerca de ellos”, asegura Miguel Gutiérrez, joven de 17 años que tiene pocos meses de utilizar el camión.

Si uno analiza a fondo cada detalle, se encontrará con sorpresas que no se tienen tan presentes, como los choferes que manejan en calcetines para no dañar los pedales. El peluche que adorna el retrovisor y uno que otro espejo, las calcomanías que dejan claro que son “los chiquiados de papi”. La música de banda que algunos escuchan para amenizar los momentos de estrés o los gritos y saludos que realizan de camión a camión, cuando se topan con otro compañero.

“Hay cada usuario”

Lo cierto es que la calidad del servicio también depende de quien hace uso de éste. Los usuarios que suben modifican en cierta parte el estado de ánimo de los conductores, porque hay personas empeñadas en hacer “insoportable” el traslado.

“Piden parada donde no está permitida. Ya saben donde se van a bajar y tocan el timbre en plena cuadra cuando está todo el tráfical”, comentaba un chofer.

Sin lugar a dudas, los puntos de mayor conflicto para realizar un viaje sin contratiempos son los cruces de la Calzada Inpedendencia, el Centro Histórico de Guadalajara, la avenida Enrique Díaz de León, la Glorieta Minerva y López Mateos, vías que en punto de las 15:00 horas colapsan totalmente para que el 249 llegue a su destino.

Independencia al volante

Transporte Vanguardista de Jalisco está a la espera de que la Secretaría de Vialidad autorice una nueva ruta, la cual partiría desde Matatlán, atravesando el centro de la ciudad hasta llegar a la unidad habitacional Urbi.
“Las rutas se planean dependiendo de la necesidad del servicio, tenemos que diseñarla de manera que no invada el piso de otras rutas para evitar conflictos”, explica José Ortiz.

Ya hace dos años que esta empresa propone un nuevo estilo de trabajo que logre recuperar la confianza y preferencia de los usuarios. Desde las 4:30 horas, 94 camiones salen de las terminales para dar servicio, en total son 54 permisionarios que manejan el control de trabajo de cada unidad.

“Tenemos un tiempo de recorrido estimado y un grupo de vigilancia que hace inspección en cada ruta (...) estamos al pendiente de que se maneje con precaución, dentro de los parámetros de velocidad impuestos por la secretaría de vialidad para no tener problemas”.

Según José, esta empresa es de las pocas que menos accidentes tienen registrados, “afortunadamente ninguna persona ha fallecido, durante los dos años de trabajo en donde movemos un promedio de 800 personas por unidad cada 24 horas”.


Rutas de Oriente a Poniente

 249: parte de la colonia Bethel, sigue por el Centro Histórico, Enrique Díaz de León, La Paz, Glorieta Minerva, López Mateos, Niños Hérores, Guadalupe, Cordilleras, Moctezuma y Periférico poniente en el Colli.

 258D: sale de Huentitán el Alto, atraviesa el Centro, Plaza del Sol, López Mateos,  Galileo Galilei, Briseño, preparatoria 9 hasta Miramar.

153A: sale del Rancho la Cruz, a un costado del Cerro de la Reina en Tonalá, cruza por la colonia Jalisco, Oblatos, Talpita y Centro Histórico.

156: inicia en Santa Cecilia, entra a Talpita y llega el centro.

PARA SABER


El servicio de Transporte Vanguardista de Jalisco inicia a las 4:30 horas y culmina su última ronda hasta las 23:30 horas por el Centro tapatío.

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