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Arroyo Las Marías

Un encuentro de bellos paisajes y caudales por la Sierra Perote de Cuautitlán, Jalisco

GUADALAJARA, JALISCO (26/MAY/2013).- En la Sierra Perote de Cuautitlán, Jalisco, por la ladera Sur del cerro San Miguel, nace el fantástico arroyo La Ventana, que se desliza alegremente al costado Este del cerro Alto San Miguel, para pasar cerca, muy cerca del poblado que lleva el nombre del arcángel. Pasando el rancho Las Parejitas, el arroyo serrano toma el nombre de Las Marías, por la ranchería que anima arroyo abajo, llamada como tal. Más abajo aumenta su caudal el arroyo Las Palmas, después embellece el paraje de Rancho Viejo y luego de varios serpenteos desemboca en el Río Cuzalapa.

Después de haber gozado de un pintoresco remanso del Río Cuzalapa, continuamos nuestro andar río arriba, desde un claro alto del camino, lo miramos correr majestuoso sobre un plan, acompañado por añejos sauces. A corta distancia se dejó ver otro estanque, donde se reflejaban unos árboles y el cerro vecino. El arroyo La Paloma nos dio la bienvenida al histórico pueblo de Cuzalapa, sombreado por fresnos y sauces, en el frescor de aquel espacio cantaba un gallo, varias gallinas criollas o de rancho lo acompañaban. Entramos al precolombino poblado, que se encuentra al pie de la bella Sierra de Manantlán, delimitado por tres bizarros arroyos: La Pitahaya, La Sidra y La Paloma. Caminamos pausadamente por la plaza y nos sentamos a un costado del kiosco, en una de las jardineras que lo rodean, todas con palmeras y arbustos floridos. Al Oriente se dejaba ver una loma, cubierta por diversos árboles y con una vereda, que zigzagueaba y se adentraba a la sierra. En uno de los portales, unos parroquianos sacaban ricas carnitas de un cazo de cobre, saboreamos unas piezas con unas “gordas”, salsa, y un refresco helado.

Luego de almorzar regresamos al crucero de Las Marías, los cauces de los ríos fueron magníficos senderos para los nativos, tal caso fue el de los ríos: Cuzalapa y Marabasco, pescados frescos de la costa llegaban a Cuzalapa. Víctor Santiago Araiza nos platica: “Cihuatlán era poblado precolombino, y dependía del cacicazgo de Cuzalapa, de la provincia de Amúla. Cihuatlán lugar de mujeres. La prueba más contundente de la existencia de esa raza en la región de Cihuatlán se basa en los jeroglíficos que se encontraron en esa región; la Piedra Pintada, y la gran cantidad de montículos y tumbas, de donde se han extraído valiosas piezas de barro. Las frutas que predominaban eran los zapotes blancos y negros, chicozapote, mamey, ilama zapote, anóma, chirimoya, guamúchiles, pitahayas, guámaras y xocohuíxtles silvestres. Se rendía culto a la diosa Cihualcóatl, que significa la mujer serpiente. Hubo una princesa de nombre Cazcatla, que significa princesa de Cihuatlán, fue madre de Xolozcuintle, que significa perro pelado; y fue  primer señor de Colima. La forma de gobierno era matriarcal”.

Al llegar a la bifurcación, seguimos emocionados la brecha a Las Marías, que a corto trecho nos mostró el Río Cuzalapa y a pocos metros, río abajo, desembocaba con delicadeza el atractivo arroyo Las Marías, encuentro magnífico de aguas, en las ramas de unos árboles aledaños, cantaban unos chuparmitos dorados y unos mulatos. El camino fue bordeando el arroyo conforme el terreno lo permitió, pero sin alejarse mucho, el verdor que brindaba, lo delataba fácilmente. Pasamos por las añejas tapias de Rancho Viejo y después cruzamos el bonito arroyo Las Palmas, que realzaba la hermosura del paisaje. Unas palmas y unas parotas nos anunciaron nuestra proximidad a la ranchería Las Marías, donde el arroyo alegra y refresca a sus moradores, alimentando unas bellas fosas transparentes, delimitadas por piedras y diversas plantas, el agua diáfana y fría se movía con disimulo y con encanto. Un puente nos invitó a admirar el  arroyo, tanto en su lado Noreste como Suroeste, en el primero, el arroyo serpenteaba del Oeste para ser sombreado por una higuera casi al iniciar una encantadora fosa, en el segundo, el agua besaba una playa blanca con palmeras y ceibas.

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