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Arquitectura y urbanismo

El universo, una gran ciudad

Desde la idea del famoso acupunturista urbano y artífice del cambio de Curitiba, Brasil, Jaime Lerner, que señala la visión pesimista de las ciudades, se concluyó en la edición pasada que “la mayoría piensa que las (ciudades) de más de cinco millones de habitantes  que no tienen recursos, no tienen solución”.
Pero otro principio básico es que  las ciudades como Guadalajara no están condenadas, tienen grandes posibilidades de encontrar y operar soluciones desde su mismo caos, desde sus mismas condiciones que a veces parecen tan complicadas, desde esa misma esencia que las configura.

Por tanto, existe también consenso sobre algunos de los que deberían ser los principios imperantes en la transformación urbana de ciudades como la nuestra; la densificación antes que la dispersión, a Guadalajara le urge densificar y con esto paliar la huella ecológica y el crecimiento absurdo de la zona metropolitana, el crear más espacios públicos, las prioridades en formas alternas de movilidad, intensificar y mejorar el arbolado, amabilizar la ciudad para el peatón, promover la vida y el disfrute de la ciudad. Pero es fundamental plantear de forma más concreta algunas lógicas de solución imperantes como las esbozadas a continuación:

• Modificar legislaciones, normativas y facilitar trámites y condiciones.

• Restringir el Coeficiente de Ocupación del Suelo y flexibilizar el Coeficiente de Uso del Suelo.

• Mixtificar usos del suelo de manera tridimensional, promover la complejidad urbana.

• Cambiar permisos por obras.

• Promover desarrollos inmobiliarios en centros urbanos que en lugar de pagar cuotas generen equipamientos, mejoramiento de la imagen urbana y áreas verdes.

La misma idea de la planeación y las restricciones caen en otra contradicción: no es más importante la altura de los edificios que, finalmente son poco percibidas por el transeúnte a pie, que la falta de áreas abiertas y verdes, que la falta de aire a nivel calle. Nos hemos engarzado en pleitos denodados sobre los máximos niveles permitidos, pero eso no hace o deja de hacer ciudad, es de nuevo el espacio urbano que se pueda ganar, el mejoramiento de equipamientos, de la imagen, del arbolado que se debía exigir cada que se autoriza un desarrollo lo que sí puede contribuir a mejorar la vida urbana, recuperar la idea de Louis Kahn de que “la calle es una estancia comunitaria”. Es por eso que se propone ser más flexibles en alturas, pero más estrictos en la ocupación del suelo, que la ciudad gane cada vez que se realice una obra de carácter urbano y en ese mismo sentido liberar zonas de la mayoría de las restricciones en los usos del suelo, abrirlos. Como lo reconoce Jane Jacobs propiciar “calles llenas de actividades y lugares públicos” y, que estas actividades “en cada barrio sean tan numerosas y variados como sea posible”, que no se estigmaticen en zonas habitacionales los usos mixtos que mixtifican la vida y el quehacer en el espacio urbano.

Y aunque citar a Gibran Jalil Gibran es casi tan peligroso como citar a Corín Tellado o Paulo Coelho, esta cita resulta por demás adecuada para cerrar el presente texto:

“Tal es la llamada Ciudad del Pasado aparentemente muy lejos, pero en realidad, muy cerca- visible apenas a través de los crespones tenebrosos de las nubes.

Entonces la Vida me hizo una señal, mientras me decía:

-Sígueme. Nos hemos detenido demasiado aquí.

Y yo contesté:

-¿A dónde vamos, Vida?

Y la vida me dijo:

- Vamos a la ciudad del futuro.

Y yo repuse:

- Ten piedad de mi, Vida. Estoy cansado, tengo los pies doloridos y la fuerza me abandona.

Pero la Vida insistió:

- Adelante, amigo mío. Detenerse es cobardía. Quedarse para siempre contemplando la Ciudad del Pasado es locura. Mira, la ciudad del Futuro está ya a la vista. Invitándonos”.

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