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Hablar del Medio Oriente en el mundo es sinónimo de conflictos, de añejas diferencias que alrededor de la religión y el territorio, significan una permanente condición de guerra

por: alfredo hidalgo Rasmussen

Hablar del Medio Oriente en el mundo es sinónimo de conflictos, de añejas diferencias que alrededor de la religión y el territorio, significan una permanente condición de guerra. Una situación que parece difícil de comprender desde la mirada occidental, con historias distintas, con creencias diferentes.
Hablar del Oriente tapatío, es como hacerlo de un tema que se prefiere evitar, es intentar enterrar en la memoria una estado permanente de abandono, de desinterés, de falta de atención; al margen de que hablemos de los mismos ciudadanos, historias y creencias. Desestimar una parte tan importante de la ciudad ha sido ya un modus vivendi para quienes han dado por hecho que sólo es la vivienda popular, y muy popular, la que tiene cabida en la zona.
Si hablamos en términos del territorio, de la geografía de nuestra zona metropolitana, el “Medio Oriente” está perfectamente definido en la frontera entre Guadalajara y Tonalá, a escasos metros del límite con Tlaquepaque. Una gran superficie verde de 112 hectáreas conocida como Parque de la Solidaridad es como la “explanada de las mezquitas” y el  “muro de las lamentaciones” en Jerusalén, allá, es una zona donde coinciden los santuarios de tres grandes religiones, el mapa de las diferencias de una historia no superada, una de las zonas sagradas más disputadas del mundo. Aquí, es una zona que nadie se disputa. Es tierra de nadie. En torno al parque existe la mayor marginación de la ciudad. Es la confluencia de muchas incongruencias; alrededor de él los niños juegan en calles sin pavimentar, dentro de él, sólo juegan los que tienen tres pesos para entrar. En su interior, entre verdes jardines y miles de árboles, hay al norte una presa que nunca pudo funcionar por la contaminación que arrastra la cuenca de Osorio. Al sur, aproximadamente 20 hectáreas son ocupadas por el IJAS con un espectacular depósito de vehículos -que seguro tendrá más de algún récord mundial, como el mayor estacionamiento de autos inservibles dentro de un parque-.
El encuentro con esta zona comienza en la histórica cicatriz representada por la Calzada Independencia, pero es a un par de kilómetros, hacia el Oriente, donde realmente empieza a notarse la monotonía de la indiferencia, cuadras y cuadras con la única vocación de “albergar ciudadanos”, poca infraestructura y equipamiento que difícilmente denotan una intención de desarrollo.
Durante años fueron zonas que representaban votos electorales, pero nunca consideraron necesario invertir en ciudad, sino en “promocionales y despensas” de pre-campaña. El resultado: más de dos mil hectáreas y 300 mil habitantes tienen, apenas, un par de bibliotecas y un centro cultural, unidades deportivas y parques en pésimo estado, altos índices de violencia y un sistema de transporte deplorable (salvo la línea 2 del Tren Ligero que llega a la zona de Tetlán).
La oportunidad que la ciudad tiene de cara a los Juegos Panamericanos, no pasa por la zona Oriente, no hay un plan maestro que nos permita entender cuál es la visión que se tiene de intervención en la ciudad y los “grandes proyectos” que se harán en la zona, no incluyen mejorar sus alrededores. El Parque de la Solidaridad tiene un estadio que no se usará para el 2011, ni por que ya existe una infraestructura, ni bajo el pretexto de su renovación, simplemente no está en los planes de quienes han armado los escenarios Panamericanos.
Los proyectos en el antiguo club Atlas Paradero que podrían significar un gran detonante de espacio público en la zona, son trabajados desde adentro y sólo pensando en resolver, dicen, cuestiones técnicas con pocos recursos; sin embargo, las soluciones técnicas son el mínimo requerido para hacer un proyecto y de todas maneras hablamos de edificios millonarios hechos con dinero público.
Son tantos los recursos y tantas las oportunidades que se desaprovechan, que la necesidad de planes visionarios resultan una demanda natural. Cuando la ciudadanía toma las calles en bicicleta y recorre, a pie, de borde a borde la ciudad, para promover la movilidad no motorizada, manifiesta su legítima intención de buscar una mejor ciudad.
La presencia en Guadalajara en el marco del Foro COM:PLOT (http://citacomplot.blogspot.com/) de personalidades como Mitchel Joachim, quien ha desarrollado planes a futuro para Nueva York y estrategias urbanas de sustentabilidad y eficiencia; así como de Aurélien Masurel, de París, quien trabaja en proyectos de barrios industriales en Francia, está próxima. Ellos son parte de los invitados con los que retroalimentamos el interés y aportamos ideas, para la construcción de ciudad.
Nuestro “Medio Oriente”, a diferencia del que cito al principio, sí tiene posibilidades de reconciliación: ellos no están en guerra. A la ciudad “del otro lado” se le ha aplicado “la ley del hielo” ignorándola, al no incluirla en los planes de desarrollo, hoy pareciera que se pueden dar nuevas señales, algunos parques y plazas representan esa voluntad, sin embargo “una golondrina no hace la primavera.


Destacado: Nuestro “Medio Oriente” sí tiene posibilidades de reconciliación: sus habitantes no están en guerra. Y es que, a la ciudad “del otro lado” se le ha aplicado “la ley del hielo” ignorándola, al no incluirla en los planes de desarrollo, pero hoy pareciera que se pueden dar nuevas señales

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