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Armonía entre tradición y modernidad

El organista Adrián Rojero, quien participó en el Festival de Órgano Manuel Aréchiga, propone calidad calidad para acercar al público a la música de distintas épocas

GUADALAJARA, JALISCO (12/NOV/2011).- En el concierto inaugural de la duodécima edición del Festival de Órgano Manuel de Jesús Aréchiga celebrado el pasado 3 de noviembre en la Catedral Metropolitana, el organista Felipe Adrián Rojero (Querétaro, 1976) presentó un programa en el que recorrió diferentes épocas de la música escrita para este instrumento y estuvo acompañado en algunas obras por el sobresaliente oboísta cubano Jorge Rivero. Su interpretación destacó por su seguridad, emotividad y cuidado de la sonoridad.

Adrián Rojero es egresado de la Escuela de Música Sacra y de la Musikhochschule de Regensburg, Alemania, donde se tituló en música sacra y como concertista de órgano y maestro de piano. Se ha presentado en Alemania, Francia, Austria, Estados Unidos y México, y ha ampliado también sus estudios hacia el rock y el jazz. Radica actualmente en Guadalajara, donde imparte clases en el Departamento de Música de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y en la Escuela de Música Sacra.

- El amplio repertorio y las enormes posibilidades del órgano ofrecen muchas opciones para abordar su práctica. En tu caso, ¿qué tipo de organista quieres ser?

- Entre los estilos de la literatura organística hay una gran variedad para elegir, desde el periodo medieval hasta el moderno, pasando por el romanticismo, donde se ve al órgano como un instrumento de posibilidades orquestales y no sólo polifónicas y en donde con sus timbres se crean efectos que también transmiten sensaciones. Me atraen todos los estilos: me gusta hacer música barroca, la música romántica sinfónica me enloquece y la música moderna me encanta y se me da bien, aunque soy reservado y trato de presentarla al público sin forzarlo, dosificándola.

-Al respecto, ¿qué aspectos evalúas en las obras de reciente creación?

-Siempre hay controversia porque pueden entrar los gustos individuales, pero para mí la música tiene que llevar un mensaje: un tema definido, un efecto, un ruido o algo que sea penetrante y que te quede en la cabeza. Siempre elijo obras que a mí como creador me provoquen y me dejen algo, porque a los escuchas les podrá pasar igual. Por otro lado, para que esas composiciones llenas de armonías, que pueden ser duras o de efectos en los que por ejemplo se combina ruido con música, trasciendan en un programa, se tiene que diseñar un concepto, saber por qué estás presentando la obra, de dónde vienes y a dónde quieres llegar con ella.

-Qué admiras en un organista?

-Me motiva el virtuosismo, nunca pasará de moda, pero lo más importante es el dominio del instrumento y en el órgano es más difícil hacerlo notar, porque su sonoridad puede impactar incluso tocando algo sencillo, pero su dominio es algo que le va a llegar a la gente; es un manejo del órgano que puede llegar a manejar también a las almas que están ahí debajo escuchándolo. Otros organistas que  admiro son los grandes improvisadores, he escuchado a genios que me han impresionado con la conjugación de virtuosismo, creación e interpretación hechos al momento.

-¿Qué aprecias más de tu estancia en Alemania?

- Me di cuenta que puedes ser bueno también estudiando aquí en México, aunque en el caso del órgano influye la falta de instrumentos en las escuelas y no hay tampoco un ambiente organístico ni la actividad que hay allá en cuanto a conciertos; pero el nivel finalmente lo haces tú. En Regensburg viví como interno en la escuela, había allí 16 órganos y tuve la oportunidad de estar en el instrumento todo el tiempo, eso fue muy bueno.

-¿Cuál es tu opinión sobre el estado actual de la música sacra?

-Desafortunadamente, no hay una relación entre el músico sacro y el mismo clero; existe la Escuela de Música Sacra pero sólo se dedica a la formación, no hay un vínculo hacía la práctica. También está sucediendo que los músicos usan un repertorio no actualizado y que en otros países ahora se están abriendo a integrar géneros populares que creo que es válido mientras se haga con calidad, porque esa falta de calidad es la que ha hecho que se le rechace. De momento hay poca proyección para el músico sacro y se tiene que buscar sobre todo acercarse a las necesidades de la gente, hay que modernizarse.

-¿Cuáles son tus planes inmediatos?

- Continuar dando clases en las dos instituciones en las que lo hago porque me gusta. Quisiera contribuir más directamente con el Estado en alguna dependencia en la que pueda aportar mis experiencias y lograr llevarle a la gente proyectos que le genere una apertura de su visión, de su ambiente, lograr que evolucione en su manera de ver la música. En cuanto al órgano, sería bueno tener un lugar donde aplicar lo que he aprendido, hay pocos instrumentos y espero se me brinde la oportunidad, pero lo más importante es no parar la actividad concertística, que no está bien explotada en esta ciudad y hay que reforzarla.

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