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Arte sonoro

Hacía mucho tiempo ya que tenía la oportunidad de tener entre mis manos la revista inglesa Wire la cual es una edición especializada de música y que en el pueblito típico donde vivo (Puerto Vallarta), no se consigue

por: yair lópez

Hacía mucho tiempo ya que tenía la oportunidad de tener entre mis manos la revista inglesa Wire la cual es una edición especializada de música y que en el pueblito típico donde vivo (Puerto Vallarta), no se consigue. Supongo que en Guadalajara debe existir algún punto donde se pueda encontrar esta revista -el cual desconozco hasta el momento-, en la Ciudad de México se encuentra en varios lugares y fue ahí donde tuve contacto de nueva cuenta con ésta que estoy considerando muy seriamente comprar en línea. Siempre consigo ediciones anteriores. En la de abril viene una reseña dentro de la categoría Outer limits acerca de Puntopig (.pig) en la que, por cierto, sólo ponen como nombre “pig” y se comen el punto. ¿Qué es .pig?  Como lo dice lo dice su página de internet: “Es un dúo formado por Andrés Solís y Rogelio Sosa enfocado a la experimentación sonora en vivo”.
.Pig principalmente se dedica a la improvisación, utilizando sonidos acústicos, ordenadores y la voz como herramienta. Lo que conozco de .pig es por el trabajo que se encuentra documentado en formato mp3 y no he visto hasta el momento al dúo improvisar en vivo. Los registros que se encuentran en la página (www.caustica.net) nos dan una aproximación al trabajo, sin embargo no creo que sea una fuente confiable para conocer este proyecto.
Rogelio Sosa: El nombre ya lo había escuchado e incluso leído, uno de los músicos que sobresalen de nuestro país, tapatío, ahora radicado en el D.F. Rogelio Sosa dirige uno de los festivales más importantes de artes sonoras en la actualidad, el Festival Radar (www.radar.org.mx) el cual ha destapado las orejas a muchos jóvenes en la capital del país e incluso también algunos cuantos aventurados que deciden recorrer algunos kilómetros. Como parte de las actividades del Festival del Centro Histórico, conciertos, presentaciones y conferencias se llevan a cabo en este.
El primer cd que escuché de Rogelio Sosa se llama Repulsiones y mi pieza favorita es Feeding. Es una pieza muy bonita y poética. Siempre me asemeja como el nacimiento de algún ser a través de la narrativa del sonido, claro que un amigo en una ocasión me dijo que por qué escuchaba ese ruido tan horrible. No es cuestión de elitismo si no cuestión de tener disposición para escuchar cuando hablamos de estos temas. Muchas personas nunca le terminan tomando el sabor e incluso no lo entienden, esto no quiere decir que sean personas discapacitadas ni mucho menos, es cuestión de ejercitar el oído y tener algunas bases teóricas muy básicas. A manera personal me pasa muy a menudo que la mayoría de mi familia, amigos e incluso mi hermano, me dicen: “No le entiendo a esa música”. Si usted quiere incursionar en este ámbito, le aconsejo que pierda la pena y el miedo.  

Museo Experimental El Eco

Hace mucho tiempo había leído acerca de la reapertura de este museo en la Ciudad de México el cual fue fundado por Mathias Goeritz –artista alemán- y construido con la ayuda de Daniel Mont –corredor de arte-, el proyecto fue financiado por Gabriel Orendain. Una coreografía de Luis Buñuel fue la encargada de inaugurar este museo el día 7 de septiembre de 1953. En este espacio, el autor de Pocos cocodrilos locos –Mathias Goeritz- pretendía que el arte convergiera a través de la danza, la pintura, la escultura y otras manifestaciones. El gusto duró poco porque después de un año se convirtió en un centro nocturno. La UNAM fue encargada, a través de su Departamento de Arquitectura, de restaurar y poner en funcionamiento de nueva cuenta este espacio que fue inaugurado nuevamente el día 2 de junio del año 2005. El domicilio es Sulivan número 43.
Justo unas horas antes de llegar al Eco, me encontraba en un seminario de ruido impartido por Rogelio Sosa en el Laboratorio de Arte Alameda. En esos momentos, desde su perspectiva y conocimiento, Sosa desenmascaraba todos los mitos y tabúes acerca del “noise”, este “género” que por alguna razón ha “sonado” mucho.
Definido como un movimiento que desprende y se basa en el punk  y rock –nacido de lo popular- haciendo referencia a que no nace en un ámbito académico, si no de manera contraria una oposición contra la institución y nunca buscando la sutileza per se. Distorsión, saturación e improvisación son algunos de los elementos que se hacen presentes en este movimiento. Lo repetitivo de este movimiento acabó con su auge en los noventa, cables enredados en las manos, otros tocados por la boca o lengua haciendo interferencia, ruidos, feedbacks, aparatos modificados, pedales de guitarra, filtros, máquinas de cinta y en muy pocas veces un ordenador presente.

Laboratorio de Arte Alameda

La odisea en metro y el folklore de la ciudad más grande del mundo son inevitables cuando tenemos que movernos de un punto a otro. Así fue como después de dos estaciones recorridas en la línea azul y una extensa caminata guiada por algunos compañeros, llegué al interior del Eco, casi 8:30 de la noche, algo preocupado porque la hora para iniciar era las 8:00. A los cinco minutos de haber llegado al lugar empezó Rogelio Sosa con esta improvisación. La sala pequeña, sólo dos bocinas que a juzgar por su tamaño pensé que no tendrían una buena respuesta – me equivoqué- dos micrófonos, una mezcladora de audio, un controlador midi y una computadora con algo que desde el ángulo en que me encontraba parecía un “patch” de Max / Msp, confeccionado por el mismo Sosa. Un chasquido con la lengua empezó a reverberar en la sala, ejercicios de respiración empezaron a formar otra capa y luego otra, filtradas, y modificadas en tiempo real se iban creando estructuras que parecía increíble provinieran de la voz per se. Como una persona poseída, Rogelio intercalaba los micrófonos y cada uno estaba filtrado y actuaba de diferentes maneras; en algunos momentos adoptaba el rol de un vocalista de metal, la curva bajó en varias ocasiones quedando sólo un pedal muy atmosférico; como risas de un bebé se escuchaban en la textura del sonido, residuos de síntesis granular y movimientos en el espacio eran parte del menú que Sosa ofreció en la improvisación.
Aunque ya había leído y escuchado algunos trabajos de Rogelio en cuanto al procesamiento de voz, nunca imaginé esto en vivo, tan escénico y donde todo va tomando forma poco a poco, los últimos sonidos fueron más suaves y como el de un vocalista pop –esta definición la aportó después del concierto Israel Martínez- luego de algunos 30 minutos, Sosa terminó e hizo señas para darnos a entender a los asistentes que no podía hablar y que lo esperáramos unos minutos.

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