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Arquitectura: Shanghai construye el futuro

Las muestras de su modernidad se ven por todos lados y cuando no es suficiente la forma para llamar la atención, se usan otros artificios como la luz azul que contorna un hotel en el distrito Chang Ning, una zona central, de mucho movimiento a todas horas.

Texto y fotos: Sergio Oliveira

Cada día, el horizonte de la más poblada ciudad china cambia un poco. Y sus nuevos e incontables rascacielos compiten entre sí por la atención de los ojos del mundo.

Al habitante de Shanghai le encanta la idea de que su ciudad sea la París oriental. Pero a pesar de haber contratado a arquitectos con curriculum en la capital francesa, como el pequinés Ieoh Ming Pei, o simplemente I.M. Pei, quien es el responsable por la pirámide del Louvre, la pujante urbe asiática se parece cada día más a Manhattan. Por un lado, está el río Huangpoo emulando el Hudson. Por otro, su cada vez más densa lista de edificios en la antes abandonada zona de Pudong, que poco a poco se transforma en el centro financiero de Shanghai, es hoy su tarjeta postal, con la majestuosa torre Perla Oriental como símbolo máximo.

Los chinos dicen que la ciudad de Xi’an, con tres mil años de historia, representa el pasado de China. Beijing, con dos mil años que contar, es su presente. Cabe en Shanghai, con sus mil años de existencia, el papel de futuro. La ciudad parece haber despertado súbitamente de un sueño profundo. Luego de años de un cierto letargo en todo el país, fue Shanghai la ciudad que más rápidamente se adaptó a las reformas económicas chinas de los últimos 20 años. El dinero aquí es el rey y con él se puede tanto o más que en cualquier otra ciudad del planeta. Y hay mucho dinero en Shanghai, consecuencia de los cerca de 200 millones de pobladores que viven en zonas cercanas y que usan la privilegiada ubicación de esta ciudad, a menos de 40 kilómetros del Pacífico, como puerto de salida de los bienes que producen para todo el mundo. Así, Shanghai se llena de hombres de negocio, que llegan a hospedarse en hoteles como el Grand Hyatt Shanghai, ubicado en la torre Jin Mao. El Hyatt, con sus 88 pisos de altura, reclama el puesto de hotel más alto del mundo. Otros, prefieren la opulencia del Ritz-Carlton, diseñado por el arquitecto estadounidense John Portman, donde se hospedan presidentes yreyes de todo el mundo. La firma de Portman está estampada en otro polémico edificio, el Bund Center, que tiene en su tope una inmensa corona dorada. El buen gusto no siempre está presente en la arquitectura vertical de Shanghai, pero la espectacularidad sí es una constante.

Parte de la vida de Shanghai en estos días es el aire pesado que se respira en ella, consecuencia de las construcciones sin fin. Enormes grúas cruzan el cielo de la ciudad como pájaros de hierro construyendo nidos de acero y cristal. Para el visitante, es imposible no andar con los ojos hacia arriba, con la retina mandando mensajes cada vez más extraños al cerebro. El habitante del lugar ya parece inmune, pero es posible ver una mirada de tristeza en ellos, cada vez que un edificio antiguo se abate para que se edifique el futuro de China.

Junto con Dubai, en los Emiratos Árabes, Shanghai es la Meca de los arquitectos de prestigio. Hay dinero, espacio y ganas de hacer cosas distintas. La ciudad es atrevida, como debe de ser quien quiere no sólo ser parte del futuro, sino tener un papel de protagonista en él. Las idea locas parecen tener más aceptación que las tradicionales. Eso lo saben las principales firmas arquitectónicas del mundo, todas con un despacho en la ciudad, que al igual que Beijing con los Juegos Olímpicos de 2008, encuentra en la Expo Mundial de 2010, un fuerte motivo para renovarse aún más y aún más rápido.

Las muestras de su modernidad se ven por todos lados y cuando no es suficiente la forma para llamar la atención, se usan otros artificios como la luz azul que contorna un hotel en el distrito Chang Ning, una zona central, de mucho movimiento a todas horas. El objetivo, finalmente, debe ser logrado. Shanghai es una niña coqueta, que quiere que el mundo la voltee a ver. En 2020, se estiman que sus hoy 17 millones de habitantes, se transformen en 25 millones. Para entonces, esa niña quiere ser una mujer elegante, vanguardista, deseada por todos. Shanghai quiere ser la mujer más bonita del planeta. Y los multifacéticos edificios, son monumentos hechos en su homenaje.

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