Suplementos

Autlán por siempre

La comida, su clima y el trato de la gente es una de las principales características de la ciudad

GUADALAJARA, JALISCO (26/JUL/2015).- Hay algo de lo que a estas alturas de mi vida estoy plenamente convencido: Creo que hay algunas ciudades con las que a lo largo de la vida comenzamos a desarrollar una especie de lazo invisible. Una conexión que nace a partir si se quiere de la casualidad, pero que con el paso de los años se convierte en algo trascendente. Y ojo, que muchas veces no se trata del lugar donde nacemos o del que alguna vez soñamos con visitar.

Para quien escribe estas palabras, esa ciudad es Autlán. La primera vez que la visité fue por motivos de trabajo, una década atrás. Iba a cubrir la apertura de un centro de salud patrocinado por el hijo pródigo de esta bendita localidad: Carlos Santana.

Del viaje recuerdo las curvas. Una tras otra. Una tras otra. ¡Pobres de aquellos que tengan el estómago flojo, porque van a sufrir para llegar a Autlán! Y al llegar allá, sentí por primera vez dos calores simultáneos. Uno, el palpable físicamente, es el propio de la ciudad. Un calor húmero y pegajoso del que era imposible escapar incluso bajo las sombras de alguno de los frondosos árboles que tiene la ciudad.

Pero está este otro calor. El calor humano. El de las sonrisas gratuitas que me encontré allí. Todos esos “buenas tardes” que recibí con el acento de la costa jalisciense, enmarcados en rostros llenos de franqueza y buenas maneras. Una camaradería que hicieron sentir a este tapatío, como en casa.

Y me fui. Y volví. Y cada vuelta fue un descubrir algo nuevo. Autlán podrá no ser el primer destino al que muchos saldrían de vacaciones o de descanso, pero por un tiempo, este fue “mío”, y el mundo entero lo resumía en sus calles, su gente, su comida y su calor. Para mí fue mucho más que “Carlos Santana” o su popular carnaval.

No puedo imaginar un mejor lugar para disfrutar un concierto (de banda, de rock, de jazz), que los que disfruté en el Festival Nocheztli Autlán en 2013. Puedo señalar con el dedo mil y un lugares donde se vende pozole rojo, pero siempre terminaré apuntando que disfruté aquí. No puedo olvidar el bullicio de su mercado, donde la crema y el requesón más fresco está listo para viajar de la vitrina a alguna afortunada casa y se venden los mejores tacos del Sur de Jalisco.

Desde mi primer visita hasta hoy, mucho ha cambiado en Autlán. Una década es mucho tiempo. La pequeña ciudad que conocí hoy está creciendo a pasos acelerados, y solamente me queda desearle a su gente suerte en esa evolución, que sea en armonía, que sea para bien, y que ser posible, en ese proceso conserven esos tesoros, esa comida y sobre todo ese caluroso trato para siempre. Yo a ustedes me los llevo en el corazón que al fin y al cabo, vamos a tener por siempre un lazo invisible que nos una por siempre.

Temas

Sigue navegando