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Arte, poder e historia en el Palacio Nacional

La sede histórica del poder ejecutivo es también el hogar de obras de arte y belleza arquitectónica

GUADALAJARA, JALISCO (30/AGO/2015).- A veces los ojos pueden engañar ¿no lo crees? Basta con caminar un poco por el corazón del Distrito Federal y observar el edificio que está a un costado del Zócalo. A simple vista, es una construcción monumental, como muchas otras en la misma zona. Una mole edificada entre otros tantos edificios de gran tamaño. Construido de piedra, cantera, cemento, metal y pintura. Pero al mirarlo bien, hay algo en su exterior e interior que destila historia. De esa con la que se llenan libros. Heroísmo y tragedia. Gloria y pena. Pasado y futuro. El edificio en cuestión es el Palacio Nacional, en pleno corazón de la Ciudad de México.

Para entender a nuestro país es necesario detenerse a observar el Palacio Nacional. Construido poco después de la caída de Tenochtitlán como una de las magnas residencias de Hernán Cortés en la capital de la entonces Nueva España, pronto se convirtió también en el centro del poder político del naciente virreinato. Por eso no es extraño que a la muerte del conquistador el destino se haya convertido en la morada de los Virreyes.

Quien viera el aspecto del Palacio Nacional en los primeros años de la Nueva España, bien podría pensar que llamarlo “palacio” era piropo, pues su aspecto era más el de una fortaleza militar y menos el de la sede del poder político. La razón es que en aquella época las revueltas y ataques de los nativos estaban a la orden en distintos territorios, por lo que los españoles decidieron que valía más la pena tener un recinto fortificado desde el cual defenderse ante un hipotético asedio, que un “palacio” bonito.

Nace un país

Cuando México alcanzó su independencia, no hubo duda de cuál sería la casa del Poder Ejecutivo. El “Palacio Imperial” fue testigo del paso del Ejército Trigarante, aunque Agustín de Iturbide, ya convertido en emperador, jamás vivió allí, y prefirió seguir habitando el palacio de los Condes de San Mateo Valparaíso (que ahora se llama Palacio de Iturbide).

Si bien no fue habitado por el primer “Emperador de México”, Palacio Nacional si se volvió la sede de los poderes de la República en 1824. Al mismo tiempo, el edificio comenzó a expandirse sobre los huertos y plazas que lo rodeaban, lo que implicó que en el proceso parte del arte colonial se perdiera.

En 1863 el Palacio Nacional volvió a su apellido anterior de “Imperial” cuando las tropas francesas pusieron a Maximiliano en el poder. Curiosamente es en esta etapa que muchas obras de arte llegan al recinto, que también es remozado. Los toques europeos serían conservados por Benito Juárez tras el triunfo de la República en 1867, pues consideraba (como casi todo mundo) que el edificio era extremadamente sobrio para la dignidad que resguardaba.

Ya con Porfirio Díaz, el palacio recibe una profunda reforma en su estructura. Se abren nuevas zonas y se instala el primer elevador de la Ciudad de México en su interior, de uso exclusivo (hasta hoy) del Presidente de la República. Sería Díaz el último presidente que realmente vivió en Palacio. Fue en esta época (1896) que se llevó al Distrito Federal la campana de Dolores, usada por Miguel Hidalgo para dar el grito de Independencia y que desde entonces se usa para celebrar las fiestas patrias.

El último gran cambio visual externo e interno fue en 1929, cuando Plutarco Elías Calles construye el tercer nivel y decide quitarle el color blanco de las piedras de la fachada por el rojizo del tezontle, que permanece hasta el día de hoy.

El interior

Pasear por Palacio Nacional es darse una vuelta por distintos momentos históricos de México. La majestuosa Fuente de Pegaso en su interior es un homenaje a la República, coronada por un águila, mientras que sus enormes salones (como el de la Tesorería) siguen siendo lugar de reuniones de alto nivel.

Es cierto que desde que el presidente no vive aquí, el Palacio perdió parte de su importancia política, pero también ganó en solemnidad. Ejemplo de lo anterior es el excelente estado de conservación de los murales que hay en su interior, donde destacan los cinco pintados por Diego Rivera entre 1929 y 1951. Sus obras maravillan todavía a los visitantes que se aventuran en el interior del recinto, y para las celebraciones del Bicentenario de la Independencia fueron sometidas a un profundo trabajo de restauración.

TOMA NOTA

¿Cómo llegar?

Visitar Palacio Nacional es una experiencia para no olvidar, y además, gratuita: la entrada no cuesta, y solamente debes respetar el horario de visita, que es de todos los días de 09:00 a 17:00 horas. Para mayores informes se disponen de los teléfonos 3688-1602.

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